19-02-2026, 04:31 PM
(Última modificación: 19-02-2026, 06:56 PM por Onizuka Jin.)
Todo parecía ser analizado, desde las miradas hasta los gestos, cada más mínimo detalle. Inicialmente buscaba brindar ese foco en Tezca, pero ahora recaía en el propio Jin, buscando verificar algo y, sin embargo, no había percibido cambio alguno en su comportamiento. Simplemente se mantenía como siempre, ajeno, lejano. Nada nuevo. Raigo sabía que con algo tan “suave” no iba a ser suficiente. La atención fue también hacia el rubio de cabello largo, manteniendo su postura, sus ojos firmes, fijos sin perder el foco. Jin se encontraba mirando a Raigo y Tezca, tratando de analizar la situación. El inicio ya había sido fuerte, duro.
—Veo que Jin sí se encargó de reeducarte bien. — Sentenció con la misma sonrisa, elevando sus manos y, en esta ocasión, poniéndose en pie. Reveló mejor su vestimenta, sorpresivamente similar a la del propio Jin. Estaba claro de dónde había aprendido la mayoría de las cosas el pelinegro de la cicatriz. —Bien, no tolero pequeños errores. — Elevó la mano hacia su cigarrillo, volteando el escritorio, pasando por un lado de donde se encontraba Jin. Los zapatos sonaban por la habitación, cagrada de elegancia, con escritorios que tendrían cosas de quizás más valor que la vida de muchas personas. Pasos lentos, pausados, hasta que frenó donde se encontraba el hombre de la cicatriz.
Su mano descendió, pasando por su hombro con una lentitud alarmante por encima del abrigo de su traje, como una silenciosa amenaza, sin apartar la mirada de Tezca. Jin descendió su mirada hasta la mano de su superior, sin un ápice de cambio en su rostro, evitando poco después la mirada de la articulación. El rostro del más alto descendió del mismo modo que su torso, sin romper su sonrisa segura en ningún momento. —Cierto, Norova, tiene usted razón. Escuché que defendió sorprendentemente bien a Jin. — La mano apretó ahora el hombro de Jin, los ojos del individuo volviéndose hacia él. —Lo que me hace cuestionar, conociendo el historial que tienes, ¿qué fue lo que lo llevó a bajar la guardia de ese modo?
Jin sintió la tensión tan afilada que podría cortarse con un cuchillo. Esa pregunta sabía que no iba por Tezca y no estaba tan preparado para dar una excusa creíble. Elevó su diestra, apartando la mano del mayor con su dorsal de forma despreocupada.
—Nunca dejas que te detecten nada más llegar a una isla, Jin. — La mano de su superior tomó ahora el cabello del hombre, tirando de él sin cuidado, ahora sin su sonrisa y con la amenaza en su rostro.
El quejido salió de los labios de Jin, quien se vio forzado a elevar su cabeza para mirar el rostro de su jefe.
El apretón en el cabello de Jin se volvió más firme, sin alejar la vista del varón, buscando cualquier tipo de vacilación, duda, lo que fuera, antes de soltarlo de forma brusca. Los ojos se elevaron hasta donde estaba Tezca. —¿Y qué te hace pensar que no ha sido Norova? ¿Lo has comprobado? — Jin elevó su mano, reacomodando su cabello ahora despeinado, dejando caer la cabeza con calma.
—Él no lo supo hasta dos días después de que llegara a Karate, idiota viejo sin cerebro. Obviamente no pudo ser. No tenía contacto con nadie más del clan más que conmigo, no le presenté a nadie para ponerlo a prueba. — La inclinación de su superior se rompió al erguirse, con los ojos fijos en Tezca sin apartar la mirada en ningún momento.
—¿Entonces hay un maldito topo que se encargó de informar dónde te hospedabas y dónde te encontrabas y qué hacías antes de llegar a la isla?
—Sí, estúpido viejo impulsivo. — elevó su mano, tratando de mantener la calma, pese a odiar la situación humillante en la que se encontraba. —Si hubiera sido Norova no habrían tenido tiempo de planificar las cosas tan bien. Eso no es algo que se sepa con solo tres días, no les da suficiente tiempo, requiere investigación, revisión, preparación, saber dónde atacar y ellos estaban demasiado bien preparados.
—Pudiste abandonarlo igual que al resto. ¿Para qué molestarte en rescatarlo? ¿Acaso te pidió que fueras a por él?
Elevó la mirada hacia su jefe, momento en que el superior finalmente alejó la mirada del rubio y la dirigió hacia el pelinegro. —Él no lo pidió. Lo que sí hizo fue decir que me alejara de la ubicación y lo dejara tirado allí con los franco-...
La mano ahora estaba sobre el cuello de Jin, y Jin sobre el escritorio. —Solo es un hombre más, Jin. No te eduqué para que rescataras a nadie. — La mano tenía una fuerza brutal, descomunal, al punto de que las venas se marcaban sobre el cuello de Jin, pero eso duró poco, apartándolo. —No te atrevas a fallarme así de nuevo, Jin, aunque sé lo mucho que te gusta que te infrinja dolor, hoy no es el día. — El pelinegro comenzó a toser mientras ahora Raigo se sentaba donde previamente estaba él. Se cruzó de piernas, mirando de frente a Tezca. —Sin embargo, tiene razón, Norova. Las cosas se demuestran. Salvaste a tu jefe de una situación peor, saliste herido, pero quiero ver más, un par de cosas así no son suficientes, y sé que es consciente de ello. — Descendió sus manos, juntándolas entre sí, sobre la rodilla, inclinando su torso. La amenaza estaba clara. —No se preocupe por Jin, lo conozco a él y a su cuerpo lo suficiente para saber que está bien. — Entrecerró los ojos, en un nuevo silencio. El tono amenazante, la lentitud de sus palabras. Claramente Jin había sido un reflejo de ese hombre, siendo más humano que él.
Una sonrisa maliciosa se dibujó entre sus labios al momento que Jin se levantaba lentamente, con la mano en el cuello. Su mandíbula estaba tensa, su mano zurda sobre el escritorio para mantener el equilibrio. —Después de todo, es como un hijo para mí desde que lo saqué de ese miserable agujero, pero es tozudo como una mula.
—Raigo. — Su voz se volvió seria y ligeramente elevada, el rostro amenazante, su paciencia estaba alcanzando su límite, pero tenía que controlarse, tenía que hacerlo si no quería a Tezca en peligro. —¿Acaso es necesario?
—Tienes razón. — Su mano retiró el cigarrillo, ya consumido, dejándolo caer en el suelo. —Si quieres mi confianza, tienes que estar listo para morir para tu jefe, que en este caso es Jin. — Su mano se elevó hasta el abrigo de su traje, retirando un arma de fuego. Elevó el arma, revisándola con minuciosa paciencia, retirando el gatillo, quitando toda seguridad y apuntando directamente en el rostro de Tezca. —¿Estaría dispuesto a morir aquí y ahora? — La seguridad del propio Jin comenzaba a flaquear ahora. La mano temblaba, a medida que Raigo se acercaba más a él, inclinándose más, con la boca de la pistola bajo el mentón de Tezca.
—Veo que Jin sí se encargó de reeducarte bien. — Sentenció con la misma sonrisa, elevando sus manos y, en esta ocasión, poniéndose en pie. Reveló mejor su vestimenta, sorpresivamente similar a la del propio Jin. Estaba claro de dónde había aprendido la mayoría de las cosas el pelinegro de la cicatriz. —Bien, no tolero pequeños errores. — Elevó la mano hacia su cigarrillo, volteando el escritorio, pasando por un lado de donde se encontraba Jin. Los zapatos sonaban por la habitación, cagrada de elegancia, con escritorios que tendrían cosas de quizás más valor que la vida de muchas personas. Pasos lentos, pausados, hasta que frenó donde se encontraba el hombre de la cicatriz.
Su mano descendió, pasando por su hombro con una lentitud alarmante por encima del abrigo de su traje, como una silenciosa amenaza, sin apartar la mirada de Tezca. Jin descendió su mirada hasta la mano de su superior, sin un ápice de cambio en su rostro, evitando poco después la mirada de la articulación. El rostro del más alto descendió del mismo modo que su torso, sin romper su sonrisa segura en ningún momento. —Cierto, Norova, tiene usted razón. Escuché que defendió sorprendentemente bien a Jin. — La mano apretó ahora el hombro de Jin, los ojos del individuo volviéndose hacia él. —Lo que me hace cuestionar, conociendo el historial que tienes, ¿qué fue lo que lo llevó a bajar la guardia de ese modo?
Jin sintió la tensión tan afilada que podría cortarse con un cuchillo. Esa pregunta sabía que no iba por Tezca y no estaba tan preparado para dar una excusa creíble. Elevó su diestra, apartando la mano del mayor con su dorsal de forma despreocupada.
—Estaban preparados para los flancos, supieron encontrarme.
—Nunca dejas que te detecten nada más llegar a una isla, Jin. — La mano de su superior tomó ahora el cabello del hombre, tirando de él sin cuidado, ahora sin su sonrisa y con la amenaza en su rostro.

—No te entrené para que cometieras un error tan estúpido.
El quejido salió de los labios de Jin, quien se vio forzado a elevar su cabeza para mirar el rostro de su jefe.

—¿Y no has pensado que quizás hubiera alguien que diera la información?
El apretón en el cabello de Jin se volvió más firme, sin alejar la vista del varón, buscando cualquier tipo de vacilación, duda, lo que fuera, antes de soltarlo de forma brusca. Los ojos se elevaron hasta donde estaba Tezca. —¿Y qué te hace pensar que no ha sido Norova? ¿Lo has comprobado? — Jin elevó su mano, reacomodando su cabello ahora despeinado, dejando caer la cabeza con calma.
—Él no lo supo hasta dos días después de que llegara a Karate, idiota viejo sin cerebro. Obviamente no pudo ser. No tenía contacto con nadie más del clan más que conmigo, no le presenté a nadie para ponerlo a prueba. — La inclinación de su superior se rompió al erguirse, con los ojos fijos en Tezca sin apartar la mirada en ningún momento.
—¿Entonces hay un maldito topo que se encargó de informar dónde te hospedabas y dónde te encontrabas y qué hacías antes de llegar a la isla?
—Sí, estúpido viejo impulsivo. — elevó su mano, tratando de mantener la calma, pese a odiar la situación humillante en la que se encontraba. —Si hubiera sido Norova no habrían tenido tiempo de planificar las cosas tan bien. Eso no es algo que se sepa con solo tres días, no les da suficiente tiempo, requiere investigación, revisión, preparación, saber dónde atacar y ellos estaban demasiado bien preparados.
—Pudiste abandonarlo igual que al resto. ¿Para qué molestarte en rescatarlo? ¿Acaso te pidió que fueras a por él?

—No.
Elevó la mirada hacia su jefe, momento en que el superior finalmente alejó la mirada del rubio y la dirigió hacia el pelinegro. —Él no lo pidió. Lo que sí hizo fue decir que me alejara de la ubicación y lo dejara tirado allí con los franco-...
¡BAM!
La mano ahora estaba sobre el cuello de Jin, y Jin sobre el escritorio. —Solo es un hombre más, Jin. No te eduqué para que rescataras a nadie. — La mano tenía una fuerza brutal, descomunal, al punto de que las venas se marcaban sobre el cuello de Jin, pero eso duró poco, apartándolo. —No te atrevas a fallarme así de nuevo, Jin, aunque sé lo mucho que te gusta que te infrinja dolor, hoy no es el día. — El pelinegro comenzó a toser mientras ahora Raigo se sentaba donde previamente estaba él. Se cruzó de piernas, mirando de frente a Tezca. —Sin embargo, tiene razón, Norova. Las cosas se demuestran. Salvaste a tu jefe de una situación peor, saliste herido, pero quiero ver más, un par de cosas así no son suficientes, y sé que es consciente de ello. — Descendió sus manos, juntándolas entre sí, sobre la rodilla, inclinando su torso. La amenaza estaba clara. —No se preocupe por Jin, lo conozco a él y a su cuerpo lo suficiente para saber que está bien. — Entrecerró los ojos, en un nuevo silencio. El tono amenazante, la lentitud de sus palabras. Claramente Jin había sido un reflejo de ese hombre, siendo más humano que él.
Una sonrisa maliciosa se dibujó entre sus labios al momento que Jin se levantaba lentamente, con la mano en el cuello. Su mandíbula estaba tensa, su mano zurda sobre el escritorio para mantener el equilibrio. —Después de todo, es como un hijo para mí desde que lo saqué de ese miserable agujero, pero es tozudo como una mula.
—Raigo. — Su voz se volvió seria y ligeramente elevada, el rostro amenazante, su paciencia estaba alcanzando su límite, pero tenía que controlarse, tenía que hacerlo si no quería a Tezca en peligro. —¿Acaso es necesario?
—Tienes razón. — Su mano retiró el cigarrillo, ya consumido, dejándolo caer en el suelo. —Si quieres mi confianza, tienes que estar listo para morir para tu jefe, que en este caso es Jin. — Su mano se elevó hasta el abrigo de su traje, retirando un arma de fuego. Elevó el arma, revisándola con minuciosa paciencia, retirando el gatillo, quitando toda seguridad y apuntando directamente en el rostro de Tezca. —¿Estaría dispuesto a morir aquí y ahora? — La seguridad del propio Jin comenzaba a flaquear ahora. La mano temblaba, a medida que Raigo se acercaba más a él, inclinándose más, con la boca de la pistola bajo el mentón de Tezca.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
