La danza del acero [AV. T1- Presente Absoluto]
#11
La risa del Capataz fue un sonido desagradable, una mezcla de gárgaras de sangre y un desprecio que ya no tenía base en la fuerza, sino en la pura demencia del que se sabe acorralado. Escupió un denso coágulo carmesí que manchó sus barbas rubias y, con un temblor que delataba la gravedad de sus heridas, rebuscó entre los harapos sucios de su torso. De un bolsillo interno extrajo un pequeño Den Den Mushi de caparazón marrón, cuyas facciones imitaban la mirada hosca y descuidada de su dueño.

—¿Infierno? No tienes ni idea... —masculló el gigante, pulsando el caracol con dedos torpes y sangrientos—. ¡Escuchadme, atajo de holgazanes! ¡Venid todos al muelle del río, ahora mismo! ¡Tenemos un pollo de alas negras al que hay que desplumar y cocinar a fuego lento! ¡Traed los ganchos de carga y no dejéis que escape!

El silencio que siguió al grito del Capataz solo fue roto por el estático del caracol. Alek, suspendido en el aire, podía ver cómo el pequeño animal cambiaba su expresión, adoptando un rictus de pánico puro que no encajaba con la bravuconería del estibador.

—¡¿Jefe?! ¡Olvida esa estupidez ahora mismo! —la voz que surgió del Den Den Mushi era aguda, distorsionada por el miedo y el ruido de fondo de gritos y disparos lejanos—. ¡La Marina! ¡Han aparecido en el sector de las hogueras de la nada! ¡Están bloqueando las salidas y deteniendo a todo el que respire! ¡Si te ven allí te colgarán! ¡Lárgate si puedes, nosotros estamos huyendo hacia la selva!

El "Gotcha" final del caracol al colgar resonó en la barcaza como una sentencia. El Capataz se quedó con los ojos como platos, la mandíbula caída y el brazo que sostenía el Den Den Mushi flácido a su costado. El panorama había cambiado drásticamente: el desmadre de Samba estaba siendo sofocado por el orden implacable de la Marina. El gigantón levantó la vista hacia Alek, y por primera vez, la furia fue sustituida por una frialdad pragmática.

—Parece que tienes suerte, bicho raro. La justicia ha decidido arruinar la fiesta antes de que pudiera arrancarte las plumas —dijo el hombre, apretando los dientes mientras la sangre seguía manando de su hombro—. Pero no te equivoques... me he quedado con tu cara. En esta isla el río siempre vuelve a su cauce, y la próxima vez que nos veamos, no habráuniformes que te salven.

Como acto final de pura desesperación y despecho, el Capataz realizó un movimiento brusco. Clavó su pesado espadón en la madera de la plataforma con un golpe seco para liberar sus manos. Acto seguido, agarró el machete de caña con ambas manos, tensando los músculos de su espalda hasta que las heridas volvieron a abrirse, y lo lanzó con toda su potencia hacia la posición de Alek en el aire. El acero giró violentamente, buscando al menos marcar al Lunarian antes de la retirada.

Sin detenerse un segundo a comprobar si el proyectil había alcanzado su objetivo, el Capataz arrancó su espadón del suelo con un gruñido de esfuerzo, se giró y tomó las de Villadiego. Saltó del muelle destrozado y se abrió paso a empujones entre la multitud, perdiéndose entre el gentío.

A lo lejos, el resplandor de las hogueras empezaba a verse salpicado por los destellos azules y blancos de los uniformes de la Marina.

La caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]


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RE: La danza del acero [AV. T1- Presente Absoluto] - por Kibai - 19-02-2026, 11:00 PM

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