Un prisionero justo [AV. T2] [Presente Abs.]
#31
Prólogo parte 7/8

Un grupo de personas que comparten el mismo objetivo no necesariamente forman un equipo, a veces, lo que forman es una secta. Porque en un equipo, el objetivo es común, sí, pero también lo es el cuidado mutuo, la coordinación, el sacrificio consciente por el otro. En una secta, en cambio, todos caminan hacia el mismo punto, pero cada uno lo hace solo, no hay verdadera cooperación, no hay confianza construida desde la empatía, solo hay devoción.

Cada uno protege su propia convicción, su propia idea del propósito, su propia relación con el líder o con el ideal, si uno cae, los demás no se desvían para levantarlo, simplemente avanzan, porque lo importante no es la persona, es la causa. Esa es la diferencia, un equipo se fortalece porque sus miembros se sostienen entre sí, una secta se mantiene porque nadie cuestiona la dirección, en un equipo, si el líder cae, el grupo puede seguir adelante, en una secta, si el líder cae, todo pierde sentido.

Y ahí, en medio del enfrentamiento entre ambas divisiones, esa diferencia empezaba a hacerse visible, no en las palabras, sino en la forma en que luchaban, mientras la división 93 buscaba la forma de ayudarse entre si, aun sin decir una sola palabra, cuando con simples gestos podían entender la sinergia del otro, la división 107 peleaba sola, cada uno con su propio estilo sin unirse a sus compañeros.

Tamiel VS Enji

La risa de Douglas todavía vibraba entre los árboles cuando Tamiel dejó de sonreír, su expresión cambió, se volvió seria, densa y en el instante en que el “maestro” soltó aquella carcajada triunfal, Tamiel se impulsó hacia adelante sin previo aviso. El suelo se agrietó bajo su arranque, hojas y tierra levantándose en una explosión breve. Su puño avanzó cargado, los músculos del brazo tensándose como si arrastraran el peso de una corona invisible.

No era un golpe elegante, era un veredicto, Enji, por su parte, había tenido la decencia o la paciencia de esperar a que Tamiel terminara su discurso, no interrumpió, no atacó a traición, pero esa pausa le costó la ventaja, cuando vio venir el golpe, no retrocedió, avanzó también, su brazo se cubrió con aquella sustancia viscosa que parecía envolver su puño como una segunda piel, espesa, resbaladiza, extrañamente brillante bajo la luz filtrada de la selva y entonces ocurrió, ambos se movieron a la misma velocidad, dos siluetas cruzándose en línea recta, dos impactos simultáneos.

El puñetazo de Tamiel se estrelló contra el pecho de Enji con un sonido seco, profundo, como un tambor golpeado con furia. El aire debería haberse escapado de los pulmones del marine en un jadeo forzado, pero al mismo tiempo, los puños viscosos de Enji impactaron el torso de Tamiel, la sustancia extendiéndose ligeramente al contacto antes de comprimirse contra su carne. El choque generó una onda visible en el aire, por un segundo, ninguno retrocedió, sus frentes casi se tocaron y sus miradas chocaron con más fuerza que sus puños.

El impacto de Enji no fue menor, fue brutal de hecho, el golpe viscoso comprimió el torso de Tamiel con una fuerza que le arrancó el aire de los pulmones. Su cuerpo se tensó y luego cedió, cayó de rodillas, la tierra se hundió bajo el peso del impacto, pequeñas piedras saltando alrededor, durante un segundo eterno, el mundo pareció inclinarse para él, un hilo rojo se asomó por la comisura de sus labios, claro, era su propia sangre, sus pupilas vacilaron, desenfocadas. Un zumbido agudo llenó sus oídos, sentía desorientación, confusión incluso, tres segundos que se sintieron como una eternidad, tres segundos en los que cualquiera podría haber intervenido, pero nadie lo hizo. Megumi seguía midiendo a Juan mientras parecía alejarse. Takako mantenía su espada frente a Akira y Etsuki continuaba su enfrentamiento con Sigrid.

Ninguno se movió, ninguno gritó su nombre, ninguno rompió su propio combate para asistirlo, era extraño, casi antinatural, como si existiera una regla no dicha, esa pelea le pertenecía a Tamiel o quizá algo más profundo, quizá, en el fondo, ninguno de ellos peleaba por el otro, peleaban por Douglas, por su ideal, por su propia convicción.

Tamiel escupió sangre al suelo, el sabor metálico le devolvió claridad, sus dedos se cerraron con lentitud, sus hombros se enderezaron y, con un movimiento firme, se puso de pie nuevamente, la confusión desapareció de sus ojos, lo que quedó fue algo más peligroso. —Buen golpe, novato—murmuró, limpiándose la boca con el dorso de la mano y sonrió, no una sonrisa divertida, una sonrisa que aceptaba el dolor como parte del ritual, si sus compañeros no intervenían era porque confiaban o porque no les importaba y esa diferencia, aunque pequeña empezaba a revelar algo inquietante sobre la llamada “justicia verdadera”.

Contenido Oculto


Off de Tamiel


Megumi VS Juan y Akira

Megumi lo vio, por el rabillo del ojo alcanzó a distinguir el momento exacto en que Tamiel cayó de rodillas, escuchó el impacto, vio la sangre, pero reaccionó, no gritó, no se movió hacia él como haria cualquier equipo, sus pies siguieron trazando su propio recorrido lateral, mente fija en Juan, como si el resto del campo de batalla fuera ruido de fondo y entonces algo le atrapó el tobillo, no fue un golpe limpio, fue rápido, bajo, sorprendente, como la mordida de una serpiente salvaje saliendo de la maleza.


Un tirón violento lo desestabilizó y su cuerpo se inclinó hacia adelante por puro reflejo, instintivamente intentó recuperar el equilibrio, pero en ese mismo segundo comprendió lo que ocurría, Juan había salido del caparazón, la embestida no era frontal esta vez, era rasante, calculada, Megumi apenas alcanzó a girar el torso cuando vio la masa del gyojin proyectarse contra él. El impacto llegó antes de que pudiera reacomodarse por completo, pero aun así, disparó, el dedo presionó el gatillo en el mismo instante del choque, el arma detonó, pero el golpe alteró el ángulo y la bala salió desviada, perdiéndose entre los árboles en lugar de encontrar su objetivo.

El retroceso del disparo, combinado con la fuerza del impacto, hizo que la pistola se le escapara de la mano, girando por el aire antes de caer varios metros más allá, Megumi rodó por el suelo, levantando polvo y hojas, cuando se detuvo, quedó de lado, con la respiración agitada, una mueca torcida dibujándose nuevamente en su rostro pese al dolor. —Heh —escupió tierra —Eso sí fue sucio maldito. — pero sus ojos ya no buscaban el arma, buscaban a Juan, porque si algo acababa de quedar claro, era que esa pelea ya no era de tirador contra fortaleza, era cuerpo a cuerpo y eso cambiaba las reglas.

Megumi se incorporó con rapidez, apoyando una rodilla en el suelo y empujándose hacia arriba, buscó a Juan, pero el gyojin ya se había retirado, retrocediendo con disciplina hacia su posición original, dejando el espacio libre solo por un segundo, un segundo que fue suficiente, porque quien ocupó ese vacío fue el pelirubio. Akira venía de frente, no con la brutalidad compacta de Juan, sino con una velocidad más ligera, más técnica. Su avance era limpio, directo, sin el peso arrollador del caparazón, pero con intención clara de impacto. Megumi lo vio venir y eso marcó la diferencia.

Su cuerpo aún dolía por la embestida anterior, pero su percepción no estaba dañada, giró apenas el torso y elevó el brazo derecho en diagonal, endureciendo la musculatura para absorber el golpe en lugar de recibirlo de lleno, el impacto llegó seco. La fuerza recorrió su antebrazo hasta el hombro, pero no lo tomó por sorpresa, sus botas se deslizaron unos centímetros, nada más, no cayó, no perdió equilibrio, sus dientes se apretaron mientras mantenía el bloqueo firme, sus ojos clavados en Akira a escasos centímetros. —No eres el de la casa portátil —murmuró con una sonrisa torcida — Pero tampoco eres lento.— El brazo le ardía, pero seguía en posición, la batalla parecia haber comenzado sin embargo Megumi levantó sus manos, tiró sus armas al suelo y se arrodilló con una sonrisa malévola en su rostro. —Me rindo. — fueron las palabras que salieron de sus labios mientras veía a Tamiel.

Off de Megumi


Takako VS Juan y Akira

Takako no entendió lo que pasó al principio, un instante estaba frente a Akira y al siguiente el pelirubio desapareció, no fue un retroceso táctico elegante, fue una retirada abrupta, casi grosera, lanzándose a una velocidad absurda hacia el combate de Megumi y en su lugar quedó Juan, el “amigo feo”, el reemplazo, Takako parpadeó una vez, solo una, en su mente, algo hizo clic. ¿Qué es peor que abandonar a una dama en plena cita? Irse y dejarle al amigo.

Su respiración cambió, la pacífica chica que parecía no romper un plato inclinó ligeramente la cabeza, observando a Juan frente a ella. Sus mejillas seguían teñidas por el rubor anterior, pero ahora el color no era solo vergüenza, era otra cosa, en su mente, la escena se distorsionó, no estaban en un campo de batalla, no eran marines enfrentados por ideologías opuestas, era una conversación, una interacción social, una “cita” arruinada. La lógica se quebró, Takako no estaba del todo bien, detrás de su apariencia normal y reservada, su mente a veces tejía narrativas que no existían, pequeñas historias internas que se superponían con la realidad.

Y este era uno de esos momentos, sus ojos bajaron un segundo, luego volvieron a levantarse, pero ya no miraban como antes. —¿Me cambiaste? —preguntó en voz baja, aunque Akira ya no estaba ahí, entonces el filo de su espada descendió apenas y luego se alzó nuevamente, esta vez apuntando a Juan. —¿Eso soy para ustedes?— El tono era suave, demasiado suave de hecho. La atmósfera alrededor de ella cambió sin que levantara la voz. Su postura dejó de ser simplemente defensiva, se volvió rígida, cortante, como si su cuerpo estuviera reprimiendo algo más profundo.

—¡¡¿TÚ DE VERDAD ME ABANDONAS EN MEDIO DE UNA CITA TAN IMPORTANTE?!!— El grito salió desgarrado, no fue estratégico, no fue racional, fue visceral. Todo su rostro se encendió en rojo, no de vergüenza esta vez, sino de una furia absurda y desproporcionada, sus ojos temblaban, brillando con una mezcla peligrosa de humillación imaginaria y orgullo herido. La selva quedó en silencio un segundo porque nadie esperaba eso. Ni Akira, ni Juan, ni siquiera sus propios compañeros.

Takako dio un paso firme hacia adelante y su espada descendió en un tajo limpio, horizontal, directo hacia Juan Sebastián. El movimiento fue rápido, preciso, cargado de emoción cruda, no era el corte técnico y frío de una soldado disciplinada, era un corte personal. El filo silbó en el aire con una intensidad distinta a la de antes. Su cuerpo entero acompañó el movimiento, girando la cadera para añadir potencia, como si necesitara que ese golpe llevara consigo todo el peso de su indignación inventada. —¡Y encima me dejas con él!— El acero buscó impactar con fuerza, sin medir ya la compostura inicial que había mostrado minutos atrás. En ese instante, Takako no estaba peleando por Douglas, no estaba peleando por justicia, estaba peleando contra una escena que solo existía en su cabeza y eso la hacía más impredecible que cualquier estrategia.

Off de Takako


Etsuki VS Sigrid

El choque contra Sigrid fue brutal, pero no fue el impacto lo que hizo que Etsuki perdiera estabilidad. Fue algo más pequeño, más silencioso, más traicionero. En medio del cruce de armas, cuando el metal vibraba y la fuerza recorría sus brazos, sintió de pronto un pinchazo bajo la piel. No en un punto visible, no como una herida abierta, sino como si una aguja invisible se hubiera enterrado en su carne sin previo aviso, luego otra y otra más. En cuestión de un segundo, la sensación se multiplicó hasta convertirse en una punzada generalizada, como si mil agujas diminutas estuvieran clavándose al mismo tiempo en su brazo y expandiéndose hacia el hombro.


El gemido escapó de su boca antes de que pudiera reprimirlo. Fue leve, pero audible. Sus dedos aflojaron apenas sobre el asta de la alabarda, un detalle mínimo que, en combate, podía convertirse en una grieta fatal. El dolor no era superficial, no era el ardor limpio de un corte ni la presión contundente de un golpe. Era interno, se desplazaba, avanzaba por debajo de su piel como si algo estuviera viajando a través de sus venas, dejando tras de sí una estela de calor abrasador que, de pronto, se convertía en un frío entumecedor.

Lo supo sin necesidad de verlo, era veneno. El ritmo irregular de su corazón, el hormigueo que comenzaba a nublar la sensibilidad de sus dedos, la ligera desorientación que no correspondía al esfuerzo físico, todo apuntaba a ello, pero la verdadera inquietud no era el dolor, sino la pregunta que lo acompañaba, ¿cómo? No había visto ninguna herida lo suficientemente profunda, no había sentido una cuchillada clara ni el roce evidente de algo punzante, solo el cruce de armas contra Sigrid, nada más.

Esa incertidumbre era lo más peligroso, porque no saber el origen significaba no saber la solución. ¿La hoja de Sigrid estaba impregnada? ¿Había una aguja oculta en el asta de su arma? ¿Algún mecanismo imperceptible activado en el contacto? La mente de Etsuki intentaba reconstruir el instante exacto en que todo cambió, pero el dolor insistente dificultaba concentrarse.

Retrocedió medio paso, intentando estabilizar su respiración, negándose a mostrar debilidad. No podía permitirse titubear, no frente a Sigrid, no frente a sus compañeros y mucho menos frente al Maestro. Apretó los dientes con fuerza, obligando a su cuerpo a mantenerse firme mientras la sensación punzante continuaba expandiéndose bajo su piel, sin embargo se desplomó por la sensación, jamas habia sentido algo asi y entró en panico, al voltear a ver a su maestro y no verlo ahi sintió una gran satisfacción y simplemente se dejó caer.

Off Etsuki



Mientras el estruendo de los combates se extendía por la selva , acero contra acero, impactos secos de puños, respiraciones agitadas y gritos cargados de convicción hubo un detalle que nadie advirtió. Ni los de la División 93, concentrados en contener a sus oponentes. Ni los de la 107, consumidos por su propia idea de justicia. Ni siquiera aquellos que decían pelear por el Maestro.

Douglas dejó de reír. El cambio fue sutil. Tan sutil que se perdió entre el eco de los choques y los pasos sobre la tierra húmeda. Su expresión se relajó, y la tensión en sus brazos, hasta entonces contenida, se transformó en algo completamente distinto, decisión calculada. Las cadenas que rodeaban sus muñecas tintinearon apenas cuando flexionó los dedos. No hizo un movimiento brusco. Solo un leve giro de muñecas y el sonido opaco del metal cediendo bajo una fuerza que no parecía humana. Primero fue una fisura casi imperceptible. Luego otra, hasta que, con un crujido seco y comprimido por el ruido de la batalla, los eslabones se partieron. Los grilletes cayeron al suelo con un golpe amortiguado por la tierra y las hojas, quedando medio ocultos entre raíces y sombra.

Nadie miraba hacia él, era casi irónico, tanta devoción, tanta defensa, tanto enfrentamiento en su nombre y él ya no estaba allí. Douglas dio un paso atrás, evaluando el campo una última vez. Vio a Tamiel intercambiando golpes brutales. Vio a Megumi rodando por el suelo. Vio a Etsuki resistiendo el veneno con pura obstinación. Vio a Takako perder el equilibrio emocional que tanto intentaba sostener. No intervino, no llamó a ninguno, no dio orden alguna, simplemente giró sobre sus talones y toda la división 107 excepto Takako se dieron cuenta de esto.

El salto fue limpio, silencioso y potente. Se impulsó hacia el tronco más cercano y, como si su cuerpo pesara la mitad de lo que aparentaba, se proyectó hacia la copa de los árboles. La velocidad con la que comenzó a desplazarse entre las ramas era peligrosa, casi antinatural. Sus pies apenas tocaban la madera antes de volver a impulsarse. Cada salto lo alejaba más del claro, más del ruido, más de la supuesta “justicia verdadera” que sus seguidores defendían con sangre. Las hojas apenas se movían cuando pasaba, la selva lo absorbió y en cuestión de segundos, había desaparecido.
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RE: Un prisionero justo [AV. T2] [Presente Abs.] - por Tensui Marlin - 20-02-2026, 04:20 AM

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