17-02-2026, 02:01 AM
Observé a Yuuki tomar lo que fuese a su alrededor con descaro, guardándose objetos, cosas que parecían brillar, incluso después de que le contara, no se asustó ni me juzgó, al contrario, lo aceptó y tenía una confianza terrible que me atraía constantemente, no hacía las cosas sin demasiados rodeos, me gustaba su forma directa.
—Oh JISJISJIS— Cuando ella abrió la puerta y se echó a reir, me reí junto con ella. De verdad creí que necesitaba magia para abrirlas. No era una persona lógica, era más bien un poco idiota y me funcionaba serlo. Antes de salir de la habitación, me detuve un instante a mirar el desorden, no sabía si ya estaba así cuando llegamos o fue nuestra culpa, pero me encogí de hombros. ¿Realmente importaba? No parecía que alguien fuese a notar la diferencia. Pensé.
Salimos de la habitación y aunque el secreto de ella no era un secreto espectacular, porque no había tragedia, drama, no era un gran misterio, aun así la hacía sentir ¿vulnerable?. Se le notaba. Observé como un leve color rojizo se exponía en sus mejillas. Me pareció tierno, por lo que elevé mi mano y toqué su rostro, acariciando con suavidad esa piel cálida y sonrojada. Era muy suave, no pude evitar tener la curiosidad de si el resto de su cuerpo se sentiría igual.
—Esta bien, princesa, entonces nada de locuras.— Conocía la palabra princesa, la había leído en libros viejos del templo en el que residía. Se la dije porque la encontraba linda y también porque ella no quería problemas. —¿Estás bien? ¿No te estarás enfermando? Mmm… haré lo que me pidas, me gusta cuando dependen de mi. Miau.— Mis dedos se acercaron a sus labios con lentitud, lo suficiente para rozarlos y luego me aparté antes de que pudiera llevarlo a algo más.
—Me pondré adelante, para que no te pierdas. ¿Así está bien?— Aceptaba el rol sin quejarme y empecé a caminar delante de ella. Mi traje que llevaba como disfraz no era tan ajustado como la túnica, no marcaba mi cuerpo, pero aun así moví mis caderas al andar, como un vaivén, consciente, lo justo para que ella mirara.
—Si hubiésemos hecho el deseo primero, igual te hubiese invitado a salir a robar después— Sonreía, girando mi mirada hacia atrás, para verla de reojo. No quería sonar ansiosa, no quería separarme de ella pronto. No era de las que dejaban de lado a alguien tan rapido, recien la estaba conociendo, con esa risa extraña, aun me faltaba también tocar sus alas juguetonas, hermosas…
—Ah… después de esto, ¿te quieres ir? ¿Sabes? Me encantaría saber más de ti. ¿Después de esto me mostrarías qué es el té?— Mi voz salió algo cantadita, casi juguetona.
—Oh JISJISJIS— Cuando ella abrió la puerta y se echó a reir, me reí junto con ella. De verdad creí que necesitaba magia para abrirlas. No era una persona lógica, era más bien un poco idiota y me funcionaba serlo. Antes de salir de la habitación, me detuve un instante a mirar el desorden, no sabía si ya estaba así cuando llegamos o fue nuestra culpa, pero me encogí de hombros. ¿Realmente importaba? No parecía que alguien fuese a notar la diferencia. Pensé.
Salimos de la habitación y aunque el secreto de ella no era un secreto espectacular, porque no había tragedia, drama, no era un gran misterio, aun así la hacía sentir ¿vulnerable?. Se le notaba. Observé como un leve color rojizo se exponía en sus mejillas. Me pareció tierno, por lo que elevé mi mano y toqué su rostro, acariciando con suavidad esa piel cálida y sonrojada. Era muy suave, no pude evitar tener la curiosidad de si el resto de su cuerpo se sentiría igual.
—Esta bien, princesa, entonces nada de locuras.— Conocía la palabra princesa, la había leído en libros viejos del templo en el que residía. Se la dije porque la encontraba linda y también porque ella no quería problemas. —¿Estás bien? ¿No te estarás enfermando? Mmm… haré lo que me pidas, me gusta cuando dependen de mi. Miau.— Mis dedos se acercaron a sus labios con lentitud, lo suficiente para rozarlos y luego me aparté antes de que pudiera llevarlo a algo más.
—Me pondré adelante, para que no te pierdas. ¿Así está bien?— Aceptaba el rol sin quejarme y empecé a caminar delante de ella. Mi traje que llevaba como disfraz no era tan ajustado como la túnica, no marcaba mi cuerpo, pero aun así moví mis caderas al andar, como un vaivén, consciente, lo justo para que ella mirara.
—Si hubiésemos hecho el deseo primero, igual te hubiese invitado a salir a robar después— Sonreía, girando mi mirada hacia atrás, para verla de reojo. No quería sonar ansiosa, no quería separarme de ella pronto. No era de las que dejaban de lado a alguien tan rapido, recien la estaba conociendo, con esa risa extraña, aun me faltaba también tocar sus alas juguetonas, hermosas…
—Ah… después de esto, ¿te quieres ir? ¿Sabes? Me encantaría saber más de ti. ¿Después de esto me mostrarías qué es el té?— Mi voz salió algo cantadita, casi juguetona.
