20-02-2026, 04:50 PM
(Última modificación: 20-02-2026, 10:59 PM por Miyori Hoshino.)
Su mirada se posó sobre la mía, y acompañados de un breve silencio que me hizo contener un momento la respiración ante la curiosidad de su nombre. Finalmente, eligió presentarse. Enji es su nombre, lo cuál me pareció curioso por su significado, y sin embargo, parecía encajar con él como un anillo a medida. Al menos eso creo.
Ahora podía ponerle nombre a su ser, llenarme de su recuerdo como alguien que conocí en medio del caos. No como el desconocido que intenté ayudar a la fuerza, sino, con su nombre grabado en mi corazón. Sonreí agradecida por su confianza y por permitirme saberlo.
Me encogí de hombros y me reí suavemente ante su comentario sobre mí. Sí, acepto que soy terca cuando se trata de proteger o ayudar. Mis pies retomaron el camino hacia la multitud, ya no sentía miedo ni preocupaciones. La inquietud se desvaneció, y por fin me sentí completa de nuevo.
Estando más cerca de la calle principal, pude observar los rostros de los habitantes llenos de aflicción contenida. Algunas familias estaban completas, otras no, pero todos compartían la preocupación por haber perdido sus puestos mercantiles, esos que con años y dedicación habían mantenido a flote. ¿Cómo sería la mañana siguiente?, los comienzos siempre suelen ser los más difíciles.
Escuché a Enji hablar mientras nos abríamos paso entre la multitud. Quizás para él era fácil avanzar y esquivar a las personas, yo en cambio, podía retrasarme en cada tropiezo al toparme con alguien. Por eso me sentí agradecida cuando me tomó del brazo y caminó frente a mí para evitar que me perdiese entre la multitud. — Hasta ahora no me he topado con ninguno. — Dije tranquila ante su comentario de tener cuidado al encontrar vagabundos. Él no me parecía eso, solo una persona cansada. — Pero lo tomaré en cuenta.
Nuestro camino se detuvo en cierto punto, y antes de que Enji me señalará dónde se encontraba mi hermano Takeshi, mis ojos se llenaron de felicidad absoluta. No solo estaba él, estaba mi familia completa. Tan pronto como me vieron, alzaron los brazos al aire, indicandome que debía agruparme con ellos. Todos sonrían con gran alivio, todos felices de verme a salvo, como si fuera la única perdida entre los Hoshino — ¡¡MIYORI!!
Mi familia, compuesta por mis tres hermanos mayores, la esposa de mi hermano mayor, mis dos sobrinas pequeñas, y por supuesto, al hombre que más amaba en todo el mundo. Mi padre, todos estaban ahí, en una pieza. Me sentí afortunada.
— Es mi familia. — Dije lo obvio, en lo que mi atención caía de nuevo en Enji, con cierta sonrisa de alivio y sollozos que en su momento quiso abordarme pero no permití desplazarse. — Me gustaría presentarte con ellos, pero creo que en este momento no hay lugar para reír.
— Gracias por traerme hasta aquí…. — Expresé con una sonrisa dulce hacia él, sin perder contacto visual alguno de sus ojos rojizos. Tomé su mano, con la que me había dirigido todo el camino, la tomé con cierto entusiasmo y cariño. — ¡Por favor visitame la próxima vez que estés en Baquella! ¡Me encantará verte de nuevo!, mi familia también estará feliz de recibirte. — Silencié unos segundos, dudando si debería continuar y apartarme. Quería conocerlo más, no solo sus miedos, sus rabietas o su enojo, quería verlo amando la vida. — Estaré esperándote...
—- Nos vemos, Enji …. —- Solté su mano ahora. Jamás lo recordaría como aquel hombre que vi al inicio de la noche, alguien aislado en la vereda del camino, siendo ignorado y juzgado por las personas. En mi corazón siempre permanecería su lado humano, y la certeza de que, al igual que yo, nos habíamos reconfortado mutuamente.
Me alejé para ser recibida ahora en los brazos de mi familia. Con la esperanza de un futuro maravilloso después de este día de tragedias. Aunque, de la tragedia también se puede encontrar la belleza de nuevos comienzos.
Ahora podía ponerle nombre a su ser, llenarme de su recuerdo como alguien que conocí en medio del caos. No como el desconocido que intenté ayudar a la fuerza, sino, con su nombre grabado en mi corazón. Sonreí agradecida por su confianza y por permitirme saberlo.
Me encogí de hombros y me reí suavemente ante su comentario sobre mí. Sí, acepto que soy terca cuando se trata de proteger o ayudar. Mis pies retomaron el camino hacia la multitud, ya no sentía miedo ni preocupaciones. La inquietud se desvaneció, y por fin me sentí completa de nuevo.
Estando más cerca de la calle principal, pude observar los rostros de los habitantes llenos de aflicción contenida. Algunas familias estaban completas, otras no, pero todos compartían la preocupación por haber perdido sus puestos mercantiles, esos que con años y dedicación habían mantenido a flote. ¿Cómo sería la mañana siguiente?, los comienzos siempre suelen ser los más difíciles.
Escuché a Enji hablar mientras nos abríamos paso entre la multitud. Quizás para él era fácil avanzar y esquivar a las personas, yo en cambio, podía retrasarme en cada tropiezo al toparme con alguien. Por eso me sentí agradecida cuando me tomó del brazo y caminó frente a mí para evitar que me perdiese entre la multitud. — Hasta ahora no me he topado con ninguno. — Dije tranquila ante su comentario de tener cuidado al encontrar vagabundos. Él no me parecía eso, solo una persona cansada. — Pero lo tomaré en cuenta.
Nuestro camino se detuvo en cierto punto, y antes de que Enji me señalará dónde se encontraba mi hermano Takeshi, mis ojos se llenaron de felicidad absoluta. No solo estaba él, estaba mi familia completa. Tan pronto como me vieron, alzaron los brazos al aire, indicandome que debía agruparme con ellos. Todos sonrían con gran alivio, todos felices de verme a salvo, como si fuera la única perdida entre los Hoshino — ¡¡MIYORI!!
Mi familia, compuesta por mis tres hermanos mayores, la esposa de mi hermano mayor, mis dos sobrinas pequeñas, y por supuesto, al hombre que más amaba en todo el mundo. Mi padre, todos estaban ahí, en una pieza. Me sentí afortunada.
— Es mi familia. — Dije lo obvio, en lo que mi atención caía de nuevo en Enji, con cierta sonrisa de alivio y sollozos que en su momento quiso abordarme pero no permití desplazarse. — Me gustaría presentarte con ellos, pero creo que en este momento no hay lugar para reír.
— Gracias por traerme hasta aquí…. — Expresé con una sonrisa dulce hacia él, sin perder contacto visual alguno de sus ojos rojizos. Tomé su mano, con la que me había dirigido todo el camino, la tomé con cierto entusiasmo y cariño. — ¡Por favor visitame la próxima vez que estés en Baquella! ¡Me encantará verte de nuevo!, mi familia también estará feliz de recibirte. — Silencié unos segundos, dudando si debería continuar y apartarme. Quería conocerlo más, no solo sus miedos, sus rabietas o su enojo, quería verlo amando la vida. — Estaré esperándote...
—- Nos vemos, Enji …. —- Solté su mano ahora. Jamás lo recordaría como aquel hombre que vi al inicio de la noche, alguien aislado en la vereda del camino, siendo ignorado y juzgado por las personas. En mi corazón siempre permanecería su lado humano, y la certeza de que, al igual que yo, nos habíamos reconfortado mutuamente.
Me alejé para ser recibida ahora en los brazos de mi familia. Con la esperanza de un futuro maravilloso después de este día de tragedias. Aunque, de la tragedia también se puede encontrar la belleza de nuevos comienzos.
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