21-02-2026, 03:21 AM
El rostro de Seraphine pareció de pronto adorno de Navidad con lo roja que se había puesto y sus ojos húmedos por el susto, no obstante, también había una pequeña emoción escondida, impotencia, por ser demasiado torpe para su propio bien, encontrarse en una situación que ya le era demasiado familiar, buscaba verle lo bueno, que tropezar con la gente, le ayudaba a conocer más, pero por otra parte, algunas veces la hacían ser insultada o se metían un poco con ella, para Seraphine esta vez pareció tener suerte, sin embargo, el sentimiento de ser inútil seguía en su corazón.
Cerró sus ojos, contando hasta diez de manera rápida, buscando recuperar los trozos imaginarios que cayeron al suelo con intención de rearmarse, aunque creía que ya era demasiado tarde para eso, sin darse cuenta que sus manos se encontraban sangrando un poco por culpa de haberse raspado, habiendo caído sin mucha gracia sobre sus cuatro patas, ocasionando que el rojo solo subiese una tonalidad más, maldiciendo un montón en su mente, repitiendo los insultos que escuchó varias veces en la celda continua de sus ocho años de esclava, siempre le pareció curioso que los olvidase o no formaban parte de su vocabulario, pero cuando era la hora de utilizarlo contra ella, aparecían y con potencia.
Sin darse cuenta de lo que sucedía, Seraphine se puso en modo servicial, separando un poco sus piernas y brazos, pasando una muñeca por sus ojos, tragándose las lágrimas, ahora más recompuesta, pateando esas emociones nada que ver de su cuerpo, la imagen de una skypean más pequeña y parecida a ella, haciendo eso en su interior le arrancó una pequeña risita silenciosa, buscó hacerlo con Yuuki también, no obstante, al ver que le dejó una pequeña mancha roja de sangre, los ojos de Seraphine se abrieron con pánico, dando unos cuantos saltitos hacia atrás.
A sus palabras, la más alta le mostró su dedo pulgar, buscando hacerle saber que estaba bien, y tomó su lápiz, junto a su libreta para escribir. —Aparte de necesitar desinfectante para mis manos, estoy bien, ¿tú?— Buscó colocar lo escrito cerca de la mejor fuente de luz, para que pudiese leer sin problemas. —Seraphine— Sonrió, queriendo evitar manchar su único método de comunicación con sangre.
Y entrecerró sus ojos al sentir el pañuelo, ladeando un poco su rostro para facilitarle el trabajo. —Perdona, pero…— Se alejó unos cuantos pasos; no estaba acostumbrada a que se preocupasen tanto por ella, solía ser al revés. —¿Puedo yo también… revisarte?— Y el consentimiento era algo que le importaba mucho. —¿Arreglos?— Abrió ambos ojos. —¿Perdí un brazo o algo?— Revisó cada extremidad y, al final, con cierta preocupación, buscó asegurarse de que su cabeza siguiera en su lugar al tocarse en el cuello.
—¿Noble?
Se señaló a sí misma y no pudo evitar echarse a reír, sin producir sonido, pero parecía haber escuchado la cosa más graciosa. —Llevo exactamente 70 días siendo libre de mi esclavitud— Su expresión demostraba orgullo. —No, está bien, me tropecé, suele ocurrirme a menudo… Creo que me acaban de robar mi comida— En efecto, ya no estaba e infló sus mejillas.
Cerró sus ojos, contando hasta diez de manera rápida, buscando recuperar los trozos imaginarios que cayeron al suelo con intención de rearmarse, aunque creía que ya era demasiado tarde para eso, sin darse cuenta que sus manos se encontraban sangrando un poco por culpa de haberse raspado, habiendo caído sin mucha gracia sobre sus cuatro patas, ocasionando que el rojo solo subiese una tonalidad más, maldiciendo un montón en su mente, repitiendo los insultos que escuchó varias veces en la celda continua de sus ocho años de esclava, siempre le pareció curioso que los olvidase o no formaban parte de su vocabulario, pero cuando era la hora de utilizarlo contra ella, aparecían y con potencia.
Sin darse cuenta de lo que sucedía, Seraphine se puso en modo servicial, separando un poco sus piernas y brazos, pasando una muñeca por sus ojos, tragándose las lágrimas, ahora más recompuesta, pateando esas emociones nada que ver de su cuerpo, la imagen de una skypean más pequeña y parecida a ella, haciendo eso en su interior le arrancó una pequeña risita silenciosa, buscó hacerlo con Yuuki también, no obstante, al ver que le dejó una pequeña mancha roja de sangre, los ojos de Seraphine se abrieron con pánico, dando unos cuantos saltitos hacia atrás.
A sus palabras, la más alta le mostró su dedo pulgar, buscando hacerle saber que estaba bien, y tomó su lápiz, junto a su libreta para escribir. —Aparte de necesitar desinfectante para mis manos, estoy bien, ¿tú?— Buscó colocar lo escrito cerca de la mejor fuente de luz, para que pudiese leer sin problemas. —Seraphine— Sonrió, queriendo evitar manchar su único método de comunicación con sangre.
Y entrecerró sus ojos al sentir el pañuelo, ladeando un poco su rostro para facilitarle el trabajo. —Perdona, pero…— Se alejó unos cuantos pasos; no estaba acostumbrada a que se preocupasen tanto por ella, solía ser al revés. —¿Puedo yo también… revisarte?— Y el consentimiento era algo que le importaba mucho. —¿Arreglos?— Abrió ambos ojos. —¿Perdí un brazo o algo?— Revisó cada extremidad y, al final, con cierta preocupación, buscó asegurarse de que su cabeza siguiera en su lugar al tocarse en el cuello.
—¿Noble?
Se señaló a sí misma y no pudo evitar echarse a reír, sin producir sonido, pero parecía haber escuchado la cosa más graciosa. —Llevo exactamente 70 días siendo libre de mi esclavitud— Su expresión demostraba orgullo. —No, está bien, me tropecé, suele ocurrirme a menudo… Creo que me acaban de robar mi comida— En efecto, ya no estaba e infló sus mejillas.
