[Presente Absoluto] Ver sin ver (Entrenamiento de Kenbunshoku)
#18
Terminó de organizar al fin las monedas en el saco, observando calmadamente el aparato frente a él. Pese a las victorias todavía no había sido suficiente. Quedaba mucho por delante, demasiado quizás. Ni siquiera lo miró directamente mientras sus dedos pulgar e índice acomodaban otra moneda en el aparato, haciéndolo funcionar una vez más. Solo estaba concentrado, tenían un largo camino por delante. 

—Dudo que te estés volviendo mejor, solo más débil. 

No era crueldad, pese a lo frío y neutro que sonó, era sinceridad directa y sin adornos. —Si te hubieras vuelto más fuerte, no te habrías alterado solo porque alguien se acerca a tu querida Gwendolyn. — No podía decir lo mismo de sí mismo cuando pensó que pudo haber perdido a alguien, pero incluso bajo las peligrosas circunstancias, se había sabido mover sin mostrar la misma debilidad que el propio pelirrojo. Le provocó escalofríos el recuerdo del evento donde lo creyó secuestrado, incluso muerto. Bajó la palanca en el instante que escuchó el sonido, haciendo alusión, una vez más, de su capacidad y teoría que había pronunciado. Una vez más, un triple 7, como si fuera una rueda de la fortuna. Habría resultado sospechoso, de no ser porque ya llevaba dos derrotas de cuatro. El aluvión de monedas comenzó a llenarle los pies. Tuvo que pedir un segundo saco. Descendió su torso, organizando la lluvia de monedas una vez más. 

—Estoy de acuerdo con que él quiso decirte que te volvieras mejor, pero no a base de emociones.

Contaba las monedas a medida que seguía manteniendo una conversación con el muchacho. No se le daban bien los menores (aunque no es que el joven fuera menor de edad, en comparación le parecía un niño), pero tampoco estaba acostumbrado en dar consejos, aunque sí escuchar. No por nada su oído era afilado, no por nada la información alcanzaba siempre al varón yakuza. Llegó a ignorar la pregunta que previamente había sido respondida con la explicación por sus victorias, tratando de no hacer un mundo de ello. El motivo era que no buscaba un protagonismo innecesario, más cuando ya había varias miradas a su alrededor fijas en el varón. —Es una expresión de lo más curiosa, desde luego. — sus palabras eran sinceras, no recordaba semejante expresión, aunque lejos de lo que conocía de su propia infancia y dentro de su clan y pasado, no había prestado demasiada atención a lo que lugareños de otras islas tuvieran que decir lejos de los negocios. Su explicación era clara además, tomando otra moneda, contemplándola e incluso jugueteando con ella entre sus dedos. 

—Estás en lo correcto, lo que describes es mi día a día, incluso durante el sueño. — con la moneda dio un toque en la máquina, todavía sin introducirla, con los ojos fijos en los tres sietes que estaban todavía en la pantalla. —Por un par de victorias no van a reventarte la cara, no al menos en estas maquinitas de mierda. — Volteó un momento para mirar al joven sin expresividad, con la misma mirada calmada. —Eso ocurre más en juegos de cartas, donde las trampas son más sencillas. Puedes, si quieres, incluso comprar al propio Crupier del casino si quisiera, siempre habría razones más plausibles. En estos aparatos las personas tienen mucho más asumido que después de un montón de victorias acaban habiendo derrotas y valida más la aleatoriedad. Lo que sí hay ahora mismo es pura envidia, pero eso no quita que no haya hostilidad.

Su mirada regresó de vuelta a los tres sietes, descendiendo la mirada hacia el orificio de la moneda, donde iba a acomodarla. —Pueden vernos como pichones o como les dé la gana, pero sí es cierto que puede existir un peligro de amenaza por querer premios. Seguramente en cuanto salgamos, pero no lo harán aquí dentro. Las personas son muy predecibles. — Introdujo la moneda, momento en que la ruleta comenzó a girar una vez más. —Y no te preocupes, son insignificantes. Cuando no tienes nada que perder, el resto no importa nada. — Elevó su mano, colocándolo sobre la palanca, atento una vez más al sonido, las luces que brillaban alrededor de la tragaperras. Lo escuchó llamarlo por su nombre y no le contestó, pero sí prestaba atención. La pregunta le provocó extrañeza. —¿Que me valga la pena a mí? — No había tenido nada en cuenta o, al menos, no pensaba que hablara del asunto que tocó poco después. 

-Alguien o algo que sea tu Gwen. -

Bajó la palanca. No por acierto, no por sonido, tampoco por las luces. De hecho el carrusel mostró tres dibujos totalmente distintos, mostrando que acababa de perder. Sin embargo no parecía importarle. Sus ojos se quedaron fijos en la pantalla, escuchando más palabras de Owen, viajando en sus propios recuerdos. La palanca no la había siquiera llegado a soltar, solo la mantuvo abajo, en un largo silencio, más de lo que hubiera predicho él mismo. 

-¿Porqué? ¿A qué le temes tanto que no puedes mostrarte vulnerable como yo lo hago?-

Maldito idiota insolente... Su mano finalmente soltó la palanca. No fue despacio, solo lo soltó, como quien tira y tensa de una cuerda, y la suelta. La palanca se sacudió, vibrando hasta retomar su posición. Su rostro se ensombreció. 

—No le temo a nada.

Una gran mentira, quizás su expresión ya hablaba por él más de lo que tenía previsto, no le importaba. Ahora mismo solo no sabía qué decir. Lo primero que se le apareció por la mente fue aquel que extrañaba en los meses que estaban transcurriendo. Su cabello rubio cayendo en forma de cascada, esos ojos azules, aquella sonrisa única, su forma de ser, el cuerpo que no hacía más que llamarlo como un lienzo único en todo el mundo con semejante perfección, la forma en la que su pecho parecía latir de otra forma que no recordaba haber latido por nadie. Alguien por quien casi estuvo a punto de dar su propia vida. Su rostro se iluminaba con la lluvia de luces de la tragaperras que estaba frente a él. Luego la imagen de una sonrisa femenina, piel tan pálida como la propia, ojos violetas, su cabello bicolor, mayormente blanco, aquella actitud tan viva que quería mantener. Los labios de Jin se apretaron entre sí, el puño se cerraba con fuerza. ¿Cuánto tiempo había quedado en silencio? Más del que debía, y ni él pudo contarlo. 

—Déjame darte un consejo, de hombre a niño.

Porque sí, seguía siendo un maldito niño para él. Descendió su cuerpo, tomando una de las monedas que acomodó en la tragaperras del joven, para así acercarse más, evitando que el sonido de su voz se hiciera de escuchar lejos de ellos dos. El tono de su voz se volvió más lento, serio, casi en una silenciosa amenaza característica en él. No se equivoquen, no era de forma voluntaria, ahora mismo los muros en su mente estaban lo más altos posible y su estado de alerta en un pico máximo. —Incluso si lo hubiera, no te lo diría a ti. — Allí estaba, aquella voz única en el hombre que podía hacer temblar a muchos de los hombres que habían trabajado bajo sus órdenes, siendo capaz de agacharles la cabeza. No lo iba a dejar sin una respuesta de todos modos. No había identidades, no los manifestaría en ninguna circunstancia, menos en un lugar donde había posibles oídos o a saber qué o quién más. —Solo te diré que si no lo sabes, es por algo. Piénsalo. Si no hubiera sabido de Gwendolyn, ella no habría terminado drogada. Si se me notara que tuviera a algo o alguien como Gwendolyn, Sohem lo habría aprovechado, mi jefe lo habría aprovechado, mis enemigos lo habrían aprovechado. — él mismo introdujo la moneda en la tragaperras de Owen, él mismo tomó la palanca ajena, sin pedir permiso, sus labios cerca de su oído, bajando incluso más la voz. —Ahora mismo no estaría en pie si me dedicara a declarar mis vulnerabilidades. A diferencia de ti, conservo lo que me importa bajo llave, incluso si tiene que ser bajo una máscara que me haga ver como un monstruo. Incluso si tengo que dañar lo que me importa para mantenerlo a salvo. Eso, jovencito, se llama seguridad. Tú darías tu vida, lo dices como si fuera algo que tuviera un gran valor, pero para donde estoy, eso es lo menos relevante. — Bajó la palanca, el momento justo, de modo que ahora la tragaperras donde se encontraba Owen sacó un triple 7. Las monedas comenzaron a caer bajo los pies del joven al momento que Jin apartaba su mano despacio.

—Si hay algo que sé de sobra, Owen, es que hacerte sufrir es más fácil que salvar quien te importa.

Apartó su rostro del oído ajeno, cruzándose de brazos, con los ojos todavía clavados en el joven. —Piénsalo. Antes de ir a por ti, irán a por ella primero. ¿La imaginas? Hazte una pequeña idea, ponte en mi lugar por un momento. Imagina que eres yo, y sigues exponiendo a Gwendolyn. Para dentro de apenas segundos ya están yendo detrás de ella. Si no saben del Akuma se terminaría revelando porque tendría que defenderse a la fuerza, y por lo que vi y conozco por el momento, es su único método de defensa inconsciente al punto que cuando peleamos con el Jefe, lo usó sin pensar y nos debilitó y fortaleció al enemigo. Luego, la tendrían en cautiverio y te caería la amenaza de aparecer o su muerte. Viéndote, irías de cabeza sin pensar en las consecuencias, sin pensar que es una trampa. — Descruzó los brazos, volviendo la mirada a la máquina, esta vez sin hacer nada. Él mismo se había visto en esa situación meses atrás. Rebuscó su bolsillo, sacando su cajita de metal, abriéndola, exponiendo el tabaco que tenía perfectamente ordenado, retirando un cigarrillo y colocándolo entre sus labios. 

—Ahora piensa en este escenario.

Retiró el mechero, encendiendo el cigarrillo y dando una larga calada, recordando la segunda situación en la que aquel rubio se vio envuelto. —Ahora ya no solo eres tú, sino una autoridad superior que puede ordenarte dañar a Gwendolyn. Tienes que demostrarle que no tienes nada con ella, porque si lo descubre, ella no solo morirá, sino que te verás forzado a matarla. No tienes otra opción, o la matan ellos, o la matas tú. ¿Qué harías? Son cosas que tengo que pensar en mi día a día. ¿Sigues creyendo que no debo mostrarme como siempre lo hago? ¿Incluso si consigo que la persona que pueda importarme me odie de por vida? — Expulsó el humo de sus labios, en un largo suspiro. Los ojos se volvieron a su alrededor. Algo se sintió extraño. No era la sensación de antes, que se seguía manteniendo. Era diferente. ¿Un aura? Arqueó una ceja, ahora confundido. Cerró los ojos, quizás el recuerdo solo le estaba haciendo ver cosas, pero de la nada parecía incluso percibir emociones, no de la forma que acostumbraba, no, más bien de otra forma, una que no comprendía. Cerró los ojos, solo viendo de nuevo aquellas extrañas figuras en su propia oscuridad. Sacudió la cabeza, y volvió a abrir los ojos, para volver a ver nada. Juraría que, por un momento, había podido ver a las personas con una extraña aura, cada uno con colores distintos, cada uno con formas distintas. Lo achacó al estrés de recordar y verse envuelto en ese tipo de situación. —En mi caso, no tengo ni el derecho de demostrar ni un solo ápice de debilidad o emociones ante nadie, ni amigos ni enemigos. En tu caso, solo eres un niñito mimado que no sabe nada de la vida, no la valora, ni mucho menos sabe lo que es vivir.

Cajita de Tabaco

[Imagen: bTjgVIr.png]


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RE: [Presente Absoluto] Ver sin ver (Entrenamiento de Kenbunshoku) - por Onizuka Jin - 18-02-2026, 03:00 PM

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