19-02-2026, 07:09 AM
Miel dulce y a su alcance, el aroma a sexo que despedía la monja era desquiciante y llenaba sus narices de la humedad de su sexo, se saboreaba con su piel, mordía su carne suavemente y sus manos no podían dejar de recorrerla para explorarla a profundidad… —¿Disfrutas que consuma tu carne?... ¿Te gusta como lo hago? ¿Como te devoro?... Vamos dime…— El interior de su boca era ansiedad, disfrute y respondía a la lengua de Maki, sus manos en ese segundo agarraban sus tetas con fuerza, agarraba su culo como la zarpa de un animal salvaje deseoso de destrozarle de verla sangrar y morir.
Ella le respondió mientras le cabalgo suavemente, sentía sus muslos sobre los propios y comenzaba a sentir un calor delicioso en ellos, en su pelvis, en sus pechos y su vagina, al trastabillar sobre la cama, se sintió algo, asustada… ¿Qué? Maki Zen´in Asustada?... quizás era otro sentimiento, pero ella no sabia que era. Era inexperta en el ámbito de amar mujeres, pensó siempre en hacerles el amor, pero siempre creyó que lo haría con aquellas feas, con rostros como ladrillos y músculos de piedra como los hombres, ella… era suave, delicada, suculenta, la monja comenzaba a jugar con su mente a convencerla de que quizás, Maki podría hacer esto más de una vez.
Volvió a comerle las tetas, sus pezones tenían el sabor del final de una carrera, de un invierno terminado, de un sol abrazador descansando en el horizonte, deseaba más de ella, más de su carnosa suavidad y lo conseguiría pues Maki siempre hacia lo que putas ganas le daba. Por la razón o la fuerza. Era violenta, descarada y una verdadera zorra, pero esta vez, frente a ella, tenia un sentimiento de miedo o inseguridad. No sabia como actuar con ella, solo sabía que debía hacerle el amor tan duro que jamás se olvidase de ella.
Sus gemidos ahogados eran deliciosos, delicados y le enloquecían, la temperatura de la situación, su cercanía le convertían en una lumbre verdadera, Maki sentía que sus ojos, su lengua y todos sus sentidos estaban a merced de la aparición de ella eran esclavos de sus deseos aunque no los expresaba, Maki podía sentir las cadenas de su lujuria caer sobre su mente y su espíritu prisionero de sus labios carnosos gimientes eran suficiente para que nunca más saliera de su interior. Sus dedos, se movían como un tamborileo lujurioso, rápidamente, explorando las paredes vaginales interiores, calculando la humedad, su electricidad y su consistencia y era delicioso.
—Bien… zorra mía, ahora te matare, pero renacerás, volverás a sentir que naces por que tocare y me meteré en tu interior tan adentro que sintieras que tienes nuevos rincones que nadie ha visitado— Apenas terminar la ultima frase se agarro el cuello de la mujer y la hundió contra la almohada vieja roñosa y olvidada, con tres dedos comenzó a penetrar la vagina vulnerable, inocente, pero ansiosa de ella, una y otra vez extraía gemidos como una maquina hidráulica queriendo acabar con un trabajo, la expresión de Maki demostraban esfuerzo, sus dientes relucientes, lo más hermoso de ella, pues su piel ajada por el fuego eran horrendas. Su masturbación se movía más rápido y más intenso mientras movía sus dedos en el interior y de pronto poco a poco decidió comer desde la fuente, comenzó besando su cuello, lamio su teta derecha y con la mano aplasto con fuerza la izquierda. Tanto como para que sienta que no estaba jugando con matarla, deseaba comerle el coño, pero los planes eran otros.
Estaba muy mojada, tanto que los dedos de ella frotándose en la vagina de Maki le arranco un placer intenso, profundo… un… maldición un orgasmo tan pronto?... apenas le había tocado esta falsa monja, frunció el ceño y comenzó a con el pulgar masajear el ano de la muchacha, mientras movía sus dedos en el interior, tan suavemente, pero con firmeza que pronto los líquidos fluyendo de su interior empaparían las sábanas, estaba apretada, tan apretada como una chica asustada, al menos Maki también lo estaba, aunque usaba mucho su sexo, parecía que esta fuera una de las primeras veces que la penetraban… ahogo un aullido en su garganta, uno que murió con dulzura… los jadeos comenzaron a emerger y finalmente poniéndose de lado. Abrió sus quemadas piernas. Y ella se metió entre las de ella… el movimiento, jugoso, resbaladizo, Maki se tomo uno de sus pechos y con su lengua comenzó a lamerlo mientras movía su pelvis con un ritmo intenso.
Entonces ella se levanto sin perder el movimiento, un movimiento delicioso, uno que estimulaba sus labios, su clítoris, con salvaje humedad, una que nunca había sentido con un hombre, quizás por que se combinaban ambos fluidos, Maki solo alzo los brazos sobre su cabeza para desgarrar con furia las sabanas sobre su cabeza. Para gritar de placer, para jadear con cada movimiento y frote de su sexo con el del ella.
Sus manos y sus caricias con su lengua, con sus sentimientos y sentidos era cosa que le arrancaba apenas al tacto… de pronto su cabello como una cascada cayo sobre el de ella, su aroma era fresco, dulce, delicioso, eso le excito más, haciéndola sentir como dueña del corazón de la chica. Dorada, hermosa, con ojos como pozos lunares sin fondo, tan hondos que Maki parecía que no podía escapar.
Te amo…
Te amo…
Te amo…
Te amo…
Una palabra poderosa, pero sin significado si se dice a cada momento. Esta vez era una que se pronunciaba en medio de un éxtasis delicioso, mientras sus vaginas se besaban con pasión, mientras sus labios se separaban por un susurro, mientras sus pechos jugaban a ocupar el mismo espacio… —Yo… yo… también te amo… pero… … … no puedo amarte… mi misión es más grande que el amor… mas grande que… … … mas grande que el mundo, mas grande que todo el placer y la piedad que pueda reunir, mi misión es fuego, maldad y desolación…— Seguía moviéndose tan rico que Maki deseaba quedarse así para siempre, un suspiro más, un jadeo más, un quejido ahogado con una voz ronca como un animal herido se escapo de su garganta… mierda… una vez más derrotada, acabada.
Maki con la frente perlada por el sudor y con el pecho subiendo y bajando como un volcán a punto de explotar miro a los ojos de la diosa sobre ella y no le costo nada pedirle un deseo. —Siéntate en mi cara, necesito comerte con mi boca, deseo meter mi lengua dentro de ti tan hondo que saboreare tu corazón… vamos… súbete… asfíxiame con tu vagina… rápido…— Maki movía sus manos a su sexo para tocarse, esperaba que ella se subiera a su rostro y así ella dominando la cabalgata podría tocarse libremente todos esos lugares que deseaba y que en soledad exploraba cuando necesitaba sudar.
Ella le respondió mientras le cabalgo suavemente, sentía sus muslos sobre los propios y comenzaba a sentir un calor delicioso en ellos, en su pelvis, en sus pechos y su vagina, al trastabillar sobre la cama, se sintió algo, asustada… ¿Qué? Maki Zen´in Asustada?... quizás era otro sentimiento, pero ella no sabia que era. Era inexperta en el ámbito de amar mujeres, pensó siempre en hacerles el amor, pero siempre creyó que lo haría con aquellas feas, con rostros como ladrillos y músculos de piedra como los hombres, ella… era suave, delicada, suculenta, la monja comenzaba a jugar con su mente a convencerla de que quizás, Maki podría hacer esto más de una vez.
Volvió a comerle las tetas, sus pezones tenían el sabor del final de una carrera, de un invierno terminado, de un sol abrazador descansando en el horizonte, deseaba más de ella, más de su carnosa suavidad y lo conseguiría pues Maki siempre hacia lo que putas ganas le daba. Por la razón o la fuerza. Era violenta, descarada y una verdadera zorra, pero esta vez, frente a ella, tenia un sentimiento de miedo o inseguridad. No sabia como actuar con ella, solo sabía que debía hacerle el amor tan duro que jamás se olvidase de ella.
Sus gemidos ahogados eran deliciosos, delicados y le enloquecían, la temperatura de la situación, su cercanía le convertían en una lumbre verdadera, Maki sentía que sus ojos, su lengua y todos sus sentidos estaban a merced de la aparición de ella eran esclavos de sus deseos aunque no los expresaba, Maki podía sentir las cadenas de su lujuria caer sobre su mente y su espíritu prisionero de sus labios carnosos gimientes eran suficiente para que nunca más saliera de su interior. Sus dedos, se movían como un tamborileo lujurioso, rápidamente, explorando las paredes vaginales interiores, calculando la humedad, su electricidad y su consistencia y era delicioso.
—Bien… zorra mía, ahora te matare, pero renacerás, volverás a sentir que naces por que tocare y me meteré en tu interior tan adentro que sintieras que tienes nuevos rincones que nadie ha visitado— Apenas terminar la ultima frase se agarro el cuello de la mujer y la hundió contra la almohada vieja roñosa y olvidada, con tres dedos comenzó a penetrar la vagina vulnerable, inocente, pero ansiosa de ella, una y otra vez extraía gemidos como una maquina hidráulica queriendo acabar con un trabajo, la expresión de Maki demostraban esfuerzo, sus dientes relucientes, lo más hermoso de ella, pues su piel ajada por el fuego eran horrendas. Su masturbación se movía más rápido y más intenso mientras movía sus dedos en el interior y de pronto poco a poco decidió comer desde la fuente, comenzó besando su cuello, lamio su teta derecha y con la mano aplasto con fuerza la izquierda. Tanto como para que sienta que no estaba jugando con matarla, deseaba comerle el coño, pero los planes eran otros.
Estaba muy mojada, tanto que los dedos de ella frotándose en la vagina de Maki le arranco un placer intenso, profundo… un… maldición un orgasmo tan pronto?... apenas le había tocado esta falsa monja, frunció el ceño y comenzó a con el pulgar masajear el ano de la muchacha, mientras movía sus dedos en el interior, tan suavemente, pero con firmeza que pronto los líquidos fluyendo de su interior empaparían las sábanas, estaba apretada, tan apretada como una chica asustada, al menos Maki también lo estaba, aunque usaba mucho su sexo, parecía que esta fuera una de las primeras veces que la penetraban… ahogo un aullido en su garganta, uno que murió con dulzura… los jadeos comenzaron a emerger y finalmente poniéndose de lado. Abrió sus quemadas piernas. Y ella se metió entre las de ella… el movimiento, jugoso, resbaladizo, Maki se tomo uno de sus pechos y con su lengua comenzó a lamerlo mientras movía su pelvis con un ritmo intenso.
Entonces ella se levanto sin perder el movimiento, un movimiento delicioso, uno que estimulaba sus labios, su clítoris, con salvaje humedad, una que nunca había sentido con un hombre, quizás por que se combinaban ambos fluidos, Maki solo alzo los brazos sobre su cabeza para desgarrar con furia las sabanas sobre su cabeza. Para gritar de placer, para jadear con cada movimiento y frote de su sexo con el del ella.
Sus manos y sus caricias con su lengua, con sus sentimientos y sentidos era cosa que le arrancaba apenas al tacto… de pronto su cabello como una cascada cayo sobre el de ella, su aroma era fresco, dulce, delicioso, eso le excito más, haciéndola sentir como dueña del corazón de la chica. Dorada, hermosa, con ojos como pozos lunares sin fondo, tan hondos que Maki parecía que no podía escapar.
Te amo…
Te amo…
Te amo…
Te amo…
Una palabra poderosa, pero sin significado si se dice a cada momento. Esta vez era una que se pronunciaba en medio de un éxtasis delicioso, mientras sus vaginas se besaban con pasión, mientras sus labios se separaban por un susurro, mientras sus pechos jugaban a ocupar el mismo espacio… —Yo… yo… también te amo… pero… … … no puedo amarte… mi misión es más grande que el amor… mas grande que… … … mas grande que el mundo, mas grande que todo el placer y la piedad que pueda reunir, mi misión es fuego, maldad y desolación…— Seguía moviéndose tan rico que Maki deseaba quedarse así para siempre, un suspiro más, un jadeo más, un quejido ahogado con una voz ronca como un animal herido se escapo de su garganta… mierda… una vez más derrotada, acabada.
Maki con la frente perlada por el sudor y con el pecho subiendo y bajando como un volcán a punto de explotar miro a los ojos de la diosa sobre ella y no le costo nada pedirle un deseo. —Siéntate en mi cara, necesito comerte con mi boca, deseo meter mi lengua dentro de ti tan hondo que saboreare tu corazón… vamos… súbete… asfíxiame con tu vagina… rápido…— Maki movía sus manos a su sexo para tocarse, esperaba que ella se subiera a su rostro y así ella dominando la cabalgata podría tocarse libremente todos esos lugares que deseaba y que en soledad exploraba cuando necesitaba sudar.

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