17-02-2026, 07:01 AM
Este hombre ya me caía de maravilla.
Tomé el menú más cercano sin demasiado disimulo y lo abrí con calma, recorriendo cada línea con una atención casi teatral, buscando deliberadamente lo más caro que ofreciera el lugar. Total, él había dicho que invitaba. Una sonrisa ligera, apenas ladeada, se dibujó en mis labios mientras mis ojos se detenían en los nombres más extravagantes y las descripciones más pomposas. Si iba a jugar, lo haría bien.
El jazz flotaba en el ambiente con una elegancia despreocupada, el piano marcando un compás suave y el saxofón deslizándose como humo entre las mesas. Moví apenas la cabeza al ritmo de la música, dejando que el sonido me envolviera, que me diera esa falsa sensación de tranquilidad que solo los lugares caros saben fabricar. Todo parecía en orden, sofisticado, casi íntimo… hasta que el hombre, sin previo aviso, dejó una brújula deteriorada sobre la mesa.
El sonido seco del metal al tocar la madera me hizo bajar el menú lentamente.
Mis ojos se posaron en el objeto. Así que ese era el plan: el Grand Line.
Un destino que no necesitaba explicación entre nosotros. No hacía falta decirlo en voz alta; la intención estaba ahí, vibrando con la misma fuerza que la aguja inquieta de la brújula. Parecía razonable. ¿A dónde más iríamos? Quedarnos donde estábamos era aceptar límites, y nosotros no íbamos a conformarnos.
Teníamos que expandirnos. Crecer. Hacernos un nombre que no pudiera ignorarse ni siquiera en los mares más salvajes. Más territorios, más influencia, más poder. Navegar por esas aguas como ningún otro, dejando huella en cada puerto, en cada isla, en cada historia susurrada entre marineros borrachos
Pero como había dicho la morena y en eso no podía negarle razón era mucho más fácil decirlo que hacerlo.
El Grand Line no era solo un mar; era una sentencia.
Cerré el menú con suavidad y lo dejé a un lado, mis dedos tamborileando apenas sobre la mesa, pensativo hasta que alcé la mirada hacia él, sosteniéndole los ojos con una sonrisa que ya no era ligera, sino decidida.

—La unión hace la fuerza, mis amigos. Este sitio comienza a quedarnos pequeño ¿Me entiendes? —
La pregunta honesta de la mujer me hizo tomar otro sorbo, mirando a ambos antes de recostarme en la silla; Iba a ser corto y honesto con ellos, era lo mejor. —Me rehúso a colaborar con los perros del gobierno… Tengo algo importante que hacer: Voy a matar o morir en el intento, así que, si me ven en ello, ni se metan y si por alguna mierda llego a morir: Solo tiren mi cuerpo al mar y llévenle este medallón a un hombre: Se llama Onizuka Jin. Anotenlo bien, son mis compañeros de viaje ¿no? Lo más probable es que salga triunfante como siempre ¿me entiendes? Pero aún así, prefiero dejar las cosas en claro ya que viajaremos juntos. — Expliqué cruzado de brazos, enseñándoles el colgante dorado que caía hasta mi pecho, soltándolo para tomar otro sorbo de limonada. —Ya me sinceré, les toca. No hagan que me arrepienta...[b]—[/b]

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