18-02-2026, 08:55 PM
(Última modificación: 18-02-2026, 08:56 PM por Tensui Marlin.)
He pensado en esto durante demasiado tiempo. No fue un impulso, no fue una rabieta nacida del dolor, fue una decisión que se fue formando lentamente, día tras día, como una marea que sube sin que nadie la note hasta que ya es imposible detenerla. Vengarme por aquel hermano del mar que cayó sin recibir justicia, por su hija, perdida en un mundo que nunca fue amable con ella y sin posibilidad de encontrarla en lo pronto.
Por las mujeres arrancadas de sus vidas, por los niños convertidos en huérfanos por culpa de hombres que juegan a ser dioses desde tronos de oro, todo eso pesa, todo eso permanece duramente en mi corazón, durante meses observé, escuché y esperé. Reuní nombres, rutas, horarios, guardias, sobornos, silencios comprados con miedo y me contuve cuando lo más fácil habría sido arrasar con todo desde el principio, porque la rabia ciega destruye, pero no corrige y yo no quería solo destruir, quería terminar con esto en esta isla al menos.
Esperé demasiado, quizá, más de lo necesario sí, pero ya no hay excusas, esta noche, cuando el sol se hunda y la ciudad finja dormir, yo me moveré, entraré en la mansión de ese bastardo noble, Voldimore, pero no como un monstruo, no como un asesino sin rumbo, entraré como lo que soy, un gyojin que recuerda, un hombre que no olvida y alguien dispuesto a cargar con las consecuencias si eso significa que nadie más tenga que desaparecer en silencio.
Observé una vez más los planos que DaSilva me había entregado, no era la primera vez que los revisaba, pero esperaba que realmente esta sea la última, con una memoria eidética puedo tener esos planos en mi cabeza durante toda mi vida con tan solo una vista, aun así, intentaba buscar algo más cada vez que veía nuevamente los planos. Mis ojos recorrieron cada pasillo, cada escalera, cada punto ciego marcado con tinta tenue, si la información era correcta y esperaba que DaSilva no me hubiera mentido, tenía al menos tres rutas viables para infiltrarme en la mansión sin levantar sospechas, todos eran puertas abiertas para quien supiera mirar.
Entraría de noche. Sí, habría más guardias, sí, el riesgo sería mayor, pero también lo sería la ventaja, durante el día, la mansión estaba viva, criados, visitantes, comerciantes, ruido. Demasiadas variables, demasiadas miradas, demasiadas oportunidades para que algo saliera mal, de noche, en cambio, todo se reducía a patrones, rondas, turnos, sombras y yo me movía mejor entre sombras. Además, la oscuridad era mi aliada. Me permitía desaparecer sin dejar rastro, hundirme en el suelo, emerger donde nadie esperaba, borrar mi presencia como si nunca hubiera estado allí. Ese factor sorpresa, esa ilusión de ausencia era mi arma más peligrosa.
No me interesaba pelear con todos, me interesaba llegar al objetivo. doblé el plano con cuidado y lo guardé en el compartimento interno de mi abrigo, ya no necesitaba mirarlo más, lo tenía memorizado. Esta noche, la mansión dejaría de ser un refugio, se convertiría en un campo de caza.
Por las mujeres arrancadas de sus vidas, por los niños convertidos en huérfanos por culpa de hombres que juegan a ser dioses desde tronos de oro, todo eso pesa, todo eso permanece duramente en mi corazón, durante meses observé, escuché y esperé. Reuní nombres, rutas, horarios, guardias, sobornos, silencios comprados con miedo y me contuve cuando lo más fácil habría sido arrasar con todo desde el principio, porque la rabia ciega destruye, pero no corrige y yo no quería solo destruir, quería terminar con esto en esta isla al menos.
Esperé demasiado, quizá, más de lo necesario sí, pero ya no hay excusas, esta noche, cuando el sol se hunda y la ciudad finja dormir, yo me moveré, entraré en la mansión de ese bastardo noble, Voldimore, pero no como un monstruo, no como un asesino sin rumbo, entraré como lo que soy, un gyojin que recuerda, un hombre que no olvida y alguien dispuesto a cargar con las consecuencias si eso significa que nadie más tenga que desaparecer en silencio.
Observé una vez más los planos que DaSilva me había entregado, no era la primera vez que los revisaba, pero esperaba que realmente esta sea la última, con una memoria eidética puedo tener esos planos en mi cabeza durante toda mi vida con tan solo una vista, aun así, intentaba buscar algo más cada vez que veía nuevamente los planos. Mis ojos recorrieron cada pasillo, cada escalera, cada punto ciego marcado con tinta tenue, si la información era correcta y esperaba que DaSilva no me hubiera mentido, tenía al menos tres rutas viables para infiltrarme en la mansión sin levantar sospechas, todos eran puertas abiertas para quien supiera mirar.
Entraría de noche. Sí, habría más guardias, sí, el riesgo sería mayor, pero también lo sería la ventaja, durante el día, la mansión estaba viva, criados, visitantes, comerciantes, ruido. Demasiadas variables, demasiadas miradas, demasiadas oportunidades para que algo saliera mal, de noche, en cambio, todo se reducía a patrones, rondas, turnos, sombras y yo me movía mejor entre sombras. Además, la oscuridad era mi aliada. Me permitía desaparecer sin dejar rastro, hundirme en el suelo, emerger donde nadie esperaba, borrar mi presencia como si nunca hubiera estado allí. Ese factor sorpresa, esa ilusión de ausencia era mi arma más peligrosa.
No me interesaba pelear con todos, me interesaba llegar al objetivo. doblé el plano con cuidado y lo guardé en el compartimento interno de mi abrigo, ya no necesitaba mirarlo más, lo tenía memorizado. Esta noche, la mansión dejaría de ser un refugio, se convertiría en un campo de caza.
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