Día 5 de verano | Año 16
Era ya la tercera vez que la veían haciendo trampa en las cartas. Y era la segunda vez que la perseguían con ganas de darle una paliza por eso. Yuuki corría por su vida con una bolsa de dinero vacía en la mano y trataba de encontrar un lugar en donde esconderse pues esta vez parecía que no se iban a detener hasta poder encontrarla. Y no era para menos, casi les roba la bella cantidad de diez mil berries en aquella mesa de cartas. Incluso lograron descubrirla justo antes de que reclamara la recompensa, razón por la cual iba con la bolsa en la mano.
Ella saltó por los techos y corrió a través de las casas de Samba, en la zona que más le gustaba deambular, que era la intermedia entre el río y la gente privilegiada. Algo así como la "clase media", que era donde estaban la mayoría de comercios, hoteles y hostales que solían frecuentar los marineros y visitantes a la isla.
No esperaba haberse tenido que encontrar en esa situación cuando se tomó el té de la mañana, que es cuando planeaba sus cosas. Pero allí estaba. Y cuando vio que uno de los hostales tenía una ventana abierta, no dudó en zambullirse directo dentro de esa habitación.
Para su suerte, estaba vacía. Vacía de que no había nadie allí inmediatamente, porque luego de terminar de aterrizar en la cama y de cerrar la ventana y la cortina, notó que alguien estaba ocupando el lugar. Alguien con muchas cosas para llevarse por ahí.
—Ciertamente... —Dijo para sí misma mientras tomaba un tridente que estaba allí. Y también algunas monedas y otras cosas que encontró. Podrían venderse a bajo precio. Pero eran berries que podía rascar... y ahora se tenía una deuda consigo misma por miles de berries.
¿Cuánto costaría el tridente? Se preguntó una y otra vez mientras lo revisaba. Era un arma poco convencional de ver en tierra, aunque muchos pescadores en Baterilla los usaban. Ah, y los Gyojin. Era un arma para usar en el agua, era claro. Y ese tridente en específico se veía caro.
No sabía si el dueño iba a llegar pronto o tarde. Pero sabía que afuera aún la buscaban. Así que decidió apostar por enfrentarse al dueño del tridente. Al menos ese era uno solo y no una turba de piratas molestos que la desplumarían viva si lograban echarle mano.
Con eso en mente, se sentó en la cama y recuperó el aliento y las fuerzas de la carrera previa. Y entonces aguardó.
Cuando la puerta de la habitación, Yuuki tomó el tridente y apuntó como si fuera una lanza contra un animal, sintiéndose acorralada. Y por un instante pensó que habría sido mejor el haberse enfrentado a la turba furiosa. Lo que esa persona vería entonces sería a una birkaniana nerviosa, apuntandole con el tridente mientras hacía una mueca de terrible arrepentimiento mezclada con una sonrisa patética.

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