El Hokodan no preguntó. Entró por el centro del pecho y los tres segundos que siguieron no fueron de oscuridad sino de algo más desconcertante el conocimiento de que no podia hacer nada contra su rival, el horizonte del puerto de Baquella pareció inclinarse, Kurogane pesó el doble en su mano derecha aquel arma que tan facil le resultaba manejar ahora sumida a nada, y la espuma del anillo que él mismo había generado giró alrededor de sus cuernos sin que el suelo hubiera decidido ser firme todavía estaba totalmente mareado por tercera vez. PERO Las rodillas no cedieron. Las rodillas nunca cedían. Uno, el agua del puerto le llegaba al torso. Dos, los ojos entrecerrados parpadearon y el horizonte empezó a decidirse. Tres, la orilla y la figura blanca en la orilla estaba Mojada. Kazan emergió en un movimiento único, seco y sordo. Quince toneladas ascendiendo mientras el agua caía desde sus hombros en cascadas, los pies buscaron los adoquines de la orilla y cuando se plantaron el spray salió en todas direcciones. Kurogane pasó del vertical al horizontal en su mano derecha, mango afirmado. Ocho metros entre él y Shin. El hombro izquierdo descubierto de la túnica empapada brillando bajo el sol junto con restos de su propia sangre, un golpe, un puto golpe "Tangible. Ahora mismo, tangible. Vamos Kazan"
Sus ojos entrecerrados recorrieron a Shin con la lentitud de quien hace inventario necesitaba grabar en su mente quien lo había derrotado, porque si, era una derrota. Sin gorra, sin gafas. El mar había hecho eso. El mar siempre termina haciéndolo, pero no había sido el mismo. No esperó, la mano derecha trasladó el agarre de Kurogane hasta el extremo opuesto del arma, los últimos treinta centímetros de hierro entre los dedos, convirtiendo los siete metros enteros en palanca pura. Dos pasos adelante cubrieron dos metros más y los adoquines protestaron bajo el peso era ahora o nunca.
-¡HAS SIDO EL MAS ATERRADOR DE MIS RIVALES, PALOMITA!-
El brazo derecho barrió de derecha a izquierda, horizontal, a la altura del torso de Shin. La extension de su brazo con la de Kurogane hizo posible que pudiera alcanzanre, el hierro negro de Kurogane buscando el costado del albino con toda la anchura del arco, aunque todo Kurogane era el doble o triple que el albino. El collar de cuentas golpeó contra el pecho de Kazan con el movimiento y él lo sintió. Y en el mismo instante que el arco completó su trayectoria, algo se resolvió en algún lugar de su mente. "Muerto no libero a nadie. Muerto no pago ninguna deuda. Un cadáver no rompe cadenas. Prometí verme con Seraphine..." No era miedo, el miedo era otra cosa y Kazan lo conocía bien no le temía a la muerte pero si a la deshonra, el miedo lo había masticado durante treinta años en la arena. Esto era matematicas vitales puras. Otro rayo laser de aquellos y las heridas dejarian pasarian a ser mortales. El impulso del swing lo llevó naturalmente hacia la izquierda, hacia el borde del muelle, y Kazan dejaria que lo llevara. Los pies giraron. El cuerpo entero giró con ellos, orientándose hacia el puerto a seis metros de distancia, si el swing hubiera golpeado, el marine se encontraría volando.
-Por las profundidades... esto no termina aquí, palomita.- La voz resonó ya en movimiento, grave y sin prisa a pesar de todo siempre calmo, porque algunas cosas no se dicen gritando aunque el mundo esté cayendo y su mundo se estaba viniendo abajo al huir del combate por mantener su promesa. Como habia salido el borde estaba justo detras de el, por lo que al girar ya se encontraba cayendo. Kazan se sumergió con el peso de una ancla. "Ga-ha-ha-ha-ha."
La risa fue solo para él, burbujas ascendiendo desde el fondo del puerto mientras sus pulmones de Wotan no protestaban. Desde el fondo mirando hacia arriba, la silueta del muelle era solo madera oscura y luz fragmentada. Kurogane descansaba en su mano derecha, vertical, las púas apuntando hacia la superficie.
Shin no podía seguirle aquí o al menos eso parecía entender el wotan.
![[Imagen: dleQT2v.jpeg]](https://i.imgur.com/dleQT2v.jpeg)
Sus ojos entrecerrados recorrieron a Shin con la lentitud de quien hace inventario necesitaba grabar en su mente quien lo había derrotado, porque si, era una derrota. Sin gorra, sin gafas. El mar había hecho eso. El mar siempre termina haciéndolo, pero no había sido el mismo. No esperó, la mano derecha trasladó el agarre de Kurogane hasta el extremo opuesto del arma, los últimos treinta centímetros de hierro entre los dedos, convirtiendo los siete metros enteros en palanca pura. Dos pasos adelante cubrieron dos metros más y los adoquines protestaron bajo el peso era ahora o nunca.
-¡HAS SIDO EL MAS ATERRADOR DE MIS RIVALES, PALOMITA!-
El brazo derecho barrió de derecha a izquierda, horizontal, a la altura del torso de Shin. La extension de su brazo con la de Kurogane hizo posible que pudiera alcanzanre, el hierro negro de Kurogane buscando el costado del albino con toda la anchura del arco, aunque todo Kurogane era el doble o triple que el albino. El collar de cuentas golpeó contra el pecho de Kazan con el movimiento y él lo sintió. Y en el mismo instante que el arco completó su trayectoria, algo se resolvió en algún lugar de su mente. "Muerto no libero a nadie. Muerto no pago ninguna deuda. Un cadáver no rompe cadenas. Prometí verme con Seraphine..." No era miedo, el miedo era otra cosa y Kazan lo conocía bien no le temía a la muerte pero si a la deshonra, el miedo lo había masticado durante treinta años en la arena. Esto era matematicas vitales puras. Otro rayo laser de aquellos y las heridas dejarian pasarian a ser mortales. El impulso del swing lo llevó naturalmente hacia la izquierda, hacia el borde del muelle, y Kazan dejaria que lo llevara. Los pies giraron. El cuerpo entero giró con ellos, orientándose hacia el puerto a seis metros de distancia, si el swing hubiera golpeado, el marine se encontraría volando.
-Por las profundidades... esto no termina aquí, palomita.- La voz resonó ya en movimiento, grave y sin prisa a pesar de todo siempre calmo, porque algunas cosas no se dicen gritando aunque el mundo esté cayendo y su mundo se estaba viniendo abajo al huir del combate por mantener su promesa. Como habia salido el borde estaba justo detras de el, por lo que al girar ya se encontraba cayendo. Kazan se sumergió con el peso de una ancla. "Ga-ha-ha-ha-ha."
La risa fue solo para él, burbujas ascendiendo desde el fondo del puerto mientras sus pulmones de Wotan no protestaban. Desde el fondo mirando hacia arriba, la silueta del muelle era solo madera oscura y luz fragmentada. Kurogane descansaba en su mano derecha, vertical, las púas apuntando hacia la superficie.
Shin no podía seguirle aquí o al menos eso parecía entender el wotan.
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Resumen
Bélico
