08-11-2023, 05:22 PM
Irina, tan seria como siempre, recibió a Alzeid con algún que otro cumplido. Al menos para como ella era. Cierto es que no se conocían desde hace mucho tiempo, sólo un par de días, pero dicen que los maníacos se entienden mejor entre ellos. Este era un caso de esos. Irina era una persona seria, aparentemente responsable, pero que parecía guardar bajo esa fachada una personalidad tan o más turbia que la del joven andrógino. - ¿Del todo horrible? – Repitió sus palabras. Se puso de pie y comenzó a girar sobre sí mismo un par de veces. Se separó unos cuantos pasos y comenzó a caminar hacia ella, manteniéndole la mirada y jugando con su cabello. – Me queda fabuloso... – Se mordió el dedo índice. – Mi alma nunca había estado tan contenta con un nuevo outfit. Es perfecto para cazar hombres como los que buscamos. – Volvió a sentarse y dejó salir una pequeña carcajada ante el rápido movimiento de Irina con la tostada, que parecía engullirla sin siquiera saborearla. – No te preocupes... Come despacio y disfruta. Las almas están deliciosas. – Le guiñó un ojo, como muestra de ‘compañerismo maníaco’, aceptando aquel extraño gusto de la pelirroja. El café todavía quemaba, así que Alzeid continuó haciendo un examen visual del local.
Tan pronto entró Daryl por la puerta del local, Alzeid, atento como de costumbre, comenzó a ondear con el dedo índice de su mano derecha una de sus coletas, que caía por encima de sus hombros. Llegados a este punto, esto era ya personal. Mantuvo la mirada en él hasta que se sentó en la mesa con el resto del grupo. No parecía muy descansado, pero tampoco Alzeid. Dormir estaba infravalorado. – Todo correcto, Daryl, pero... – Dio un sorbo al café. Estaba ya frío, pero a él le encantaba que enfriase en la taza. - ¿Acaso nos has visto demasiado guapas y te preocupa emocionarte en medio de una misión? – Se muerde el labio. Continuaba jugando con una de sus coletas, mientras que con la otra mano estaba sujetando la taza de café. – Esa sonrisa te ha delatado. – Dijo, mientras devolvía la sonrisa. A Alzeid le encantaba el coqueteo y para él era una forma de jugar y entretenerse, pero no le gustaba cuando no sentía reciprocidad. Él, que se tenía en tan alta estima, se sentía dolido cuando otras personas no eran conscientes de su belleza. Incluso un vestido le quedaba bien, ¿qué más podía pedir alguien? Que nadie hubiese mencionado su vestimenta de forma directa y expresa era la peor manera de herir su orgullo. La guinda del pastel fue cuando Irina se refirió a los intentos de tocamientos durante la noche. ¿Eso era verdad? ¿Y él se lo había perdido? - ¿Por eso habíais cogido una habitación para vosotros dos? Pensé que nos podríamos divertir todos pero... – Suspiró fuertemente. – Veo que ya os divertís juntos entre vosotros. – Bebió el fondo de café que le quedaba en la taza. – Mi alma... está llorando. – Era mentira. – Menos mal que no soy celoso. – Se llevó las manos al rostro, cubriéndolo, simulando un estado de tristeza completamente fingido. Separó los dedos de manera que su ojo derecho quedaba descubierto. – Pero Irina, recuerda que no debemos matar. Si matas a Daryl... no podré probar su alma. – Se descubrió completamente la cara para acercarse un poco más a ambos, apoyándose en la mesa. – Y eso... no podría perdérmelo. – Se lamió los labios y volvió a echarse hacia atrás, apoyando la espalda en la silla. Estiró los brazos y bostezó. Estaba cansado, así que pidió otro café. - Será rápido. - Y, unos segundos después, ya se lo habrían puesto en la mesa.
Alzeid apartó el café a un lado y se acercó al centro de la mesa, jugando con su cabello. - ¿Os habéis fijado en aquella mujer que no deja de mirarnos? - Indicó con la cabeza la dirección en la que se encontraba. Estaba sola, parecía que sumergida en sus pensamientos y escribiendo, pero no había parado de mirar al grupo de Cipher Pol. - Creo que su alma quiere juntarse con la nuestra. - Acercó la taza y le dio un sorbo. - ¿Os apetece? - Continuó bebiendo.
Alzeid apartó el café a un lado y se acercó al centro de la mesa, jugando con su cabello. - ¿Os habéis fijado en aquella mujer que no deja de mirarnos? - Indicó con la cabeza la dirección en la que se encontraba. Estaba sola, parecía que sumergida en sus pensamientos y escribiendo, pero no había parado de mirar al grupo de Cipher Pol. - Creo que su alma quiere juntarse con la nuestra. - Acercó la taza y le dio un sorbo. - ¿Os apetece? - Continuó bebiendo.
Karmas
