[Presente Absoluto] Ver sin ver (Entrenamiento de Kenbunshoku)
#22
Jin volvió a enfocarse en su propia máquina, sin prestar atención a las monedas que le caían al ludópata que lo acompañaba. El cigarrillo seguía entre sus labios como un alivio silencioso que le agradecía en silencio, uno de sus métodos de autocontrol. Elevó otra moneda, introduciéndola en la ranura con calma, solo para escuchar una vez más al joven a su lado. Una vez más falló, haciendo que en la pantalla frente a él salieran tres imágenes distintas. La mano se apretó en la palanca. Comenzaba a resultarle molesto. Su mente pensaba en aquella persona que, sin duda, sí, extrañaba, aliviando aquel pensamiento con un contacto por Den-Den Mushi. Sus ojos descendieron a los sacos que poseía bajo sus pies.

Cerró sus ojos, elevando su diestra hasta su rostro, con los dedos índice y corazón tomando el cigarrillo de entre sus labios, una vez más, tratando de mantener la compostura. Inhalar el humo le dio la sensación de que respiraba profundo, con la nicotina llenando sus pulmones. Lo extraño fue que, de nuevo, aquellas extrañas auras se aparecían con sus ojos cerrados, ahora con formas. Los colores tomaban mayor nitidez, como el que tenía más cerca, el propio Owen. Un aura en forma de llama, como si fuera el propio fuego, con degradados rojos y naranjas. Era muy sutil, pero comenzaba a sospechar que no era tanta la imaginación en su cabeza, y no bajo estrés. 

—Se pueden extrañar muchas cosas, no solo a alguien.

Expulsó el humo, saliendo con él la calma. Se había vuelto a alterar, y esto comenzaba a afectar con su racha en la tragaperras. Con el humo del cigarro, que no soltó mirando al joven, sino hacia el aparato frente a él, logró sentir el alivio y autocontrol que por un momento había perdido. Descendió su torso, observando a aquel niño inmaduro frente a él, conociendo de sobra, bajo su primer encuentro, aquel mentiroso compulsivo que tenía. Podría estar diciendo la verdad en sus palabras, pero también una gran mentira como cuando mencionó el nombre de Uker Rackham al presentarse por primera vez. Quién sabe si lo habría creído la primera vez si no fuera porque conocía realmente al cocinero. A diferencia de antes, ahora aquella aura no podía verla, no con los ojos abiertos. Comenzaba a comprender, quizás, lo que podía llegar a significar ese “ver sin ver”.

—Me sorprende que hables de una inseguridad que tú mismo tienes, Owen.

Su voz sonó lenta, tranquila, ahora sí, sus emociones muchísimo más controladas gracias a la nicotina y recordando la voz de la mujer de cabello blanco y el de cabellos rubios. —Cierto, hay cosas que he dejado atrás, como a mis hombres, a mi jefe... Personas que si no tienen mi voto de confianza es porque sé que no valen la pena. — Descendió su zurda, alcanzando una de las monedas, dejando caer la ceniza a un lado, expulsando el humo de sus pulmones. —Los que sí lo valen sé de sobra que saben cuidarse por sí mismos y tienen mi completa y entera confianza. Es gracioso que menciones inseguridad y añoranza, cuando te planteo ejemplos que no eres capaz ni de responder. Más bien parece que eres tú quien tiene más temores. 

Segunda moneda, sonidos que percibía con su alto sentido del oído, las luces vibrantes y aleatorias que aparecían alrededor del aparato. Pasó el cigarrillo de su diestra a la zurda, ya que la palanca se encontraba en su lado derecho. —Mencionas inseguridad, cuando ni tú confías en la fuerza de tu chica, ni mucho menos confías en ti mismo. Apenas nos hemos separado del Jefe, y ya estabas lloriqueando en silencio y sintiéndote inútil. Ese brazo no se rompió solo; ha sido producto de tu inseguridad al no confiar que Gwendolyn podría defenderse por sí misma. Incluso siendo incapaz de responderme a situaciones concretas que te he dado como ejemplo, reflejándote como excusa un “parece que lo has vivido”. — Una vez más, una pausa, bajando la palanca en el momento justo. Los giros de la tragaperras comenzaron a ir deteniéndose. Primero uno, luego otro, con un dibujo igual y... tres imágenes iguales. No era premio gordo, pero sí un premio. Las monedas no abundaban tanto como en sus triples sietes, pero ya era otra victoria, demostración clara de que sus emociones volvían a apagarse y el autocontrol volvía en sí. Inhaló el humo, respirando pausadamente para luego expulsar el humo, tomando una moneda con sus dedos.

—Adivina una cosa; sí, lo he vivido. Soy un yakuza, es mi día a día.

Sus ojos ahora regresaron hacia Owen a medida que introducía una tercera moneda. —¿Cómo si no voy a darte ejemplos sin respuesta? Es obvio. Y eso es solo parte de lo que pueda suceder. Ser vulnerable en mi mundo significa morir o perder lo que quieres, por eso es mejor no tenerlo. — Su mano palpó tranquilamente hasta encontrar la palanca, sin perder detalle del joven frente a él. Ahora, dentro de su calma, podía comprenderlo, volvía a tener su concentración al máximo, había bajado la guardia, y ahora lo notaba; Envidia, odio, repudio, alegría espontánea... Emociones que se encontraban precisamente en ese tipo de lugar. Era, una vez más, una sensación frágil todavía, pero podía sentirla entre las personas de su entorno, unos más que otros. 

—¿Sermoneando? ¿Consideras hablar de estupideces sin sentido un sermón? Me decepcionas, Owen. — Pese a la conversación, su oído seguía atento al aparato que reposaba junto a él. El sonido alcanzó su oído e instantáneamente descendió su mano. De nuevo, el giro comenzaba a disminuir, primero parando en un siete. —Hablas de “alguien” como si supieras, mencionas cosas y ni respondes preguntas, hablas de mentiras cuando tú mismo eres un mentiroso compulsivo con doble cara. Ahora haciéndote el santurrón solo por haber encontrado a “una chica ideal”, con la que arriesgas una vida que mencionas tener y bajo mis ojos no vale nada. — Un segundo siete se reflejó en la pantalla, ya solo girando la última ruleta de la tragaperras. —Piensas que ves más allá de mis mentiras, pero lo único que consigues es revelarme más qué tan débil eres. — Tercer siente, gran premio una vez más. El sonido de la tragaperras y las luces mostrando una nueva victoria, las monedas cayendo bajo sus pies, ahora sí, regresando a poner orden en aquella lluvia para introducirlas en el saco una vez más. 

—Yo no he arriesgado ni más ni menos saliendo de los Blues, jovencito. Quienes estén allí me brindaron un voto de confianza para llegar a donde tengo que llegar. Mis objetivos son muy claros, mis metas también, pero las tuyas se han difuminado por completo, joven Owen. Has perdido totalmente el rumbo. — Sopló el humo del cigarro, cerrando sus ojos, elevando su espalda y su propio rostro. 

—Si Gwendolyn realmente te “ama” como tanto presumes, te dejaría ser tú mismo.

Jugueteó una vez más con una de sus monedas, mirando ambos lados como si fuera algo nuevo. —Pero en vez de eso, tú mismo has cambiado para ser mejor con ella, adaptarte a quien es ella, ni siquiera parece que le hayas mencionado sobre tu vida en tu isla de nacimiento. Te haces el santo, cuando no eres capaz de decirle toda la verdad a tu tan querida religiosa. Esta relación en la que estás inició a base de mentiras, tú y yo lo sabemos bien. Ocultar quién eras, cómo eres, y lo que has hecho. — Tampoco conocía qué tanto reveló a la muchacha, y le dio absoluta y completamente igual. —Lo irónico es que estás tan ciego que ni ves qué tanto has decaído. No eres capaz ni de ver quién te protege de verdad, y quién te menosprecia.

Cajita de Tabaco

[Imagen: bTjgVIr.png]


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RE: [Presente Absoluto] Ver sin ver (Entrenamiento de Kenbunshoku) - por Onizuka Jin - 21-02-2026, 03:05 PM

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