18-02-2026, 09:14 PM
Al sentir que estaba claramente reacio a que me levantara, que su intención no era solo detenerme sino marcar un límite muy preciso, opté por quedarme en el mismo lugar. No forcejeé, no insistí. Simplemente permanecí allí, en silencio, escuchando cada una de sus palabras con atención. Aun así, no estaba del todo convencido por lo que decía; había algo en su tono, en la manera en que construía sus argumentos, que me hacía dudar. Sin embargo, incluso yo sabía que esa falta de convicción no cambiaba demasiado las cosas en ese momento.
Mi opinión no alteraba la realidad.
El hombre tenía razón en lo esencial. La situación era tan simple como incómoda: estábamos por entrar en su territorio. Eso significaba aceptar, de manera implícita, que él llevaba la ventaja. No me sorprendería en absoluto que, si las cosas se torcían, amenazara con dispararle al mayor… o a mi o cualquier otro desastre que solo esperaba ocurrir. Era el tipo de movimiento que alguien en su posición utilizaría para asegurarse el control, para recordarnos que allí las reglas las imponía él.
Después de todo, nosotros éramos los que cruzábamos la línea invisible. Los que avanzábamos hacia un terreno que no conocíamos del todo, bueno eso no era cierto: Por supuesto que el pelinegro sabía todo más que yo, pero aún así me sentía en desventaja.
Por eso me quedé quieto, asimilando lo que implicaba. — Estaré bien, ya viste que soy fuerte así que no se de que te preocupas ¿me entiendes? — Tal vez no era la respuesta que quería pero era la que podría darle desde la sinceridad y correspondí a su beso con suavidad esperando poder calmar su ansía, apoyándome contra su mano mientras lo observaba

Me tomó completamente por sorpresa que se arrodillara frente a mí. No lo esperaba. Por un instante pensé que iba a abalanzarse, o que diría algo más, pero en lugar de eso descendió, como si el peso de algo invisible le hubiera vencido las piernas. Instintivamente me incliné hacia adelante para quedar más cerca suyo, reduciendo la distancia entre nosotros, intentando descifrar lo que pasaba por su mente.
Ante sus palabras no pude evitar sentirme identificado. Esa sed de sangre que nace cuando te enfrentas a alguien que crees más fuerte que tú. Esa mezcla amarga entre… el odio. La impotencia de saber que, por más que lo intentes, el otro parece estar siempre un paso adelante.
La conocía demasiado bien.
Es una sensación que no solo arde; consume. Te obliga a cuestionarte, a medir tu propio valor en comparación constante, aunque sea a costa de todo. No es simple rabia. Es orgullo herido. Es frustración acumulada. Es la necesidad desesperada de probar algo, aunque no sepas exactamente qué y obvio que puedes ¿pero es realmente una victoria si el precio a pagar es tu propia vida? No se pretende ser igual en una pelea justa, pero ser mucho más porque la derrota no está en tus planes.
Era estúpido asegurarle que no lo contaría. No tenía razón para ello. Solo suspiré y entonces comprendí que meterme era estúpido. Así como tampoco quisiera que se metieran en mi propia misión. Quiero matarlo yo mismo, con mis propias manos después de todo y sin ayuda. —Bien, pero no puedo asegurarte ser prudente ¿me entiendes? Aún así lo intentaré, al menos limitarme. —

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