21-02-2026, 08:21 AM
Mi buen humor regresó, tal vez el hombre no era tan animal como lo demostraba ser o tal vez era mucho peor. Mi dormida se relajó, al igual que todo mi cuerpo excepto el puño que sostenía la bala y el que pasé atrás de mi, a mi espalda, con esperanza de que el rubio ni siquiera lo notara. Al escucharlo hablar de negocios volví a sentarme sin ligereza, acomodándome los lentes con la mano que tenía desocupada. Escuché su conversación en silencio y aunque el tono no parecía haber cambiado mucho, podría esconder con mejores trucos aquella incomodad que me corrompía la sonrisa.
Sus respetos y su bienvenida me importaba una mierda, pero si Jin estaba mejor de esta forma entonces… Jugaría de la mano de la suerte esperando que volviera a premiarme, como lo acababa de hacer. No, esta vez no había sido la suerte pero el filo de la lengua, una bendición que tenía, construida por tanto tiempo hasta la perfección.
Al final simplemente eran negocios y como tal he de reaccionar.
El humo del tabaco me llegó a la nariz y lo ignoré, inclinándome ligeramente al hombre con una sonrisa ¿Tal vez me vería más cercano? ¿Más complaciente? Al final del día, había cumplido con lo que parecía pedirle: un trato respetuoso. — Me temo que mis servicios, lord Onizuka, no incluyen relaciones sexuales.— Solté entrecerrando ligeramente los ojos, explicando como quien pone los términos en un contrato. —Acepto el trabajo, lo haré en individual y le enviaré reportes semanales de lo que vaya surgiendo ¿me entiendes? La suma será de… 4 millones. Puede pagarme cuando el trabajo esté terminado.— Me levanté una vez más de la silla, evitando en todo este tiempo mirar a Jin. —Comienza a hacerse tarde, si no hay nada más de lo que discutir. Al menos un servidor debería retirarse.— Usé la voz más suave que conocía, aquella para intentar no solo convencer si no propiciar a un resultado favorable. Quería irme. No quería dejar al mayor pero no sabía como levantar sospechas. — Deberíamos retirarnos, en realidad. No puedo dejar que el señor Jin se encuentre sin guardia, usted entenderá.— Ahí estaba, la oportunidad.
Sus respetos y su bienvenida me importaba una mierda, pero si Jin estaba mejor de esta forma entonces… Jugaría de la mano de la suerte esperando que volviera a premiarme, como lo acababa de hacer. No, esta vez no había sido la suerte pero el filo de la lengua, una bendición que tenía, construida por tanto tiempo hasta la perfección.
Al final simplemente eran negocios y como tal he de reaccionar.
El humo del tabaco me llegó a la nariz y lo ignoré, inclinándome ligeramente al hombre con una sonrisa ¿Tal vez me vería más cercano? ¿Más complaciente? Al final del día, había cumplido con lo que parecía pedirle: un trato respetuoso. — Me temo que mis servicios, lord Onizuka, no incluyen relaciones sexuales.— Solté entrecerrando ligeramente los ojos, explicando como quien pone los términos en un contrato. —Acepto el trabajo, lo haré en individual y le enviaré reportes semanales de lo que vaya surgiendo ¿me entiendes? La suma será de… 4 millones. Puede pagarme cuando el trabajo esté terminado.— Me levanté una vez más de la silla, evitando en todo este tiempo mirar a Jin. —Comienza a hacerse tarde, si no hay nada más de lo que discutir. Al menos un servidor debería retirarse.— Usé la voz más suave que conocía, aquella para intentar no solo convencer si no propiciar a un resultado favorable. Quería irme. No quería dejar al mayor pero no sabía como levantar sospechas. — Deberíamos retirarnos, en realidad. No puedo dejar que el señor Jin se encuentre sin guardia, usted entenderá.— Ahí estaba, la oportunidad.

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