18-02-2026, 08:52 PM
El cuerpo de Garruk sale despedido tras el último corte de Maki como si la jungla misma lo hubiera escupido. La fuerza combinada de sus estocadas y aquel corte rasante lo arrastra varios metros, arrancando tierra y hojas bajo su espalda hasta que su cuerpo impacta contra el tronco de un árbol grueso. La corteza se resquebraja, una lluvia de astillas cae alrededor de él y durante un instante todo parece quedarse en silencio, como si incluso la isla estuviera evaluando si aquel fanático ha llegado a su límite. Su pecho sube y baja con violencia. La sangre se mezcla con el sudor y la tierra, empapando la tela de su chaqueta llena de parches. Sus guantes de combate, todavía ajustados a sus manos, tiemblan apenas mientras sus dedos se contraen. Está maltrecho, sin duda. El golpe en la cabeza lo ha dejado aturdido y los cortes arden con una intensidad que nubla la vista. Pero hay algo en sus ojos que no se ha apagado. No es odio. Es convicción.
Con un gruñido bajo, Garruk apoya una rodilla en el suelo y se obliga a levantarse. Cada movimiento parece costarle el doble de esfuerzo, pero aun así lo hace. Su mirada se fija en la figura imponente de Maki, transformada, verde y monstruosa, como una encarnación salvaje de la propia isla. Le escupe sangre a un lado y sonríe con los dientes teñidos de rojo.
-No… voy… a dejar… que los toques…-
Sus músculos comienzan a tensarse de una forma distinta. No es el movimiento caótico de antes; ahora hay intención, hay técnica. Sus brazos se contraen, los tendones marcándose bajo la piel mientras sus hombros crujen al girar. Su respiración se vuelve corta y concentrada, como si comprimiera toda la fuerza que le queda en un único punto. En un arranque brutal se impulsa hacia adelante, la tierra estallando bajo sus pies.
-¡MOTTO CHIKARA O III!-
El grito se mezcla con el rugido de la jungla mientras su puño derecho, endurecido por el guante de combate, avanza con una potencia distinta a la anterior. No busca intercambiar golpes. No busca medir fuerzas. Ese impacto concentra todo lo que le queda, proyectando una fuerza superior a la de sus movimientos habituales, un único golpe devastador dirigido directo al torso de Maki, intentando atravesar su defensa a base de pura determinación.
Mientras tanto, al otro lado del claro, Brunn no corre con la misma suerte. La patada de Hyakinthos impacta en la parte posterior de su cabeza con una violencia que le hace perder completamente el equilibrio. Su cuerpo pesado se desploma hacia adelante, varios recipientes de muestra salen disparados de su chaleco, cayendo varios metros más allá. Su visión se llena de destellos blancos y un pitido agudo invade sus oídos. Durante un segundo eterno, no entiende dónde está ni qué ocurrió.
Pero el fanatismo, igual que en su compañero, es un combustible peligroso. Con esfuerzo torpe rueda sobre sí mismo, tosiendo, sintiendo la sangre caliente descender por su nuca. Sus dedos aún aprietan el gatillo de su rifle. Sus ojos, desorbitados y húmedos, buscan a Hyakinthos con una mezcla de miedo y furia.
-¡No… no los usarás como escudo!- escupe entre dientes.
Su respiración se acelera mientras alza el arma con ambas manos esta vez, estabilizando el temblor de sus brazos. Ya no dispara al azar. Ahora apunta. Sus pupilas se afinan, su postura se ajusta, y durante una fracción de segundo todo su cuerpo parece alinearse con el objetivo.
-¡Subayai Te III!-
El disparo rompe el aire con una velocidad distinta, más limpia, más precisa. No es un tiro desesperado como antes, sino un tiro ejecutado con puntería afinada, igual de veloz como certero, dirigido hacia Hyakinthos con la intención clara de perforar, de detener, de acabar con la amenaza antes de que vuelva a acercarse.
El claro vuelve a llenarse de estruendos, rugidos y el olor metálico de la sangre. Los dinosaurios enfermos se agitan alrededor, atrapados en medio de una batalla que no comprenden, mientras la jungla observa impasible cómo humanos y bestias se desangran bajo su sombra milenaria.
Con un gruñido bajo, Garruk apoya una rodilla en el suelo y se obliga a levantarse. Cada movimiento parece costarle el doble de esfuerzo, pero aun así lo hace. Su mirada se fija en la figura imponente de Maki, transformada, verde y monstruosa, como una encarnación salvaje de la propia isla. Le escupe sangre a un lado y sonríe con los dientes teñidos de rojo.
-No… voy… a dejar… que los toques…-
Sus músculos comienzan a tensarse de una forma distinta. No es el movimiento caótico de antes; ahora hay intención, hay técnica. Sus brazos se contraen, los tendones marcándose bajo la piel mientras sus hombros crujen al girar. Su respiración se vuelve corta y concentrada, como si comprimiera toda la fuerza que le queda en un único punto. En un arranque brutal se impulsa hacia adelante, la tierra estallando bajo sus pies.
-¡MOTTO CHIKARA O III!-
El grito se mezcla con el rugido de la jungla mientras su puño derecho, endurecido por el guante de combate, avanza con una potencia distinta a la anterior. No busca intercambiar golpes. No busca medir fuerzas. Ese impacto concentra todo lo que le queda, proyectando una fuerza superior a la de sus movimientos habituales, un único golpe devastador dirigido directo al torso de Maki, intentando atravesar su defensa a base de pura determinación.
Mientras tanto, al otro lado del claro, Brunn no corre con la misma suerte. La patada de Hyakinthos impacta en la parte posterior de su cabeza con una violencia que le hace perder completamente el equilibrio. Su cuerpo pesado se desploma hacia adelante, varios recipientes de muestra salen disparados de su chaleco, cayendo varios metros más allá. Su visión se llena de destellos blancos y un pitido agudo invade sus oídos. Durante un segundo eterno, no entiende dónde está ni qué ocurrió.
Pero el fanatismo, igual que en su compañero, es un combustible peligroso. Con esfuerzo torpe rueda sobre sí mismo, tosiendo, sintiendo la sangre caliente descender por su nuca. Sus dedos aún aprietan el gatillo de su rifle. Sus ojos, desorbitados y húmedos, buscan a Hyakinthos con una mezcla de miedo y furia.
-¡No… no los usarás como escudo!- escupe entre dientes.
Su respiración se acelera mientras alza el arma con ambas manos esta vez, estabilizando el temblor de sus brazos. Ya no dispara al azar. Ahora apunta. Sus pupilas se afinan, su postura se ajusta, y durante una fracción de segundo todo su cuerpo parece alinearse con el objetivo.
-¡Subayai Te III!-
El disparo rompe el aire con una velocidad distinta, más limpia, más precisa. No es un tiro desesperado como antes, sino un tiro ejecutado con puntería afinada, igual de veloz como certero, dirigido hacia Hyakinthos con la intención clara de perforar, de detener, de acabar con la amenaza antes de que vuelva a acercarse.
El claro vuelve a llenarse de estruendos, rugidos y el olor metálico de la sangre. Los dinosaurios enfermos se agitan alrededor, atrapados en medio de una batalla que no comprenden, mientras la jungla observa impasible cómo humanos y bestias se desangran bajo su sombra milenaria.
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*Pienso* -Hablo- Narro
![[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]](https://i.imgur.com/5IZMHzN.jpeg)
