19-02-2026, 09:07 PM
“A toda acción le corresponde una reacción igual y opuesta.” Pero dada la circunstancia actual no podía expresar mi descontento ni las ganas que tenía de ofenderme y salir de ese lugar o golpearlo, molerlo a golpes y no quedarme satisfecho hasta sentir la sangre en mis nudillos, de probarle- espera, realmente ¿Qué tenía que probarle? ¿A él? No fue el insulto, no fue el tratarme casi como un perro que comenzaba a ser obediente, tal vez fue la forma en la que sentí mi cuerpo temblar al ver el abuso, al ver la estúpida forma en la que después de tratar al pelinegro comentaba que era un hijo para él, probablemente si el viejo me hubiera tratado con tan poca decencia hubiera adelantado su deceso ¿pero es que acaso no fue aquel viejo el que me enseñó que debo valorar mi vida y existencia por encima de cualquier trabajo? Supongo que desde siempre he sido bastante afortunado. Había olvidado, lo que estaba viendo, por supuesto; Esa escena.
Y entonces, por fin, se dirigió a mí, examinando cada uno de mis movimientos con una cautela casi quirúrgica. Observé la manera en que deslizaba la mano hacia el interior de su abrigo y cómo, tras un segundo que pareció dilatarse en el tiempo, extraía una pistola. Sus palabras no lograron desconcertarme; si acaso, agudizaron mi interés. Mi atención se volvió más intensa, más precisa. Permití que acortara la distancia entre nosotros, que el frío del cañón se apoyara bajo mi mentón. En ese contacto helado no hubo sorpresa, solo cálculo.
Pude imaginar con absoluta claridad la trayectoria que seguiría la bala: el punto exacto de entrada, el ángulo, la fuerza, las estrías que dejaría el cañón sobre el proyectil, incluso pensando que tal vez ya los habían eliminado, pero eso podría desviar la bala, mierda, viejo, pura información inútil cuando nunca me llamó la atención este tipo de armas. Claro, el disparo era la menor de mis preocupaciones.
Había algo que él no sabía, por eso me apuntaba, pero no podía llamarlo una ventaja, no cuando terminaría descubriendo aquella habilidad que el mayor me había pedido ocultar. Suspiré pues en verdad la actitud de esta bestia a la que la evolución decidió catalogar hombre me parecía extremadamente cansada. —Eso depende. — Lo miré acomodándome los lentes. —Puedes dispararme, si, Podría morir por mi cliente porque es parte mi trabajo, no, elimina eso: Mi trabajo es proteger a mi cliente, así que no. No moriría por mi cliente, lo protegería ¿Las consecuencias de esa acción podrían finalizar con nuestra relación laboral por deceso? Si ¿Me entiendes? — Sostuve el cañón del arma con fuerza, manteniéndolo en su lugar ¿Qué hacía? ¿Es que la rabia se había apoderado de mi cuerpo? Rabia, hablaba como el animal fuera yo y no el hombre frente a mí. —Ahora, podrías dispararme, podrías obligarme a actuar si es que apuntas a mi cliente ¿Es eso lo que quieres? Creo que eres lo bastante inteligente para saber como esta situación se desarrollará así que, si estas son mis últimas palabras como proclamas con esta amenaza:

Dispara, veamos de que te sirve un hombre muerto. —

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