19-02-2026, 02:32 AM
- Supongo que solo resta acostumbrarse -. Se encogió de hombros ante las palabras del otro hombre, ya habiendo asumido que nunca iba a encontrar una completa normalidad en un mundo de piratas. Después de tantos problemas, amistades, enemigos, piedras en el camino, poco le podía afectar una actitud que ya había aprendido a aceptar.
Suspiró, dejando salir vaho entre sus labios. Las temperaturas de esa isla le gustaban mucho más que las de Little Garden, pero si no se cuidaba podría terminar bastante mal, por lo que, al igual que su compañero, llevaba prendas acordes a la situación. Eso sí, claramente llevaba menos capas encima que el médico. Su característica chaqueta había sido cambiada por un abrigo negro, con una capucha lo suficientemente grande como para ocultarle el rostro, que claramente llevaba puesta desde que salieron hacia su desconocido destino. - Maldigo mi actual incapacidad para comprar los ingredientes sin causar un alboroto -. No lo había intentado, aparecerse por el pueblo más cercano sin intentar esconderse, pero tampoco quería intentarlo. - Al menos en Little Garden no tenía que pensar en eso -.
Una moneda en su mano derecha realizó un sonido metálico en cuento fue lanzada hacia arriba usando su pulgar, siendo atrapada en su caída de nuevo por el cocinero. El pequeño objeto se movió entre sus dedos, de forma tosca, débil, desordenada incluso. Su maestro le había mandado a realizar ejercicios así con monedas o lápices cuando comenzó a entrenarlo para usar una espada, pero ni había vuelto a repetirlos ni los había practicado con su mano no dominante. Ahora que estaba en búsqueda de mejorar en ese ámbito que tanto lo debilita, parecía una buena idea comenzar por las cosas básicas. - Dime, ¿hay algo que te gustaría cenar? Se que las comidas calientes son imprescindibles en esta isla, pero si quieren comer algo frio solo deben decírmelo -. La moneda se resbaló en una mala maniobra de sus dedos, pero fue atrapada casi al instante por su otra mano, demostrándole incluso a él la diferencia que existía.
Antes de dar otro paso, las palabras del contrario lo alertan de algo que a él se le hace imposible distinguir. - ¿Escuchar que? -. Solo notaba un débil rasguño contra algo sólido, y al intentar buscar el origen notó el hielo que se comenzó a extender por el suelo. No era una gran capa, pero lo suficiente para indicarle que muy seguramente se trataba de un lago congelado, y ahora se le hacía muy claro de que se trataba ese sonido.
No hace falta mucho tiempo más para que las figuras de dos patinadores hagan aparición, un hombre con un traje rosa y una mujer con un traje azul. Uker solo los observa sin mucho animo, pero sus acciones rápidamente demuestran ser de hostilidad y burla hacia ellos, tumbando a Kiyoshi y simplemente riéndose de ellos. - ¿Estás bien? -. Se agacha con lentitud junto a su amigo, sin prisa, prestando más atención a quien ahora estaba en el suelo que a los dos “artistas”, pero sin que su tono de voz muestre preocupación alguna. - Ya te dije que no me llames por mi nombre, podríamos meternos en problemas -. Aún así, se levantó como pudo, haciendo un esfuerzo en mantener sus movimientos lo más básicoS que podía, con tal de no resbalar.
Observó a las dos figuras, aún sonrientes y expectantes de ver que haría el extranjero contra ellos. Por un momento pensó en descubrir su rostro y que lo reconozcan, eso podría ahuyentarlos con facilidad, pero podría traerles complicaciones que no estaba dispuesto a pasar. Ambas personas comenzaron a dar vueltas alrededor de ellos, haciendo que el cocinero los pierda de vista a momentos. Un empujón llegó directamente a su espalda, provocando que se desestabilice y tenga que intentar recuperar el equilibrio, mientras sus pies simplemente se deslizaban y no le permitían detenerse.
Ese movimiento involuntario lo llevó a encontrarse y chocar contra el hombre en traje rosa, quien quiso tumbar a propósito, pero lo único que pudo hacer es ser tomado por el hombro y casi que arrastrado hacia el suelo por un Uker sin equilibrio. El cocinero no tardo en dejar al contrario tumbado en el hielo, apoyando un pie en su espalda para usarlo de apoyo y no volver a resbalarse tanto. - Supongo que esto te enseñará, o algo así -. Soltó esa frase sin ganas, mientras que su mano derecha se adentró en el bolsillo de su chaqueta y sacó de este un manojo de monedas más.
Con un movimiento rápido pero no preciso, lanzó el conjunto de dinero al suelo, dejando que se esparcieran en la zona frente a él, justo por donde la otra patinadora debía cruzar para acercarse. Con un gesto de su mano, la invitó a intentar empujarlo de nuevo, ahora habían entorpecido su avance con las monedas. No sabía patinar, pero sabía que cualquier irregularidad en el terreno haría que la hoja de su calzado sea su mayor enemiga, aún más si se trataba de algo solido y duro como el metal. - Vamos vamos, no tengo todo el día -.
Si estuviera amenazándolos de verdad, podría aplicar más fuerza en la pierna que se estaba encargando de mantener el tipo bajo sus pies, pero simplemente estaba esperando que se disculparan y se fueran.
Suspiró, dejando salir vaho entre sus labios. Las temperaturas de esa isla le gustaban mucho más que las de Little Garden, pero si no se cuidaba podría terminar bastante mal, por lo que, al igual que su compañero, llevaba prendas acordes a la situación. Eso sí, claramente llevaba menos capas encima que el médico. Su característica chaqueta había sido cambiada por un abrigo negro, con una capucha lo suficientemente grande como para ocultarle el rostro, que claramente llevaba puesta desde que salieron hacia su desconocido destino. - Maldigo mi actual incapacidad para comprar los ingredientes sin causar un alboroto -. No lo había intentado, aparecerse por el pueblo más cercano sin intentar esconderse, pero tampoco quería intentarlo. - Al menos en Little Garden no tenía que pensar en eso -.
Una moneda en su mano derecha realizó un sonido metálico en cuento fue lanzada hacia arriba usando su pulgar, siendo atrapada en su caída de nuevo por el cocinero. El pequeño objeto se movió entre sus dedos, de forma tosca, débil, desordenada incluso. Su maestro le había mandado a realizar ejercicios así con monedas o lápices cuando comenzó a entrenarlo para usar una espada, pero ni había vuelto a repetirlos ni los había practicado con su mano no dominante. Ahora que estaba en búsqueda de mejorar en ese ámbito que tanto lo debilita, parecía una buena idea comenzar por las cosas básicas. - Dime, ¿hay algo que te gustaría cenar? Se que las comidas calientes son imprescindibles en esta isla, pero si quieren comer algo frio solo deben decírmelo -. La moneda se resbaló en una mala maniobra de sus dedos, pero fue atrapada casi al instante por su otra mano, demostrándole incluso a él la diferencia que existía.
Antes de dar otro paso, las palabras del contrario lo alertan de algo que a él se le hace imposible distinguir. - ¿Escuchar que? -. Solo notaba un débil rasguño contra algo sólido, y al intentar buscar el origen notó el hielo que se comenzó a extender por el suelo. No era una gran capa, pero lo suficiente para indicarle que muy seguramente se trataba de un lago congelado, y ahora se le hacía muy claro de que se trataba ese sonido.
No hace falta mucho tiempo más para que las figuras de dos patinadores hagan aparición, un hombre con un traje rosa y una mujer con un traje azul. Uker solo los observa sin mucho animo, pero sus acciones rápidamente demuestran ser de hostilidad y burla hacia ellos, tumbando a Kiyoshi y simplemente riéndose de ellos. - ¿Estás bien? -. Se agacha con lentitud junto a su amigo, sin prisa, prestando más atención a quien ahora estaba en el suelo que a los dos “artistas”, pero sin que su tono de voz muestre preocupación alguna. - Ya te dije que no me llames por mi nombre, podríamos meternos en problemas -. Aún así, se levantó como pudo, haciendo un esfuerzo en mantener sus movimientos lo más básicoS que podía, con tal de no resbalar.
Observó a las dos figuras, aún sonrientes y expectantes de ver que haría el extranjero contra ellos. Por un momento pensó en descubrir su rostro y que lo reconozcan, eso podría ahuyentarlos con facilidad, pero podría traerles complicaciones que no estaba dispuesto a pasar. Ambas personas comenzaron a dar vueltas alrededor de ellos, haciendo que el cocinero los pierda de vista a momentos. Un empujón llegó directamente a su espalda, provocando que se desestabilice y tenga que intentar recuperar el equilibrio, mientras sus pies simplemente se deslizaban y no le permitían detenerse.
Ese movimiento involuntario lo llevó a encontrarse y chocar contra el hombre en traje rosa, quien quiso tumbar a propósito, pero lo único que pudo hacer es ser tomado por el hombro y casi que arrastrado hacia el suelo por un Uker sin equilibrio. El cocinero no tardo en dejar al contrario tumbado en el hielo, apoyando un pie en su espalda para usarlo de apoyo y no volver a resbalarse tanto. - Supongo que esto te enseñará, o algo así -. Soltó esa frase sin ganas, mientras que su mano derecha se adentró en el bolsillo de su chaqueta y sacó de este un manojo de monedas más.
Con un movimiento rápido pero no preciso, lanzó el conjunto de dinero al suelo, dejando que se esparcieran en la zona frente a él, justo por donde la otra patinadora debía cruzar para acercarse. Con un gesto de su mano, la invitó a intentar empujarlo de nuevo, ahora habían entorpecido su avance con las monedas. No sabía patinar, pero sabía que cualquier irregularidad en el terreno haría que la hoja de su calzado sea su mayor enemiga, aún más si se trataba de algo solido y duro como el metal. - Vamos vamos, no tengo todo el día -.
Si estuviera amenazándolos de verdad, podría aplicar más fuerza en la pierna que se estaba encargando de mantener el tipo bajo sus pies, pero simplemente estaba esperando que se disculparan y se fueran.
