17-02-2026, 05:49 PM
(Última modificación: 17-02-2026, 05:53 PM por Seraphine Soyer.)
La chica observa su alrededor con los ojos entrecerrados, arco y flecha en su mano, sintiendo su pulso algo acelerado, sin duda, la adrenalina del momento, que se niega a abandonarla, prefiriendo no bajar su defensa, por dudas de que más personas aparecieran, queriendo ir a por ella; sin embargo, lo que no esperó fue que la mayor siguiera moviendo su hacha con tanto entusiasmo, debiendo controlarse para no hacer un puño y motivarla aún más.
Quería gritarle para que se moviera y buscara refugio.
Y no pudo evitar sonreír cuando vio que, en efecto, Seraphine había conseguido acertar a los malos de turno, con los ojos de la skypean brillando, y observó su arco, casi moviéndose como si fuese un soldadito de lo más orgullosa, pensando que, apenas se cruzase con Kazan, le contaría lo que hizo: primero la tripulación, ahora derrotar a sus primeros enemigos. Sin duda, cuando estuviese en un lugar más seguro, se pediría alguna clase de dulce gigante, con sabor a fresa, un helado quizás, y la luz de su sonrisa adquirió dimensiones extrañas.
Lo que no espera son las palabras del hombre, viendo con cierta forma cómica cómo arrastra a su compañero y… el rostro de la mujer de cabello bicolor, cambió de golpe, mostrando todas las emociones que con el pasar de los días tuvo que mantener debajo de su control, saliendo a la superficie, con un enorme enojo, la tormenta bailando en sus venas, recordando el tiempo que pasó encerrada en su celda y de pronto, disparó otra flecha, con intención de matar.
—Cabrón, bastardo, hijo de puta, ¡zarigüeya!… ¿Zarigüeya?
Parpadeó, sin saber de dónde sacaba aquello, moviendo sus brazos al aire, moviéndose de manera extraña, a punto de volverse a convertirse en una contorsionista allí mismo, y no pudo contenerse, frotando sus nudillos entre sí, con tanta fuerza que le dolieron por unos minutos, escapándosele un quejido.
—Oh— Parpadeó, mirando hacia arriba. —Lluvia.
Cerró sus ojos, utilizando el agua para calmarse, sin embargo, resultó ser difícil: la furia, el enojo y la impotencia del pasado bailaban en su interior, torciéndose con rapidez en un mareo cuando recordó las manos deslizándose sobre su desnuda piel, sirviendo de distracción cuando el resto salió de sus escondites, no tardando demasiado en intentar ayudar a Rose y a los demás que pudiesen encontrarse en algún aprieto.
—Lo siento mucho— Colocó ambas manos sobre sus rodillas, haciendo una reverencia. —Por meterlos en problemas— Miró a la mensajera directo a los ojos, yendo a la Hamaca Dormida con pasos tranquilos, haciendo puños con sus manos, abriéndolos y cerrándolos.
Quería gritarle para que se moviera y buscara refugio.
Y no pudo evitar sonreír cuando vio que, en efecto, Seraphine había conseguido acertar a los malos de turno, con los ojos de la skypean brillando, y observó su arco, casi moviéndose como si fuese un soldadito de lo más orgullosa, pensando que, apenas se cruzase con Kazan, le contaría lo que hizo: primero la tripulación, ahora derrotar a sus primeros enemigos. Sin duda, cuando estuviese en un lugar más seguro, se pediría alguna clase de dulce gigante, con sabor a fresa, un helado quizás, y la luz de su sonrisa adquirió dimensiones extrañas.
Lo que no espera son las palabras del hombre, viendo con cierta forma cómica cómo arrastra a su compañero y… el rostro de la mujer de cabello bicolor, cambió de golpe, mostrando todas las emociones que con el pasar de los días tuvo que mantener debajo de su control, saliendo a la superficie, con un enorme enojo, la tormenta bailando en sus venas, recordando el tiempo que pasó encerrada en su celda y de pronto, disparó otra flecha, con intención de matar.
—Cabrón, bastardo, hijo de puta, ¡zarigüeya!… ¿Zarigüeya?
Parpadeó, sin saber de dónde sacaba aquello, moviendo sus brazos al aire, moviéndose de manera extraña, a punto de volverse a convertirse en una contorsionista allí mismo, y no pudo contenerse, frotando sus nudillos entre sí, con tanta fuerza que le dolieron por unos minutos, escapándosele un quejido.
—Oh— Parpadeó, mirando hacia arriba. —Lluvia.
Cerró sus ojos, utilizando el agua para calmarse, sin embargo, resultó ser difícil: la furia, el enojo y la impotencia del pasado bailaban en su interior, torciéndose con rapidez en un mareo cuando recordó las manos deslizándose sobre su desnuda piel, sirviendo de distracción cuando el resto salió de sus escondites, no tardando demasiado en intentar ayudar a Rose y a los demás que pudiesen encontrarse en algún aprieto.
—Lo siento mucho— Colocó ambas manos sobre sus rodillas, haciendo una reverencia. —Por meterlos en problemas— Miró a la mensajera directo a los ojos, yendo a la Hamaca Dormida con pasos tranquilos, haciendo puños con sus manos, abriéndolos y cerrándolos.
![[Imagen: RlTqH6C.jpeg]](https://i.imgur.com/RlTqH6C.jpeg)
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