17-02-2026, 12:04 PM
Hokodan impactó de lleno, generando parcialmente el efecto deseado, pues la parte que no se cumplió era precisamente el objetivo de su técnica, desarmar al adversario. Sin embargo, con saber que le hizo el daño necesario como para desorientarlo y además, perjudicar el agarre sobre su kanaboo le fue suficiente, era una señal de advertencia bastante clara, y lo percibió por la forma en que Kazan tardó en reaccionar.
Esos breves segundos eran valiosos en combates donde el oponente maneja un nivel de velocidad abrumador, sin embargo, si Shin decidió no rematar al gigante fue porque esperaba que de sus labios emergiese alguna señal de rendición tras enfrentarse a la cruenta diferencia de poder que los separaba, al menos bajo la analítica perspectiva del marine, quien se sentía ampliamente superior y creía gracias a este primer intercambio que no iba a recibir ningún golpe durante el conflicto.
De hecho, según sus cálculos si la renombrada Marea Azul intentaba acercarse, iba a seguir retrocediendo sobre su misma posición mientras mantenía los ataques a distancia, abrumándolo, pero aquel sujeto demostró sus largas tres décadas de experiencia y tras una frase que lo tomó por sorpresa dadas las ideas que dejaba a entendimiento del albino, se arrojó súbitamente al mar, sumergiéndose y volviéndose prácticamente indetectable desde la orilla donde Hasegawa estaba debido a su color de piel.
Las vibraciones movían y removían las prendas del marine, ahora caídas, sobre el muelle. Pero Shin ya no pensaba en recuperar su gorra ni las gafas, sus ojos cerúleos estaban totalmente centrados en las ondas de agua que se pudiesen originar de las profundidades, o cualquier ola que denotase la presencia de Kazan volviendo a la superficie, pensó en un principio que dada su enorme estatura no debería ser difícil, sin embargo, se equivocó. No distinguió nada del gigante hasta que eventualmente se levantó una cortina de agua de algunos pocos metros, concretamente doce, junto con el levantamiento del kanaboo amenazando con aplastarlo.
La Marea Azul no sólo se acercó a Shin mediante una velocidad que no le habría imaginado, sino que aprovechando su enorme tamaño y la de su potentísima arma, abarcó 12 metros de distancia, suficientes para llegar hasta su posición. Con lo que no contaba Kazan, era con la capacidad de reacción del marine, quien seguía transformado en forma lumínica de manera parcial, y que supo medir el impacto a tiempo.
Justo antes de que el wotan se sumergiera de nuevo, y varios segundos previos antes de ser mojado directamente por el agua y que el kanaboo llegase a tocarlo, actuó. Kazan estaba a 12 metros, Shin se alejó 3 para salir del rango de su arma, y en esa misma transición, nuevamente a 15 metros del gigante, extendió a velocidades altísimas su mano en dirección a su contrincante y desde la misma emergió una esfera dorada de 2 metros que se disparó contra el revolucionario con una rapidez prácticamente fugaz, misma que los ojos de Kazan no llegaron a detectar instantes previos, evitando que pueda sumergirse aunque permitiendo que su arma produciese un fuertísimo sonido contra el concreto de la orilla, ante una vista sorprendida del albino quien agradeció sus altas capacidades defensivas.
La esfera estalló, extendiéndose 10 metros de pura luz, absorbiendo casi que la totalidad del cuerpo del wotan en un abrir y cerrar de ojos, generándole más daños irremediables en segundos que lo dejan sin reacción nuevamente.
—¡Muy lento, Marea Azul! —exclamó entonces, con una sonrisa orgullosa y fanfarrona, esperando que el sujeto pudiese escucharlo. —Te daré la última oportunidad de rendirte. No vas a ganar esta pelea. —sentenció, señalándolo, con sus ojos libres de obstáculos, observándolo directamente si es que no se dejó caer al mar tras el impacto.
Esos breves segundos eran valiosos en combates donde el oponente maneja un nivel de velocidad abrumador, sin embargo, si Shin decidió no rematar al gigante fue porque esperaba que de sus labios emergiese alguna señal de rendición tras enfrentarse a la cruenta diferencia de poder que los separaba, al menos bajo la analítica perspectiva del marine, quien se sentía ampliamente superior y creía gracias a este primer intercambio que no iba a recibir ningún golpe durante el conflicto.
De hecho, según sus cálculos si la renombrada Marea Azul intentaba acercarse, iba a seguir retrocediendo sobre su misma posición mientras mantenía los ataques a distancia, abrumándolo, pero aquel sujeto demostró sus largas tres décadas de experiencia y tras una frase que lo tomó por sorpresa dadas las ideas que dejaba a entendimiento del albino, se arrojó súbitamente al mar, sumergiéndose y volviéndose prácticamente indetectable desde la orilla donde Hasegawa estaba debido a su color de piel.
Las vibraciones movían y removían las prendas del marine, ahora caídas, sobre el muelle. Pero Shin ya no pensaba en recuperar su gorra ni las gafas, sus ojos cerúleos estaban totalmente centrados en las ondas de agua que se pudiesen originar de las profundidades, o cualquier ola que denotase la presencia de Kazan volviendo a la superficie, pensó en un principio que dada su enorme estatura no debería ser difícil, sin embargo, se equivocó. No distinguió nada del gigante hasta que eventualmente se levantó una cortina de agua de algunos pocos metros, concretamente doce, junto con el levantamiento del kanaboo amenazando con aplastarlo.
La Marea Azul no sólo se acercó a Shin mediante una velocidad que no le habría imaginado, sino que aprovechando su enorme tamaño y la de su potentísima arma, abarcó 12 metros de distancia, suficientes para llegar hasta su posición. Con lo que no contaba Kazan, era con la capacidad de reacción del marine, quien seguía transformado en forma lumínica de manera parcial, y que supo medir el impacto a tiempo.
Justo antes de que el wotan se sumergiera de nuevo, y varios segundos previos antes de ser mojado directamente por el agua y que el kanaboo llegase a tocarlo, actuó. Kazan estaba a 12 metros, Shin se alejó 3 para salir del rango de su arma, y en esa misma transición, nuevamente a 15 metros del gigante, extendió a velocidades altísimas su mano en dirección a su contrincante y desde la misma emergió una esfera dorada de 2 metros que se disparó contra el revolucionario con una rapidez prácticamente fugaz, misma que los ojos de Kazan no llegaron a detectar instantes previos, evitando que pueda sumergirse aunque permitiendo que su arma produciese un fuertísimo sonido contra el concreto de la orilla, ante una vista sorprendida del albino quien agradeció sus altas capacidades defensivas.
La esfera estalló, extendiéndose 10 metros de pura luz, absorbiendo casi que la totalidad del cuerpo del wotan en un abrir y cerrar de ojos, generándole más daños irremediables en segundos que lo dejan sin reacción nuevamente.
—¡Muy lento, Marea Azul! —exclamó entonces, con una sonrisa orgullosa y fanfarrona, esperando que el sujeto pudiese escucharlo. —Te daré la última oportunidad de rendirte. No vas a ganar esta pelea. —sentenció, señalándolo, con sus ojos libres de obstáculos, observándolo directamente si es que no se dejó caer al mar tras el impacto.
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