El Día que el Umami Salvó el Saborrrr de un Horrible Pato Dientón :: Pasado :: Priv.
#1
Narrador / María Merlot



……………………………….

Día 12 de Invierno.
Año 16.
En algún lugar del mar cercano a Whisky Peak.
5:46 a.m.

María observaba el amanecer desde la broa del Flush Royal, el nuevo navío de los Piratas Manos Muertas. Ahí sentada sobre el mascaron con formar en honor a Cara Melo, esperaba el comienzo de un nuevo día. A diferencia de Hyakinthos, a ella le gustaba pasar la mayor parte del tiempo posible despierta, porque sus ensoñaciones eran más fáciles de encausar con la consciencia activa… diferente a la inconsciencia dónde las pesadillas podían hacerse presente sin aviso… y con crueldad.

Con las piernas cruzadas y su parte superior moviéndose con el vaivén de las olas, o más bien como si escuchara una melodía que la hacia danzar, se dejo invadir por la paz y tranquilidad del momento. A la lejanía el sol comenzaba su ascenso, opacando con su brillo a las pequeñas estrellas, que en su imaginación se iban a descansar para estar listas otra vez al anochecer, en un ciclo sin fin de titilar y guiar a los marineros. Aunque según Thrym, no se iban a dormir, siempre estaban ahí, solo que era más difícil verlas.

El cielo, antes del completo despertar del astro rey, se tiño de un leve rojizo anaranjado. Ese color en específico, el rojo, la hizo pensar en el encuentro que había tenido hacia apenas dos días con su Esposo de Mentiras. Sus labios poco a poco fueron formando una suave y tímida sonrisa, que luego se convirtió en una que alumbro por completo sus hermosas facciones, porque recordó aquella risa única y especial “Trehehehe”. Llevo sus manos al rostro, e intento imitarlo en su tonta soledad — Trehehehe Trehehehe — su voz no podía competir con la del masculino, por ende, no se asemejo nada al sonido que ella escucho, pero el simple hecho de saber que se trataba de algo sobre él, la hizo ampliar su sonrisa — Bertram Gaufrid — musito su nombre, uno que luego de su shock, pudo volver a disfrutar… y saborear. Solo su hermano, Jensen Valentine, sabía sobre lo sucedido en el foso… y su peculiar matrimonio con un marine pelirrojo. Él era su secreto, y aun no estaba lista para revelarlo a nadie de su tripulación ¿Por qué? Ni ella lo sabía con seguridad, como tampoco entendió porque le afecto tanto, que la transporto a sus más profundos miedos. Y la verdad fuera dicha, tampoco quería buscarle explicación… tal vez, solo quería tener algo solo suyo, y eso solo suyo era el perfecto marine pelirrojo, o más bien los recuerdos de sus curiosas interacciones. No era atracción ni amor romántico, María no conocía el significado de esa palabra, en su mente era un idioma que no hablaba; lo que sentía era curiosidad genuina por alguien que tenia algo que nunca podría tener: una vida normal. Sí, tenía que ser eso. Solo el capricho y la cotilla de concebir cómo se siente su perfecta existencia… ¿Cierto?

Cuando el sol termino de fascinarla con su presencia, y el cielo azul competía con el tono de su larga cabellera, la joven se levantó, estiro y emprendió una pacifica caminata por la barandilla del barco, con gracia y elegancia, y aunque cayera, sería a su amado mar, un chapuzón siempre le vendría bien. Fue entonces cuando el sonido proveniente de la cocina, llamo su atención, seguido de la hermosa Oni de hebras blanquecina. Estaba hablando sola, ignorando su presencia, tirando de sus cabellos hasta que la vio, y la molestia de antes se convirtió en una sonrisa traviesa…

“María”

Fue el inicio de la cruzada que la llevaría ese día hacia el pueblo de Whisky Peak, una misión de vida o muerte, encomendada por alguien mucho más grande que ella y con cuernos. No podía darse el lujo de fallar, no podía decepcionar a la Cocinera, ni ser la culpable de la inanición de sus nakamas…

Día 12 de Invierno.
Año 16.
En algún lugar del Pueblo de Whisky Peak.
9:27 a.m.

¿Dónde estaba?
Curiosamente, ella si lo sabía.
¡Una tienda de víveres!
¿Por qué?
Una palabra: Bonita (Odeth)
.

María llevo las manos a su cintura, viendo el lugar dónde su cruzada se desarrollaría. Estaba lista para enfrentar monstruos, pelear contra quimeras, salir victoriosa de su proeza. ¿Cuál era? Hacer la compra de algunos ingredientes que la Oni necesitaba para la cena. Por eso estaba frente al minimarket, luego de evaluarlo, sabiendo que no podía irse sin todo lo anotado en el papel que Odeth le dio, respiro hondo y entro.

Un “Tilín” alerto de su llegada. Detrás del mostrador se encontraba un señor de mediana edad que levanto la mirada y automáticamente sus mejillas se tiñeron de carmesí. María le guiño uno de sus orbes ámbar, al tiempo que tomaba una cesta de mano para proceder a internarse en los pequeños pasillos del lugar. La celeste estaba acostumbrada al efecto que causaba en las personas a raíz de su belleza sin igual, como si hubiera sido tocada por una divinidad. En su cabeza ella se lo atribuía más bien a que heredo lo mejor de sus dos razas: sirena/humana.

La joven saco la lista, se trataba mas que todo de condimentos, así que sin prisas fue observando los anaqueles y metiendo una que otra cosa, algunas ni siquiera eran necesarias, pero por ser llamativas ella las compraría. Así termino frente a un montón de frascos llenos de polvitos de colores, dejo la cesta en el suelo para tomar uno rojo y otro blanco…

— ¿Podría jugar ajedrez con ustedes? ¿Qué son? ¿Reyes, reinas, torres, peones? Defiendes el color rojo paprika, del reino de los pimentones contra el color blanco ajo, del reino de los "no me beses, por favor". Llévame a mi Señorita, no a mi… no a mí. ¡No me llevare a ninguno! Lo siento no están en la lista — la mestiza jugo con los envases un rato, con su locura desapegada de la realidad mientras sonreía con inocencia. Lo cierto es que buscaba algo llamado “Ajinomoto”, pero justo en el lado del anaquel que decía ese nombre estaba vacío. La chica frunció el ceño, era lo más importante de la lista… Odeth lo había encerrado dentro de un círculo.

Ahí, parada frente a los condimentos, con la lista de compras en la mano… como si estuviera descifrando los secretos del mundo azul se quedó pensando qué hacer… ella hasta ese momento solo había metido en la cesta a su lado: galletas veganas, ajo en hojuelas, tres manzanas y una taza con forma de vaca. 

¿Cómo llego María a la tienda sin perderse? Un par de simpáticos ancianos la ayudaron, a cambio de que ella los apoyara cargando unas bolsas algo pesadas…

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Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
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El Día que el Umami Salvó el Saborrrr de un Horrible Pato Dientón :: Pasado :: Priv. - por Maria Merlot - 19-02-2026, 05:38 AM

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