19-02-2026, 09:19 PM
La miré sonreír, y ahora me daba la oportunidad de tomar una de las cartas. Tome la parte lateral izquierda, y…a pesar de mi fé. Perdí.
—Oh vaya… —- Dije con un pequeño suspiro de decepción, tenía fé de que algún milagro me tomaría cariño. Luego la miré retomar la baraja de cartas y comenzó a mezclar de nuevo. Me mencionó que le daría valor a mis buenas acciones, a lo que yo la miré con cierto asombro. ¿En serio lo haría?. Su silencio me hipnotizaba, me tenía al merced y en el umbral de una oportunidad de buena acción.
Entonces, sí, ocurrió el milagro que tanto había ansiado. La doncella apostadora sacó de sus ganancias la cantidad de 500 berries y las devolvió al señor. Una lección bastante dura a decir verdad, pero tenía razón, no se puede caer en el vicio de los juegos.
Reprendió con severidad aquel señor que a lágrimas y desespero tomó las pocas ganancias que le quedaban. — No vuelva a meterse en estos líos. — Expresé con una sonrisa leve. — Mi nombre es Miyori Hoshino.
Me presenté pero mi mirada ya no estaba en el señor, miraba a la doncella alada. Mi fé en ella volvió, había bondad en su corazón después de todo. Y como si no fuera ya lo suficientemente alta, se puso en pie sobre la silla en la que estuvo sentada desarrollando sus juegos sucios, y con pie sobre la mesa, y su sonrisa impenetrable. ¡Se alzó radiante!
¿Su filosofía?, Repartir fortuna por todo el continente de blues. Dar y recibir a la vez, un trato. Todo el mundo aplaudía ante tan asombrosa presentación, motivados de nuevo a jugar a las cartas contra ella, como si hubiera chance de ganar. Pero su risa, su risa me generó emoción escondida. Era genial, si… Esa era la palabra correcta.
— ¿Has viajado lejos de aquí, señorita Yuuki?
—Oh vaya… —- Dije con un pequeño suspiro de decepción, tenía fé de que algún milagro me tomaría cariño. Luego la miré retomar la baraja de cartas y comenzó a mezclar de nuevo. Me mencionó que le daría valor a mis buenas acciones, a lo que yo la miré con cierto asombro. ¿En serio lo haría?. Su silencio me hipnotizaba, me tenía al merced y en el umbral de una oportunidad de buena acción.
Entonces, sí, ocurrió el milagro que tanto había ansiado. La doncella apostadora sacó de sus ganancias la cantidad de 500 berries y las devolvió al señor. Una lección bastante dura a decir verdad, pero tenía razón, no se puede caer en el vicio de los juegos.
Reprendió con severidad aquel señor que a lágrimas y desespero tomó las pocas ganancias que le quedaban. — No vuelva a meterse en estos líos. — Expresé con una sonrisa leve. — Mi nombre es Miyori Hoshino.
Me presenté pero mi mirada ya no estaba en el señor, miraba a la doncella alada. Mi fé en ella volvió, había bondad en su corazón después de todo. Y como si no fuera ya lo suficientemente alta, se puso en pie sobre la silla en la que estuvo sentada desarrollando sus juegos sucios, y con pie sobre la mesa, y su sonrisa impenetrable. ¡Se alzó radiante!
¿Su filosofía?, Repartir fortuna por todo el continente de blues. Dar y recibir a la vez, un trato. Todo el mundo aplaudía ante tan asombrosa presentación, motivados de nuevo a jugar a las cartas contra ella, como si hubiera chance de ganar. Pero su risa, su risa me generó emoción escondida. Era genial, si… Esa era la palabra correcta.
— ¿Has viajado lejos de aquí, señorita Yuuki?
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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