20-02-2026, 07:12 AM
Sentí alivio al ver como el joven salió corriendo automáticamente al soltarlo, el combate había perdido toda diversión en el momento que vi que perdió todo espíritu de lucha. No me gustaba el dañar a alguien porque sí, y venditas parecía ser una víctima más de un sistema más fuerte y corrupto del cual no había tenido posibilidad de escapar. En parte esperaba de corazón que pudiera aprovechar la oportunidad única que se le presentaba y me alivió saber que pude ser parte de esa solución... En parte estuve en ese lugar y me dió algo de pena. Por eso, en el momento que le vi correr sin voltear a ver, solo pude dejar salir una sonrisa de lado, sabiendo que ahora el joven era el dueño de su libertad y tenía una nueva página por escribir, pero también la pluma para poder escribir lo que el quisiera... Aunque el momento duró poco, la realidad volvió a tocar la puerta en forma de la voz del viejo...
Aquel tono burlón en su habla, su voz, su actitud, lo que hacía... Todo en el me irritaba... Pero al menos al final si tuvo palabra. Cuando abrí la puerta, mis ojos se abrieron de par en par, mi garganta fue absorbida en sí misma como por una sensación de vacío... Tragué saliva, aunque aquello duró poco, para convertirse en una rabia concentrada dentro mío, mientras mis dientes se aplastaban entre sí, trabando mi mandibula... Mi mano izquierda cerrada en un puño clavaba mis propias uñas en mi carne... ~...Es solo una niña...~ pensaba al verla e inevitablemente recordar... Fuego... El olor a sangre... Sollozos de agonía... El olor al mar y las náuseas mezcladas con aroma a licor barato y suciedad... Roncas voces... Rostros grotescos... Dolor físico y castigo... Mucho por procesar en poco tiempo... Y su mirada, vacía, perdida en la desesperación observandome me hizo volver en mí, no era el momento de que los fantasmas revivieran... Suspiré y me agaché sonriendole con amabilidad extendiendo mi mano hacia ella enseñando la palma con la llave y la otra mano para que la tomase y se acerque. —Ya estás a salvo, es hora de ir a casa— le dije en un tono calmado y gentil tras una sonrisa cargada de tranquilidad. Fue instantáneo, su cambio entre lágrimas para acercarse y dejarse ayudar, el sonido de los grilletes caer al suelo aliviaron mi peso, sabía que se sentía y no iba a permitir que pasara un segundo más allí... La tomé de la mano y la llevé pegada a mi, no iba a permitir que le volviera a pasar algo...
Al salir por donde había entrado en un principio, al sentir al carterista, cuando voltee a verlo ya estaba huyendo, de espaldas, no llegué a verlo... Pero si pude leer aquella nota en mi bolsillo y no pude evitar echar a reír un poco en ese instante. ~Venditas...~ —Te estaré esperando— murmuré con una sonrisa mirando por el camino en el que había desaparecido ante la atónita mirada de la niña que mucho no entendía. La miré a ella también para sonreirle en señal de calma —Parece que hoy seráun excelente día ¿No crees?— le pregunté como queriendo de alguna manera transmitirle todo lo bueno que estaba sintiendo en éste momento y ella sin entender mucho también sonrió, y echamos a caminar, sin miedo, sin prisa, sin pausa, por aquellos callejones, donde ahora se veían llegar soldados que nos ignoraban por completo... Al salir finalmente de allí ella me señaló el barco donde estaba su familia, y me jaló de la ropa, me agaché a ver que quería, y me abrazó, me agarró por sorpresa, y no pude evitar reír a carcajadas y corresponder. —Espero te vuelvas fuerte y grande, y sobre todo espero volver a encontrarte pequeña amiga, en el mar tendrás un amigo desde hoy, Cill Blinton, espero te acuerdes mi nombre— le dije entre risas correspondiendo su abrazo, y despidiéndonos. Aunque antes que se fuera, le pedí perdón y le tiré de un mechón de pelo, arrancandoselo y provocando un pequeño grito y llanto de ella, que se fué corriendo a donde pertenecía... ¿Porqué había hecho eso? Era un pirata... Los finales felices no nos pertenecían a nosotros, solté esos pocos cabellos al viento perdiendose al brillo del sol y prendí un cigarro para echar a correr, puesto que esa escena había llamado la atención de quienes ahora gritaban por mí al son de ladrón o incluso algunos jurando que era un secuestrador... ¿Yo? Solo corría huyendo alegre y riendo, porque la historia no se repetiría, al menos hoy mientras desaparecí rápidamente entre la multitud para quien sabe a donde, iría ahora a parar...
Aquel tono burlón en su habla, su voz, su actitud, lo que hacía... Todo en el me irritaba... Pero al menos al final si tuvo palabra. Cuando abrí la puerta, mis ojos se abrieron de par en par, mi garganta fue absorbida en sí misma como por una sensación de vacío... Tragué saliva, aunque aquello duró poco, para convertirse en una rabia concentrada dentro mío, mientras mis dientes se aplastaban entre sí, trabando mi mandibula... Mi mano izquierda cerrada en un puño clavaba mis propias uñas en mi carne... ~...Es solo una niña...~ pensaba al verla e inevitablemente recordar... Fuego... El olor a sangre... Sollozos de agonía... El olor al mar y las náuseas mezcladas con aroma a licor barato y suciedad... Roncas voces... Rostros grotescos... Dolor físico y castigo... Mucho por procesar en poco tiempo... Y su mirada, vacía, perdida en la desesperación observandome me hizo volver en mí, no era el momento de que los fantasmas revivieran... Suspiré y me agaché sonriendole con amabilidad extendiendo mi mano hacia ella enseñando la palma con la llave y la otra mano para que la tomase y se acerque. —Ya estás a salvo, es hora de ir a casa— le dije en un tono calmado y gentil tras una sonrisa cargada de tranquilidad. Fue instantáneo, su cambio entre lágrimas para acercarse y dejarse ayudar, el sonido de los grilletes caer al suelo aliviaron mi peso, sabía que se sentía y no iba a permitir que pasara un segundo más allí... La tomé de la mano y la llevé pegada a mi, no iba a permitir que le volviera a pasar algo...
Al salir por donde había entrado en un principio, al sentir al carterista, cuando voltee a verlo ya estaba huyendo, de espaldas, no llegué a verlo... Pero si pude leer aquella nota en mi bolsillo y no pude evitar echar a reír un poco en ese instante. ~Venditas...~ —Te estaré esperando— murmuré con una sonrisa mirando por el camino en el que había desaparecido ante la atónita mirada de la niña que mucho no entendía. La miré a ella también para sonreirle en señal de calma —Parece que hoy seráun excelente día ¿No crees?— le pregunté como queriendo de alguna manera transmitirle todo lo bueno que estaba sintiendo en éste momento y ella sin entender mucho también sonrió, y echamos a caminar, sin miedo, sin prisa, sin pausa, por aquellos callejones, donde ahora se veían llegar soldados que nos ignoraban por completo... Al salir finalmente de allí ella me señaló el barco donde estaba su familia, y me jaló de la ropa, me agaché a ver que quería, y me abrazó, me agarró por sorpresa, y no pude evitar reír a carcajadas y corresponder. —Espero te vuelvas fuerte y grande, y sobre todo espero volver a encontrarte pequeña amiga, en el mar tendrás un amigo desde hoy, Cill Blinton, espero te acuerdes mi nombre— le dije entre risas correspondiendo su abrazo, y despidiéndonos. Aunque antes que se fuera, le pedí perdón y le tiré de un mechón de pelo, arrancandoselo y provocando un pequeño grito y llanto de ella, que se fué corriendo a donde pertenecía... ¿Porqué había hecho eso? Era un pirata... Los finales felices no nos pertenecían a nosotros, solté esos pocos cabellos al viento perdiendose al brillo del sol y prendí un cigarro para echar a correr, puesto que esa escena había llamado la atención de quienes ahora gritaban por mí al son de ladrón o incluso algunos jurando que era un secuestrador... ¿Yo? Solo corría huyendo alegre y riendo, porque la historia no se repetiría, al menos hoy mientras desaparecí rápidamente entre la multitud para quien sabe a donde, iría ahora a parar...
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