20-02-2026, 10:49 PM
Se un marine, dijeron, ganarás un gran sueldo por trabajar poco, dijeron, y sin embargo ahí estaba, siendo llevado del brazo por un pequeño escuadrón de uniformados en lo que se suponía sería su día libre, porque lo normal suele ser darle descanso a los reclutas que vas a utilizar para una misión importante como la que tendría la mañana siguiente.
Aún así, el albino ya se había acostumbrado a este tipo de imprevistos, no por nada fue criado bajo el yugo de dos clanes respetados en el Reino de Sorbet, formadores de marines ejemplares, pues claro que nadie le prometió dinero al orgullo de los Hasegawa para entrar a la fuerza, es sólo una excusa que refunfuña cuando lo obligan a trabajar horas que no estaban previamente pactadas.
¿El caso? Un pirata medio pelo que supuestamente tenía información sobre un navío ilegal que atravesaría aguas de Baterilla a ciertas horas muy puntuales, alguien dio el soplo y la orden inmediata fue capturarlo. Por la zona se levantó el rumor de que Shin poseía una fruta del diablo bastante poderosa, y de ese modo lo terminaron involucrando a la fuerza en el operativo, pues el foco no estaba sobre Baquella directamente, sino, en una cantina a las afueras.
El último recuerdo del albino antes de ser arrastrado a la vil y cruenta jornada laboral, era el sabor a su juguito de fresa mientras bebía a la sombra de un restaurante caro.
Oh, bellas memorias de primavera.
Cuando llegaron, alguien se les había adelantado y dio una alarma que prácticamente agitó el avispero, los marines no tardaron en entrar, con un Shin llegando casi al último. Ni siquiera portaba el uniforme característico, aspecto inusual para quienes están de servicio y lo que definía que sacaron a un buen hombre de su día libre, pero el albino no tardó en demostrar el motivo por el cual fue convocado y arrancado de sus paseos en Baquella.
Se le veía vistiendo una camiseta negra y una chaqueta del mismo color, con capucha, y de tela más bien pobre en calidad, la había comprado en un sitio parecido al que estaban invadiendo, alejado de lugares donde los comerciantes resultaban más ostentosos. En completo silencio, el marine calculó los diversos movimientos en los alrededores, no fueron demasiados quienes intentaban huir y eso facilitó lo que haría a continuación.
Todo inició con un destello dorado, y pronto, fogonazos de luz bajo el mismo tono que aparecían en los lugares desde donde las personas trataban de huir. Uno a uno fueron cayendo, sin oportunidad alguna de descubrir qué es lo que estaba pasando, no importaba cuánta distancia existía entre cada sospechoso, porque bajo la vista de ojos poco entrenados, todos eran noqueados al mismo tiempo. La situación siguió el mismo camino con el piso de arriba, y cuando nadie más intentaba correr, ya sea porque no tenían nada que ocultar o ante los pocos, escasos segundos de reacción, desistieron de la posibilidad de escapar, Shin se paró sobre la barandilla que protegía a las personas de caer hacia la planta baja, bastante firme para su suerte, envuelto en una luminosidad dorada prominente, con los ojos en un principio cerúleos brillando en el tono de su poder con muchísima fuerza. La mirada solemne del marine parecía juzgar todo lo que observaba hacia abajo, con una calma aterradora.
No grita, ni tan siquiera lo exclama en tono alto, pero el silencio de la cantina es suficiente para que todos los presentes lo escuchen, y tras sus palabras el ambiente fúnebre se mantendría, con los cuerpos noqueados adornando el suelo, al menos hasta que algo comenzó a sentirse demasiado ligero en el torso del marine albino, y cuando bajó la vista... se dio cuenta de que de su chaqueta negra, sólo quedaba el cuello sobre su cuerpo, pues lo demás se había desintegrado gracias a la extrema velocidad que alcanzó en movimiento.
—No puede ser... —susurró, llevándose la mano diestra al rostro y bajando de la barandilla —¡La había comprado ayer! En fin, por esto odio trabajar en días libres. —fue entonces que se volteó, por fin haciendo contacto visual con una de las pocas personas que no se habían movido de su lugar, y vaya que era una mujer llamativa. Al momento de observarla, aún se veía envuelto en los trazos dorados alrededor del torso y rostro, iris incluidas, pero cuando se fue acercando aquel fulgor se desvanecía, aprovechando para arrancarse los pocos hilos de chaqueta que tenía encima de un tirón, manteniendo su camiseta de mangas cortas ajustada color negra y arrojando los restos a un costado.
—¿Eres tú a quien buscamos? Tienes pinta de final boss pirata. —dijo, tan tranquilo y ladeando la cabeza —Anda, dime que no. Un rostro como el tuyo no se vería bien detrás de las rejas, estorban a la hora de apreciar la belleza. —se encoge de hombros mientras se acerca lo suficiente para quedar... casi que cara a cara. Es entonces que aparece su sonrisa soberbia, el tono fanfarrón y los dejes de aquel carisma excéntrico, típico de alguien que se sabe, o se cree superior al resto.
Y como acababa de mostrar, al menos Shin tenía unos pocos motivos para creérselo.
Aún así, el albino ya se había acostumbrado a este tipo de imprevistos, no por nada fue criado bajo el yugo de dos clanes respetados en el Reino de Sorbet, formadores de marines ejemplares, pues claro que nadie le prometió dinero al orgullo de los Hasegawa para entrar a la fuerza, es sólo una excusa que refunfuña cuando lo obligan a trabajar horas que no estaban previamente pactadas.
¿El caso? Un pirata medio pelo que supuestamente tenía información sobre un navío ilegal que atravesaría aguas de Baterilla a ciertas horas muy puntuales, alguien dio el soplo y la orden inmediata fue capturarlo. Por la zona se levantó el rumor de que Shin poseía una fruta del diablo bastante poderosa, y de ese modo lo terminaron involucrando a la fuerza en el operativo, pues el foco no estaba sobre Baquella directamente, sino, en una cantina a las afueras.
El último recuerdo del albino antes de ser arrastrado a la vil y cruenta jornada laboral, era el sabor a su juguito de fresa mientras bebía a la sombra de un restaurante caro.
Oh, bellas memorias de primavera.
Cuando llegaron, alguien se les había adelantado y dio una alarma que prácticamente agitó el avispero, los marines no tardaron en entrar, con un Shin llegando casi al último. Ni siquiera portaba el uniforme característico, aspecto inusual para quienes están de servicio y lo que definía que sacaron a un buen hombre de su día libre, pero el albino no tardó en demostrar el motivo por el cual fue convocado y arrancado de sus paseos en Baquella.
Se le veía vistiendo una camiseta negra y una chaqueta del mismo color, con capucha, y de tela más bien pobre en calidad, la había comprado en un sitio parecido al que estaban invadiendo, alejado de lugares donde los comerciantes resultaban más ostentosos. En completo silencio, el marine calculó los diversos movimientos en los alrededores, no fueron demasiados quienes intentaban huir y eso facilitó lo que haría a continuación.
Todo inició con un destello dorado, y pronto, fogonazos de luz bajo el mismo tono que aparecían en los lugares desde donde las personas trataban de huir. Uno a uno fueron cayendo, sin oportunidad alguna de descubrir qué es lo que estaba pasando, no importaba cuánta distancia existía entre cada sospechoso, porque bajo la vista de ojos poco entrenados, todos eran noqueados al mismo tiempo. La situación siguió el mismo camino con el piso de arriba, y cuando nadie más intentaba correr, ya sea porque no tenían nada que ocultar o ante los pocos, escasos segundos de reacción, desistieron de la posibilidad de escapar, Shin se paró sobre la barandilla que protegía a las personas de caer hacia la planta baja, bastante firme para su suerte, envuelto en una luminosidad dorada prominente, con los ojos en un principio cerúleos brillando en el tono de su poder con muchísima fuerza. La mirada solemne del marine parecía juzgar todo lo que observaba hacia abajo, con una calma aterradora.
![[Imagen: ec3ce29a-4694-4daf-b7f9-6faa4dc39330-1.png]](https://i.ibb.co/d0v0S3Nw/ec3ce29a-4694-4daf-b7f9-6faa4dc39330-1.png)
—Mi culpa, debí dejarles algunos segundos de ventaja.
No grita, ni tan siquiera lo exclama en tono alto, pero el silencio de la cantina es suficiente para que todos los presentes lo escuchen, y tras sus palabras el ambiente fúnebre se mantendría, con los cuerpos noqueados adornando el suelo, al menos hasta que algo comenzó a sentirse demasiado ligero en el torso del marine albino, y cuando bajó la vista... se dio cuenta de que de su chaqueta negra, sólo quedaba el cuello sobre su cuerpo, pues lo demás se había desintegrado gracias a la extrema velocidad que alcanzó en movimiento.
—No puede ser... —susurró, llevándose la mano diestra al rostro y bajando de la barandilla —¡La había comprado ayer! En fin, por esto odio trabajar en días libres. —fue entonces que se volteó, por fin haciendo contacto visual con una de las pocas personas que no se habían movido de su lugar, y vaya que era una mujer llamativa. Al momento de observarla, aún se veía envuelto en los trazos dorados alrededor del torso y rostro, iris incluidas, pero cuando se fue acercando aquel fulgor se desvanecía, aprovechando para arrancarse los pocos hilos de chaqueta que tenía encima de un tirón, manteniendo su camiseta de mangas cortas ajustada color negra y arrojando los restos a un costado.
—¿Eres tú a quien buscamos? Tienes pinta de final boss pirata. —dijo, tan tranquilo y ladeando la cabeza —Anda, dime que no. Un rostro como el tuyo no se vería bien detrás de las rejas, estorban a la hora de apreciar la belleza. —se encoge de hombros mientras se acerca lo suficiente para quedar... casi que cara a cara. Es entonces que aparece su sonrisa soberbia, el tono fanfarrón y los dejes de aquel carisma excéntrico, típico de alguien que se sabe, o se cree superior al resto.
Y como acababa de mostrar, al menos Shin tenía unos pocos motivos para creérselo.
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![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
