18-02-2026, 02:32 AM
Su risa era reconfortante, viva, lo hacía sentir maravillado en todos los aspectos. Tuvo el serio impulso de acariciar aquel medallón que nunca se separaba de él, recordando instantáneamente la importancia que tenía para él y qué tanto reaccionó la primera vez que solo lo llegó a rozar. Por eso, evitó el tacto del medallón, con el máximo cuidado posible antes de separarse. —Créeme, no eres el único, pero tampoco puedo hacerlo ahora. La próxima vez no te dejaré respirar. — Porque, por supuesto, se había quedado con ganas. Aunque el descanso era fundamental ahora mismo.
Lo dejó sentarse, mirándolo. Su torso descendió, juntando ambas manos entre sí. Mantuvo un aire silencioso, su mirada estaba distraída en sus propios pensamientos, tratando de organizar sus palabras. Comprendía bien a lo que se refería, pero Raigo no era alguien por quien tuviera que pasar desapercibido.
Su voz sonó seria, en forma de amenaza, la voz que hacía temblar a cualquiera que lo escuchaba. Iba muy en serio. —Pero si hay algo que sé de sobra es que con ese cabrón hay que tener mucho cuidado. — Los dedos se entrelazaron entre sí, apretándose entre sus manos con furia.
No olvidaba aquel momento en que tuvo esa sensación de traición, cuando él le había brindado toda la confianza al hombre que lo educó en todo ese tiempo. Respiró hondo, tratando de calmarse, no podía perder los estribos, Tezca no tenía la culpa. Él no. Abrió nuevamente sus ojos, volviendo la mirada con más calma, separando sus dedos y colocando su mano sobre la del contrario, dejando caer su propia cabeza sobre el hombro del rubio. Ahora colocó la palma de su mano hacia arriba, buscando cruzar los dedos con los de la mano ajena. Podía sentir su aroma, tan único e inconfundible, algo que conseguía calmarlo incluso más. Cerró los ojos, disfrutando de la cercanía, de su forma de ser, dejándose llevar por esa extraña sensación que parecía solo tener con él.
Entreabrió sus ojos lentamente, sin apartarse de él cuando buscó de nuevo hablar con él. —Lo que quiero decir es que a Raigo le gusta poner a prueba a la gente. Es capaz de cualquier locura, incluso hacerme daño para probar que tiene razón. No sé qué tanto sabe de nosotros, tampoco si te ha investigado a ti más de lo que nos escuchó, ni qué tanto nos escuchó... Solo piensa que no es como un negocio, esto es una prueba de pura supervivencia y es posible que uno de nosotros salga herido de allí. Incluso... podría verme obligado a volver a hacerte daño. — Elevó su mirada, buscando la ajena, apretando su mano con más firmeza. —Por eso... necesito que confíes en mí. No hay cosa que odie más que hacerte daño, pero si tengo que elegir entre dañarte o matarte... prefiero dañarte. Lo entiendes, ¿Verdad?
Separó su rostro, buscando la expresión ajena. Si estaba dispuesto a cualquier cosa, él lo soportaría, por mucho que doliera. Se separó, despiacio, poniéndose en pie, no obstante no permitió que el contrario se levantara, no de momento. Juntó su frente con la ajena, cerrando sus ojos, solo queriendo sentirlo cerca una vez más, calmarse él mismo porque, efectivamente, se encontraba nervioso también. —Yo confío en que harás lo correcto. Solo... sé paciente. No permitiré que él te ponga un solo dedo encima... — Sus labios se elevaron, buscando los ajenos. No era un beso de pasión lo que le regaló, sino de amor. Corto, seguro, directo. —¿Crees que podrás hacerlo? — Su mano se elevó, acariciando la mejilla ajena, tratándolo como lo más precioso que tenía en su vida y, quién sabe, tal vez así era.
Se apartó, ahora en una pequeña pausa, observando al que tenía frente a él. Se arrodilló, ahora tomando ambas de sus manos, dispuesto a decir algo que no había confesado a nadie antes. —Hace tiempo, descubrí algo de él que me hizo querer un solo objetivo; matarlo. Hago todo lo que puedo, pero es demasiado fuerte ahora mismo, y necesito hacerlo despacio. Cuando pueda, seremos libres, tú y yo, y no será necesario tener que vivir por lo que pasó en el restaurante, ni lo que sea que pase esta noche. Si quieres seguirme en este objetivo, lo haré. Sé que tienes las capacidades, pero no si tu vida corre riesgo. — No se lo había dicho a nadie más, era un secreto que había mantenido en lo más profundo de sí mismo durante muchos años. Fue como quitarse un gran peso de encima. Nunca pudo hacerlo porque el peligro siempre podía acechar, incluso en los más cercanos, pero no sentía lo mismo con Tezca. —Claro, espero que no menciones lo que acabo de decirte a nadie más, aunque sé que no lo harás.
Lo dejó sentarse, mirándolo. Su torso descendió, juntando ambas manos entre sí. Mantuvo un aire silencioso, su mirada estaba distraída en sus propios pensamientos, tratando de organizar sus palabras. Comprendía bien a lo que se refería, pero Raigo no era alguien por quien tuviera que pasar desapercibido.

—Entiendo esa sensación, porque es la misma que tengo yo hacia Raigo.
Su voz sonó seria, en forma de amenaza, la voz que hacía temblar a cualquiera que lo escuchaba. Iba muy en serio. —Pero si hay algo que sé de sobra es que con ese cabrón hay que tener mucho cuidado. — Los dedos se entrelazaron entre sí, apretándose entre sus manos con furia.

—Ese cabrón no es más que un traidor de mierda.
No olvidaba aquel momento en que tuvo esa sensación de traición, cuando él le había brindado toda la confianza al hombre que lo educó en todo ese tiempo. Respiró hondo, tratando de calmarse, no podía perder los estribos, Tezca no tenía la culpa. Él no. Abrió nuevamente sus ojos, volviendo la mirada con más calma, separando sus dedos y colocando su mano sobre la del contrario, dejando caer su propia cabeza sobre el hombro del rubio. Ahora colocó la palma de su mano hacia arriba, buscando cruzar los dedos con los de la mano ajena. Podía sentir su aroma, tan único e inconfundible, algo que conseguía calmarlo incluso más. Cerró los ojos, disfrutando de la cercanía, de su forma de ser, dejándose llevar por esa extraña sensación que parecía solo tener con él.
Entreabrió sus ojos lentamente, sin apartarse de él cuando buscó de nuevo hablar con él. —Lo que quiero decir es que a Raigo le gusta poner a prueba a la gente. Es capaz de cualquier locura, incluso hacerme daño para probar que tiene razón. No sé qué tanto sabe de nosotros, tampoco si te ha investigado a ti más de lo que nos escuchó, ni qué tanto nos escuchó... Solo piensa que no es como un negocio, esto es una prueba de pura supervivencia y es posible que uno de nosotros salga herido de allí. Incluso... podría verme obligado a volver a hacerte daño. — Elevó su mirada, buscando la ajena, apretando su mano con más firmeza. —Por eso... necesito que confíes en mí. No hay cosa que odie más que hacerte daño, pero si tengo que elegir entre dañarte o matarte... prefiero dañarte. Lo entiendes, ¿Verdad?
Separó su rostro, buscando la expresión ajena. Si estaba dispuesto a cualquier cosa, él lo soportaría, por mucho que doliera. Se separó, despiacio, poniéndose en pie, no obstante no permitió que el contrario se levantara, no de momento. Juntó su frente con la ajena, cerrando sus ojos, solo queriendo sentirlo cerca una vez más, calmarse él mismo porque, efectivamente, se encontraba nervioso también. —Yo confío en que harás lo correcto. Solo... sé paciente. No permitiré que él te ponga un solo dedo encima... — Sus labios se elevaron, buscando los ajenos. No era un beso de pasión lo que le regaló, sino de amor. Corto, seguro, directo. —¿Crees que podrás hacerlo? — Su mano se elevó, acariciando la mejilla ajena, tratándolo como lo más precioso que tenía en su vida y, quién sabe, tal vez así era.
Se apartó, ahora en una pequeña pausa, observando al que tenía frente a él. Se arrodilló, ahora tomando ambas de sus manos, dispuesto a decir algo que no había confesado a nadie antes. —Hace tiempo, descubrí algo de él que me hizo querer un solo objetivo; matarlo. Hago todo lo que puedo, pero es demasiado fuerte ahora mismo, y necesito hacerlo despacio. Cuando pueda, seremos libres, tú y yo, y no será necesario tener que vivir por lo que pasó en el restaurante, ni lo que sea que pase esta noche. Si quieres seguirme en este objetivo, lo haré. Sé que tienes las capacidades, pero no si tu vida corre riesgo. — No se lo había dicho a nadie más, era un secreto que había mantenido en lo más profundo de sí mismo durante muchos años. Fue como quitarse un gran peso de encima. Nunca pudo hacerlo porque el peligro siempre podía acechar, incluso en los más cercanos, pero no sentía lo mismo con Tezca. —Claro, espero que no menciones lo que acabo de decirte a nadie más, aunque sé que no lo harás.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
