18-02-2026, 08:29 PM
La hoja de su katana cumplió su propósito con demasiada eficiencia, rasgó la parte externa del abdomen del capataz como cuchillo sobre mantequilla. La sangre brotó nuevamente, y cada vez que veía eso y no era la suya propia se afianzaba más. Desde luego no había acudido a aquel lugar con ningún afán por luchar, de hecho solo había un comentario objetivo que no había gustado. El quería estar tranquilo, pero lo atacaron, entre seis que ahora se quedaba como uno. El solo se estaba defendiendo. Pese a haber querido simplemente curiosear en aquella festividad se había visto envuelto en un problema. En lo más profundo de su mente había pensado que si no se metía en los asuntos ajenos podía convivir en paz con los Sambarianos.
El capataz, herido, retrocedió un par de pasos por lo que el lunarian aprovechó para terminar de levantarse, fue entonces cuando el dolor chilló ligeramente en su hombro. Intentar bloquear la hoja de una espada con su cuerpo no había sido la mejor de sus ideas. Estaba pecando de lo que tanto quería evitar, dejarse llevar por la emoción. La adrenalina corría por sus venas desde el mismo momento en que había tumbado a cinco personas de un solo tajo. Entonces empezó la fase de negación, justo la que venía antes de morir. El hombre no se sabía estar callado, y el lunarian si, pero no iba a ser menos. Entrar en esos juegos era lo suyo, provocar. Cuanta más ira acumulase más fuerte golpearía, de eso estaba seguro, pero sabía también que era cuando más descuidos se daban. - ¿Estas dos? - Sus alas azabaches se alzaron, como cuando un gato bufaba, se extendieron en su plenitud, hacia ambos lados. Podrían ocupar perfectamente el pasillo sobre el agua. Opacó parte de la luz que emitía el cálido fuego a su espalda, dejaba a su propia llama como una ascua más.
Su sombra se proyectó sobre el capataz, mientras hablaba. - Yo no me he adueñado de nada, os habéis enfadado por el comentario de un desconocido. Patético. Débil... - Lo pensaba de verdad pero aun así sabía que aquella era la herida que necesitaba provocar. - Te diría lo mismo, pero ni la fauna marina quieren dar un bocado de ese cuerpo tuyo... - Lo miró directamente a los ojos, sin apartar su mirada. Su voz, casi tranquila, sus expresiones y su rostro, revelaban un ceño fruncido, uno que se estaba dejando llevar por la violencia.
La sangre avisó, había dejado la charla para tomar aquel espadón con ambos brazos y, casi como un demente, empezaría la carga. Tras un grito, aquel espadón empezaría su giro masivo. El pirata, por otro lado, temiendo que le rebanara las piernas, tensó sus alas y con fuerza repelió el suelo de él. Alzó el vuelo en el mismo momento que la punta de sus alas tocaron el suelo elevándose dos metros hacia arriba, por los aires, como una sombra en la noche. Sintió el acero pasar cerca de sus alas y sus plumas se estremecieron. - Tengo que tener más cuidado con este tipo, es rápido... - Más de lo que le gustaría admitir.
La marcha de la peonza gigante continuó sin encontrarse más que la resistencia de los propio maderos del pseudo muelle, barriles llenos de un alcohol que salió disparado por todas partes. Un trozó de madera, probablemente formaba parte del pasillo, salió volando y Alek no tuvo más que alargar su mano para tomarlo. Usó su katana para cortar una esquina pequeña de aquel trozo, casi parecía pelar una patata. El trozó voló unos centímetros, se podía apreciar, para los que estuviesen muy atentos, como aquello se habría convertido en una pequeña judía verde. Con un rápido latigazo de su cuello y abriendo las fauces, la atrapó y la tragó. El sabor de la madera y el alcohol pasaron por su lengua. - Asqueroso... - Voceó sin elevar el tono de su voz. Inmediatamente sintió como sus fuerzas se reponían en un instante, aunque sus heridas seguían allí, chillando.
Metió el madero, empapado en alcohol, en uno de sus bolsillos, quizá lo utilizaría más tarde. Fijó de nuevo la vista en aquel pobre hombre que había decidido seguir los consejos que el alcohol profería sobre él. Ahora empuñaba dos armas y le sobraban las dos. - Pequeñín, yo vengo del infierno... - Zas. Cruzó el cielo como una exhalación en una pequeña diagonal hacia arriba, en dirección al gigante, extendiendo su katana como medidor. Su fuego dejaba una esquela fugaz tras de sí, dando la sensación de ser una estrella fugaz mal mirada. Detuvo su avance a un metro y medio por encima del borracho y sin mediar palabra, aún, lanzó un tajo directo hacia su otro hombro, el que cargaba el arma más pesada.
- ...y no aguantarías ni un solo segundo allí... - Terminó la frase que había empezado mientras que su arma se descargaba en dirección al nublado, cortando el aire con un agradable silbido.
Estaba muy equivocado, quizás habría que hacerlo de otro modo. Quizás...
Con miedo.
El capataz, herido, retrocedió un par de pasos por lo que el lunarian aprovechó para terminar de levantarse, fue entonces cuando el dolor chilló ligeramente en su hombro. Intentar bloquear la hoja de una espada con su cuerpo no había sido la mejor de sus ideas. Estaba pecando de lo que tanto quería evitar, dejarse llevar por la emoción. La adrenalina corría por sus venas desde el mismo momento en que había tumbado a cinco personas de un solo tajo. Entonces empezó la fase de negación, justo la que venía antes de morir. El hombre no se sabía estar callado, y el lunarian si, pero no iba a ser menos. Entrar en esos juegos era lo suyo, provocar. Cuanta más ira acumulase más fuerte golpearía, de eso estaba seguro, pero sabía también que era cuando más descuidos se daban. - ¿Estas dos? - Sus alas azabaches se alzaron, como cuando un gato bufaba, se extendieron en su plenitud, hacia ambos lados. Podrían ocupar perfectamente el pasillo sobre el agua. Opacó parte de la luz que emitía el cálido fuego a su espalda, dejaba a su propia llama como una ascua más.
Su sombra se proyectó sobre el capataz, mientras hablaba. - Yo no me he adueñado de nada, os habéis enfadado por el comentario de un desconocido. Patético. Débil... - Lo pensaba de verdad pero aun así sabía que aquella era la herida que necesitaba provocar. - Te diría lo mismo, pero ni la fauna marina quieren dar un bocado de ese cuerpo tuyo... - Lo miró directamente a los ojos, sin apartar su mirada. Su voz, casi tranquila, sus expresiones y su rostro, revelaban un ceño fruncido, uno que se estaba dejando llevar por la violencia.
La sangre avisó, había dejado la charla para tomar aquel espadón con ambos brazos y, casi como un demente, empezaría la carga. Tras un grito, aquel espadón empezaría su giro masivo. El pirata, por otro lado, temiendo que le rebanara las piernas, tensó sus alas y con fuerza repelió el suelo de él. Alzó el vuelo en el mismo momento que la punta de sus alas tocaron el suelo elevándose dos metros hacia arriba, por los aires, como una sombra en la noche. Sintió el acero pasar cerca de sus alas y sus plumas se estremecieron. - Tengo que tener más cuidado con este tipo, es rápido... - Más de lo que le gustaría admitir.
La marcha de la peonza gigante continuó sin encontrarse más que la resistencia de los propio maderos del pseudo muelle, barriles llenos de un alcohol que salió disparado por todas partes. Un trozó de madera, probablemente formaba parte del pasillo, salió volando y Alek no tuvo más que alargar su mano para tomarlo. Usó su katana para cortar una esquina pequeña de aquel trozo, casi parecía pelar una patata. El trozó voló unos centímetros, se podía apreciar, para los que estuviesen muy atentos, como aquello se habría convertido en una pequeña judía verde. Con un rápido latigazo de su cuello y abriendo las fauces, la atrapó y la tragó. El sabor de la madera y el alcohol pasaron por su lengua. - Asqueroso... - Voceó sin elevar el tono de su voz. Inmediatamente sintió como sus fuerzas se reponían en un instante, aunque sus heridas seguían allí, chillando.
Metió el madero, empapado en alcohol, en uno de sus bolsillos, quizá lo utilizaría más tarde. Fijó de nuevo la vista en aquel pobre hombre que había decidido seguir los consejos que el alcohol profería sobre él. Ahora empuñaba dos armas y le sobraban las dos. - Pequeñín, yo vengo del infierno... - Zas. Cruzó el cielo como una exhalación en una pequeña diagonal hacia arriba, en dirección al gigante, extendiendo su katana como medidor. Su fuego dejaba una esquela fugaz tras de sí, dando la sensación de ser una estrella fugaz mal mirada. Detuvo su avance a un metro y medio por encima del borracho y sin mediar palabra, aún, lanzó un tajo directo hacia su otro hombro, el que cargaba el arma más pesada.
- ...y no aguantarías ni un solo segundo allí... - Terminó la frase que había empezado mientras que su arma se descargaba en dirección al nublado, cortando el aire con un agradable silbido.
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