Mirada de hielo [Priv. Jin] [Pasado]
#5
Observó la mano extendida frente a él, un simple gesto de educación que lo hizo sonreír de medio lado y extender su propia mano para estrechar la del pelirrojo, con firmeza, aunque sin buscar lastimarlo, era solo un gesto para mostrar dominancia, algo que disfrutaba marcar. —Hyákinthos, aunque sé que mi nombre es difícil de pronunciar, así que puedes llamarme Hyak o Cherry, ya sabes, por el color de mi cabello —. Al hablar, en su rostro surgió una expresión tranquila, amigable, casi angelical, mostrada con una sonrisa que parecía venir del alma, aunque no era más que una fachada pulida con los años, aunque, tal vez no habría mucho tiempo para apreciarlo.

Él mismo se movió, él mismo habló, fue su culpa que la concentración se rompiera y que al pelirrojo ni siquiera le diera tiempo de responder a su presentación, pues fueron las siguientes palabras que pronunció las que hicieron que el chico se carcajeara, aunque… ¿Por qué? No había contado un chiste, de hecho, su pregunta era completamente genuina. No podía recordar de donde conocía al pelinegro, algo que lo hacía lamentarse internamente, pues le obligaba a rebuscar en su mente detalles de encuentros pasados que solo eran siluetas borrosas…un detalle que le recordaba cuan defectuosa era su memoria.

Intentó no darle demasiadas vueltas. Sacudió su cabeza y decidió pasar de página, a fin de cuentas, si se conocían en verdad, tarde o temprano descubriría de dónde, aunque…eso podía esperar, pues lo siguiente que escuchó fue una orden de parte del hombre de la cicatriz, que lo hizo alzar una ceja.

Sus ojos se movieron del pelinegro hacia el pelirrojo y viceversa, notando la dinámica extraña que se tejía entre ellos dos. Una dominancia más allá de simples gestos parecía control total sobre el otro…pero… ¿Qué tanto?

—¿Cállate? Solo se está riendo. Es su jefe, pero no controla sus emociones, no es como que lo posea —dijo con voz más relajada mientras que se separaba del mostrador y se acercaba al hombre de cabellos negros, justo en el momento exacto en que el dueño de aquella botica salió de la habitación trasera con una bandeja de tés que le ofreció a los recién llegados, algo que, por consecuencia, lo hizo escuchar las palabras del alto hombre de traje.

El anciano sonrió y, en ese momento, sin poder evitarlo, soltó una risa baja, pero que no se engañen, no se burlaba de Jin ni mucho menos, por el contrario, entendía muy bien por lo que el hombre estaba pasando, en cambio, el pelirrosa solo atinó a mirarlo extrañado, primero al anciano, luego al hombre de la cicatriz, como si hubiera algo en el ambiente que no estuviera entendiendo del todo.

—¿Cita? —Frunció el ceño. —Yo nunca olvido mis citas, no si se trata de trabajo —. Se apartó del pelinegro para acercarse a la silla en donde estaba sentado antes de que los otros dos hombres llegaran, luego se inclinó para levantar una maleta que yacía a un lado de ese asiento y, de esta, sacó una libreta de cubierta negra que abrió justo en el sitio en donde reposaba una cinta roja, dividiendo las páginas. Leyó los días, las horas, sus anotaciones sobre cosas importantes. Solo recordaba una cita a tener en los próximos días y era de un buen negocio…un excelente negocio…entonces…

—No puede ser…

El anciano volvió a reír nuevamente, esta vez más alto y sosteniendo su estómago para luego caminar hacia el muchacho pelirrosa y darle un par de palmaditas en el hombro.

—¿Ya te diste cuenta de que quizá si lo conoces? —Un par de palmaditas más resonaron en el hombro del médico, quien se volteó para ver al anciano, aún confundido. Sí, en su libreta aparecía una cita de negocios agendada para el final de la semana, pero esperaba tener que lidiar con eso, pues…a final de semana, no tenía que molestarse por ordenar su mente ni de recordar nada importante días antes de eso. El anciano suspiró y, en ese momento, se giró para encarar al otro hombre.

—No se preocupe, joven, no es nada personal de parte de Hyak —. El anciano empezó a hablar, buscando explicar que es lo que ocurría. —Es mi cliente frecuente, viene aquí a buscar remedios naturales cada semana y, aún así, las primeras veces me miraba como si cada vez que viniera lo atendiera alguien distinto, primero creí que era un chico grosero y maleducado, luego me di cuenta de que, simplemente, no podía recordarme…ni a mí ni a nadie. Le tomó meses recordar mi rostro y un par de semanas más aprender mi nombre.

—¿Ah? Oiga, Señor Percival, no tiene porque…

—¿Dar explicaciones? Pues a mi me habría gustado recibir una cuando nos conocimos, muchacho —. Como un niño regañado, el pelirrosa frunció el ceño e hizo un puchero mientras se cruzaba de brazos y, por otro lado, Percival, movía su cabeza de lado a lado antes de hablarle de nuevo al pelinegro. —Sea como sea, joven, no sé que tipo de negocios tenga con Hyak, pero parece buen chico, seguro que también hace bien su trabajo —. Al escucharlo, el pelirrosa descruzó sus brazos y su cuerpo se relajó notablemente, nada mejor que un buen halago para subirle el ego, aunque, de paso, le recordara sus defectos.

—Jmmm, parece que la lluvia no va a parar pronto y es algo tarde. Tengo una habitación extra en el piso de arriba, pueden quedarse esta noche si lo desean y ¡Oh! Debí traerles unas toallas para secarse, no quisiera que pesquen un resfriado —. Trastabillando, el anciano volvió a desaparecer por la puerta que daba a la otra habitación del local, dejando a los más jóvenes, de nuevo, a solas.

—Bien —. El médico cerró su libreta, comprobando que, efectivamente, tenía una cita esa misma semana y que, en sus apuntes, había dejado nota de la apariencia del sujeto con quien debía encontrarse, una apariencia que coincidía del todo con quien tenía en frente en ese instante. —Como dije antes, no olvido asuntos que tengan que ver con mi trabajo, Señor Onizuka —Ahora que sabía que estaba frente a su socio, el pelirrosa tomó una actitud más seria y recatada, incluso ignoró al pelirrojo por un instante. —, pero, como dijo el Señor Percival, me costará un poco recordar su rostro y…también su nombre, aunque me aseguraré de tenerlo en mente para cuando nos encontremos en un entorno más…formal…le aseguro que, como profesional, no soy tan nefasto como lo es mi memoria —. Volvió a recostarse al mostrador y tomó una actitud pensativa.

—Aunque, tal vez debí habérselo advertido el día en que nos conocimos, pero…me parece que no hubo tiempo, estuvimos ocupados esa noche ¿No es así? —No podía recordar todo, la visión del rostro del otro hombre estaba difusa en su mente, pero recordaba que, cuando tuvo esa reunión de negocios con el sujeto con el que luego tendría una cita para que contemplara su trabajo de primera mano, no solo estuvieron hablando, hicieron mucho más…aunque las escenas se vieran entrecortadas en su memoria, aun así, sonrió al suponer lo que eso significaba. —Dígame ¿Cómo le fue al día siguiente? ¡Ah! Disculpe, tal vez prefiera no mencionarlo frente a su subordinado —. De nuevo, se dibujó una sonrisa de medio lado en su rostro, satisfecho por al menos tener luces de quien era el tipo frente a él.
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RE: Mirada de hielo [Priv. Jin] [Pasado] - por Hyákinthos - 17-02-2026, 05:56 AM

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