16-02-2026, 09:02 PM
¿Cómo un simple gruñido se le podía hacer tan adorable? Elevó su mano, tomando un mechón de su cabello con cuidado, cariño. No tiró de él, solo lo tomó, de forma que el largo cabello rubio se encontraba entre la palma y sus dedos, deslizándose lentamente por lo liso que era hasta descenter sobre la cama de nuevo durante el movimiento y los quejidos del hombre. Que buscara el calor en la almohada le resultó entrañable, aunque irónicamente él hubiera hecho lo mismo y no lo recordara. Sintió el manotazo, algo que le resultó realmente inesperado. Cierto era que era la primera vez que lo despertaba, pero no esperaba en absoluto ese tipo de reacción. Fue cuando lo descubrió, en el momento que su mano tomaba su mejilla. No le dolía, solo era el shock del momento; ese hombre amaba dormir, y no había forma de despertarlo sencillamente. Descendió su mano, con cuidado, paseándola sobre su cabello para darle una mayor conformidad y cariño.
“Te amo, Jin.”
Sintió extrañamente el corazón aplastarse en su pecho, la misma sensación que cuando lo besó impulsivamente al saber lo que había dicho, que nada de aquello había sido un sueño. Descendió su cuerpo, besando la cabeza del contrario una vez más. —Tenemos cosas que hacer. Luego podremos dormir unas horas más, cariño. — Ah, se sentía tan extraño llamarlo así. ¿Quizás debía seguir llamándolo por su nombre? Se le hacía nuevo, desconocido, como algo ajeno. No podía poner en palabras la sensación exacta. Relajó sus hombros al verlo levantarse. Se veía cansado y se sintió culpable. ¿Quizás debió esperar antes de poseerlo? No podía evitarlo, era una situación demasiado... diferente. —No te preocupes por la ropa, si hace falta pasarse por alguna tienda, nos pasaremos. También tengo algunos kimonos que traje que quizás sean de tu tamaño. Dudo que a Raigo le moleste.
Se levantó de la cama, dejándolo, ahora sí, atrás. No había tenido el capricho de poder limpiarse. El agua de la ducha caía sobre su cuerpo, el alivio llegó como una ráfaga. Lo único que lo separaba del resto del cuarto de baño era una pequeña cristalera difusa, que no dejaba ver más que la figura difuminada del que se encontraba en el interior. En el momento que entró, sus manos se encontraban sobre su cabello, su cuerpo húmedo. No tuvo tiempo siquiera de organizar bien sus ideas, tenían que ir preparados, no podía volver a ocurrir algo como la última vez, pero viniendo de Raigo, se esperaba cualquier cosa. Escuchaba la petición bajo el agua. —Segundo cajón del mueble del espejo. — Y había desaparecido, saliendo de la puerta. Estaba nervioso, no podía culparlo, ya que él mismo se encontraba en el mismo estado. Aún así, alguien tenía que encontrar la calma en el caos. —Tranquilo, hay tiempo, relájate Tezca. Luego hablamos tranquilamente de todo.
Terminó el baño, secándose con la toalla, pasándola sacudiendo su cabello para secarlo y, al salir, lo hizo con otra envuelta alrededor de su cintura. —Bien, hablemos de lo... — Se quedó quieto, viendo una vez más al hombre sobre su cama. Parpadeó, apenas hacía unos segundos estaba despierto, nervioso, y de la nada volvía a encontrarse como si nunca hubiera pasado nada. Le resultó tierno, divertido, la sonrisa se dibujaba cariñosamente en su rostro de forma inconsciente.
No era queja, era un respiro de aire fresco antes de una posible tormenta. Se acercó hasta donde tenía su propio traje, vistiéndose como era habitual en él y volvió la mirada en el hombre. ¿Se llevaría otro golpe si lo sacudía? Suspiró, acercándose a su oído, besando la zona superior de su oreja con un cuidado que ni él se esperó, solo para dibujar una media sonrisa maliciosa mientras su voz susurraba, ahora de forma suave y divertida.
Su mano se deslizó en la zona de su pecho al descubierto, con suavidad, buscando provocarlo esta vez algo más divertido. Esperó su reacción, ansioso, divertido, antes de alejar su rostro para sentarse a un lado de la cama. Ahora se encontraba perfectamente vestido, solo quedaba terminar de peinarse en condiciones. —Hay cosas que necesito que sepas para lo de esta noche, Tezca. — El aire divertido parecía haberse roto en cuestión de segundos, había estado dándole vueltas por mucho, muchísimo tiempo.
Se comenzaba a sospechar lo que podría pasar esa noche y no iba a poner en riesgo a Tezca más de lo que hizo la última vez. Su diestra se elevó, volteando su torso para observar el rostro del rubio, paseando sus dedos por el rostro ajeno, apartando cualquier mechón revelde que se interpusiera en su camino. La yema de sus dedos acarició la mejilla más cercana con un cuidado único, una mirada cargada de sentimiento. —Incluso si la cosa se tuerce, confía en mí. No permitiré que te pase nada malo. — Descendió su torso, besando su frente con cariño. —¿Lo harás?
“Te amo, Jin.”
Sintió extrañamente el corazón aplastarse en su pecho, la misma sensación que cuando lo besó impulsivamente al saber lo que había dicho, que nada de aquello había sido un sueño. Descendió su cuerpo, besando la cabeza del contrario una vez más. —Tenemos cosas que hacer. Luego podremos dormir unas horas más, cariño. — Ah, se sentía tan extraño llamarlo así. ¿Quizás debía seguir llamándolo por su nombre? Se le hacía nuevo, desconocido, como algo ajeno. No podía poner en palabras la sensación exacta. Relajó sus hombros al verlo levantarse. Se veía cansado y se sintió culpable. ¿Quizás debió esperar antes de poseerlo? No podía evitarlo, era una situación demasiado... diferente. —No te preocupes por la ropa, si hace falta pasarse por alguna tienda, nos pasaremos. También tengo algunos kimonos que traje que quizás sean de tu tamaño. Dudo que a Raigo le moleste.
Se levantó de la cama, dejándolo, ahora sí, atrás. No había tenido el capricho de poder limpiarse. El agua de la ducha caía sobre su cuerpo, el alivio llegó como una ráfaga. Lo único que lo separaba del resto del cuarto de baño era una pequeña cristalera difusa, que no dejaba ver más que la figura difuminada del que se encontraba en el interior. En el momento que entró, sus manos se encontraban sobre su cabello, su cuerpo húmedo. No tuvo tiempo siquiera de organizar bien sus ideas, tenían que ir preparados, no podía volver a ocurrir algo como la última vez, pero viniendo de Raigo, se esperaba cualquier cosa. Escuchaba la petición bajo el agua. —Segundo cajón del mueble del espejo. — Y había desaparecido, saliendo de la puerta. Estaba nervioso, no podía culparlo, ya que él mismo se encontraba en el mismo estado. Aún así, alguien tenía que encontrar la calma en el caos. —Tranquilo, hay tiempo, relájate Tezca. Luego hablamos tranquilamente de todo.
Terminó el baño, secándose con la toalla, pasándola sacudiendo su cabello para secarlo y, al salir, lo hizo con otra envuelta alrededor de su cintura. —Bien, hablemos de lo... — Se quedó quieto, viendo una vez más al hombre sobre su cama. Parpadeó, apenas hacía unos segundos estaba despierto, nervioso, y de la nada volvía a encontrarse como si nunca hubiera pasado nada. Le resultó tierno, divertido, la sonrisa se dibujaba cariñosamente en su rostro de forma inconsciente.
—No tienes remedio...
No era queja, era un respiro de aire fresco antes de una posible tormenta. Se acercó hasta donde tenía su propio traje, vistiéndose como era habitual en él y volvió la mirada en el hombre. ¿Se llevaría otro golpe si lo sacudía? Suspiró, acercándose a su oído, besando la zona superior de su oreja con un cuidado que ni él se esperó, solo para dibujar una media sonrisa maliciosa mientras su voz susurraba, ahora de forma suave y divertida.

—Si no despiertas, tendré que volver a despertarte metiéndotela hasta el fondo.
Su mano se deslizó en la zona de su pecho al descubierto, con suavidad, buscando provocarlo esta vez algo más divertido. Esperó su reacción, ansioso, divertido, antes de alejar su rostro para sentarse a un lado de la cama. Ahora se encontraba perfectamente vestido, solo quedaba terminar de peinarse en condiciones. —Hay cosas que necesito que sepas para lo de esta noche, Tezca. — El aire divertido parecía haberse roto en cuestión de segundos, había estado dándole vueltas por mucho, muchísimo tiempo.

—Pase lo que pase esta noche, necesito que confíes en mí.
Se comenzaba a sospechar lo que podría pasar esa noche y no iba a poner en riesgo a Tezca más de lo que hizo la última vez. Su diestra se elevó, volteando su torso para observar el rostro del rubio, paseando sus dedos por el rostro ajeno, apartando cualquier mechón revelde que se interpusiera en su camino. La yema de sus dedos acarició la mejilla más cercana con un cuidado único, una mirada cargada de sentimiento. —Incluso si la cosa se tuerce, confía en mí. No permitiré que te pase nada malo. — Descendió su torso, besando su frente con cariño. —¿Lo harás?
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
