21-02-2026, 04:20 AM
—...
Es de sabios entender gestos.
Hae-won nunca fue una persona de grandes emociones. Su memoria ha tenido un enorme peso en la forma de comprender a las personas, en el modo de caer en la realidad de que no es capaz de olvidar o desentenderse de ciertos aspectos que muchas personas desearían borrar de sus mentes. Y no puede culparse, tampoco es que haya pedido ese don, pero también duele todo lo duro que ha visto durante gran parte de su vida.
Entiende de razones cuando estas forman parte de sus vivencias; comparte las grandes presencias de la vida y, aunque no quiera admitirlo, puede percatarse de comportamientos anómalos.
No dice nada. Simplemente lo observa al darse cuenta de que no está bien. Y si bien quisiera saber qué carajos le ocurre, no quiere importunar en absoluto lo que verdaderamente está pasando dentro de su cabeza. Solo puede quedarse callada en esos momentos porque están dentro de una misión, pero las paradas técnicas no solo sirven para que ellos pudiesen buscar pistas. También sirve para que ella pueda percatarse de los punzares en la nariz, la mirada descolocada y el cerrar de ojos con algo de presión.
¿Tanto así lo habían dañado? ¿A ese punto tuvo que llegar?
Si bien adoraría maldecir a ese pirata de mierda, ella solo puede enfocarse en la misión. El trabajo es importante, sin embargo, no puede evitar sentirse culpable al entender que tal vez lo ha forzado a algo en su estado de salud que podría ponerlo en peligro potencial.
No puede decir mucho, sin embargo, tampoco va a negar que hay algo determinante en su mirada cuando lo contempla entre descansos: va a protegerlo, y hará todo lo que esté en su mano para darle el alivio que necesita con el fin de hacerle entender que, no importa cuánto le cueste, ella seguiría siendo ese ángel de la guarda que logró sacarlo de las sombras y la negrura.
—Allí...
Cuando se percata, luego de otear el horizonte con su compañero, puede ver una escena compleja, pero no desconocida. El reguero de evidencia que hay a su alrededor: entre casquillos, gotas de sangre y un sombrero pirata perforado por balas, el ambiente sigue siendo difícil de respirar. Sigue mirando hacia adelante, contando la cantidad de cuerpos y lo extrañamente distribuidos que están.
—Acerquémonos a mirar —La dama dirige su atención al caballero con seriedad, sin perder la gentileza natural—. Trataremos de acercarnos despacio. Te pediré que seas mis ojos en las alturas para ver lo que haya, y de paso, alertarme de de cualquier cosilla que veas en la lejanía —No quiere que se agache bajo ningún concepto para tratar de que el malestar, sea el que sea, no le aqueje con tanta fuerza—. Yo miraré al suelo y buscaré pistas. Dame unos minutos para ir juntando la evidencia que está por aquí, hasta que lleguemos al centro del conflicto.
Se coloca los guantes con rapidez mientras toma las bolsas en donde guardaría los restos del asalto. Mira con atención; sostiene con delicadeza los casquillos de bala. Analiza con el tacto la pólvora y el líquido carmesí. Agarra con cuidado el sombrero pirata, no sin antes mirarlo con algo de desdén, mientras lo guarda en otra bolsa separada del resto de la evidencia.
La mirada de la joven se vuelve más inquisitiva en busca de percatarse de sus alrededores. Su oído y su vista están en alerta mientras camina con paso seguro, pero medido, hacia los cuerpos. Observa un par de cosas interesantes en la escena planteada.
—Hmmm... El arma que está sobre el cuerpo del que parece enfrentar al resto —Su tono de voz se vuelve más suave, más monótono—... Fue dejada allí a propósito. Esta persona no ha sido la que ha disparado, o al menos eso es lo que yo creo teniendo en cuenta la posición del arma y el estado del propio cuerpo: no la está empuñando.
Trataría de mirar desniveles e intentaría localizar huellas en sus alrededores, en busca de rastros anómalos de sangre: ya sea de alguien arrastrando alguna extremidad por causa de haber sido herido o, en todo caso, alguna hemorragia causada por enfrentamientos.
—¿Cuántos años les das a los cuerpos? ¿Qué puedes ver de anormal en ellos? Si vas a tocarlos, no olvides ponerte los guantes para no alterar la escena del crimen.
Escena triste y patética, a sus ojos. Suspira con algo de desgana y pesadez al entender que, en efecto, tiene mucho que pensar al respecto.
Es de sabios entender gestos.
Hae-won nunca fue una persona de grandes emociones. Su memoria ha tenido un enorme peso en la forma de comprender a las personas, en el modo de caer en la realidad de que no es capaz de olvidar o desentenderse de ciertos aspectos que muchas personas desearían borrar de sus mentes. Y no puede culparse, tampoco es que haya pedido ese don, pero también duele todo lo duro que ha visto durante gran parte de su vida.
Entiende de razones cuando estas forman parte de sus vivencias; comparte las grandes presencias de la vida y, aunque no quiera admitirlo, puede percatarse de comportamientos anómalos.
No dice nada. Simplemente lo observa al darse cuenta de que no está bien. Y si bien quisiera saber qué carajos le ocurre, no quiere importunar en absoluto lo que verdaderamente está pasando dentro de su cabeza. Solo puede quedarse callada en esos momentos porque están dentro de una misión, pero las paradas técnicas no solo sirven para que ellos pudiesen buscar pistas. También sirve para que ella pueda percatarse de los punzares en la nariz, la mirada descolocada y el cerrar de ojos con algo de presión.
¿Tanto así lo habían dañado? ¿A ese punto tuvo que llegar?
Si bien adoraría maldecir a ese pirata de mierda, ella solo puede enfocarse en la misión. El trabajo es importante, sin embargo, no puede evitar sentirse culpable al entender que tal vez lo ha forzado a algo en su estado de salud que podría ponerlo en peligro potencial.
No puede decir mucho, sin embargo, tampoco va a negar que hay algo determinante en su mirada cuando lo contempla entre descansos: va a protegerlo, y hará todo lo que esté en su mano para darle el alivio que necesita con el fin de hacerle entender que, no importa cuánto le cueste, ella seguiría siendo ese ángel de la guarda que logró sacarlo de las sombras y la negrura.
—Allí...
Cuando se percata, luego de otear el horizonte con su compañero, puede ver una escena compleja, pero no desconocida. El reguero de evidencia que hay a su alrededor: entre casquillos, gotas de sangre y un sombrero pirata perforado por balas, el ambiente sigue siendo difícil de respirar. Sigue mirando hacia adelante, contando la cantidad de cuerpos y lo extrañamente distribuidos que están.
—Acerquémonos a mirar —La dama dirige su atención al caballero con seriedad, sin perder la gentileza natural—. Trataremos de acercarnos despacio. Te pediré que seas mis ojos en las alturas para ver lo que haya, y de paso, alertarme de de cualquier cosilla que veas en la lejanía —No quiere que se agache bajo ningún concepto para tratar de que el malestar, sea el que sea, no le aqueje con tanta fuerza—. Yo miraré al suelo y buscaré pistas. Dame unos minutos para ir juntando la evidencia que está por aquí, hasta que lleguemos al centro del conflicto.
Se coloca los guantes con rapidez mientras toma las bolsas en donde guardaría los restos del asalto. Mira con atención; sostiene con delicadeza los casquillos de bala. Analiza con el tacto la pólvora y el líquido carmesí. Agarra con cuidado el sombrero pirata, no sin antes mirarlo con algo de desdén, mientras lo guarda en otra bolsa separada del resto de la evidencia.
La mirada de la joven se vuelve más inquisitiva en busca de percatarse de sus alrededores. Su oído y su vista están en alerta mientras camina con paso seguro, pero medido, hacia los cuerpos. Observa un par de cosas interesantes en la escena planteada.
—Hmmm... El arma que está sobre el cuerpo del que parece enfrentar al resto —Su tono de voz se vuelve más suave, más monótono—... Fue dejada allí a propósito. Esta persona no ha sido la que ha disparado, o al menos eso es lo que yo creo teniendo en cuenta la posición del arma y el estado del propio cuerpo: no la está empuñando.
Trataría de mirar desniveles e intentaría localizar huellas en sus alrededores, en busca de rastros anómalos de sangre: ya sea de alguien arrastrando alguna extremidad por causa de haber sido herido o, en todo caso, alguna hemorragia causada por enfrentamientos.
—¿Cuántos años les das a los cuerpos? ¿Qué puedes ver de anormal en ellos? Si vas a tocarlos, no olvides ponerte los guantes para no alterar la escena del crimen.
Escena triste y patética, a sus ojos. Suspira con algo de desgana y pesadez al entender que, en efecto, tiene mucho que pensar al respecto.
Resumen
Inventario
Karmas
