21-02-2026, 06:19 PM
Arqueó una ceja al comentario salido de lugar. Si era su opinión, que así fuera. Edgy o no, así aprendió a sobrevivir, y así escaló en su clan, del mismo modo que así planeaba seguir escalando. Demostraría sus capacidades a su nuevo Jefe, Sohem. Terminó de acomodar las monedas en el saco, poco a poco acercándose más al medio millón. ¿Seguiría pudiendo disfrutar de la racha? No quería alargar aquello más de lo necesario y la presencia del más joven no sabía si estaba bien o mal. Colocó nuevamente una moneda sobre el aparato, tratando ahora de mantener la máxima concentración. ¿Estaría comenzando a comprender las bases de aquel “séptimo” sentido? Sí, quizás era mejor describirlo de esa forma. No era un sexto, eso no era intuición, era algo que iba más allá de esa comprensión. Cerró los ojos una vez más, tratando de concentrarse, agradecido por el que ahora estaba siendo un silencio más prolongado del pelirrojo.
Ahora sí, podía sentirlo más. Sensaciones, vibras... Sus ojos cerrados solo lo agudizaban más. Destellos muy leves de formas distintas de forma leve, casi imperceprible. El de Owen era el más notable, teniendo no solo en cuenta el color, sino también su cercanía. Algunos tenían formas más complejas, como si el viento fuera el que moviera aquel tono azulado, algo comparado con el soplido del aire, otros más electrizantes, en tonos y colores distintos. Podía sentir incluso su propia aura antes de abrir los ojos de nuevo y ver que, otra vez, todo se veía total y completamente normal. Quizás fuera el ambiente que lograba agudizar más sus sentidos, o quizás el hecho de que Owen tratara de sacarle información hubiera hecho más de lo que creía. Respiró pronfundamente, ahora con una nueva moneda sobre la ranura que introdujo de nuevo. La música del aparato, el sonido de la maquinaria interior lo hizo prestar más atención a su alrededor.
Su oído seguía afilado, preparado para lo que fuera. No lo veía, pero sí percibía que aquellas presencias se hacían más y más destacado. Era como si aquello que parecía ver con sus ojos cerrados latiera dependiendo de la emoción de su entorno. Probablemente el motivo era haber ganado el foco por su gran racha de victorias. Algunos estaban expectantes, otros con envidia. La diferencia es que podía percibirlo de una forma que no sabía explicar del todo bien. El carrusel, una vez más, diminuía su velocidad, un siete. Dos. Triple siete, de nuevo, con una victoria que lo llevó a ganar más Berries, una nueva montaña de ellos que cayeron bajo sus pies. A este paso no sabría cómo mover tantas monedas. Las sensaciones a su alrededor se intensificaron.
Quiso probar de nuevo, cerrando los ojos. Las auras se veían difusas, pero más perceptibles, como si ganaran fuerza cuanto más fuerte era una presencia. Era curioso que al cerrar los ojos los “viera” y al abrirlo, pareciera no haber nada. ¿También debería ser así? ¿O con los ojos abiertos también debería ser capaz de percibirlo? La voz de Owen le hizo abrir los ojos, terminando de acomodar la montaña de monedas. Elevó la mirada, reacomodándose de nuevo hacia el joven, arqueando una ceja de forma claramente incomprensible.
Ciertamente hubo muchos cambios desde que conoció al rubio, él mismo había adoptado actitudes, en privado, que no recordaba habérselas brindado a nadie, descubriendo emociones que ni comprendía todavía, pero sabía que existían. No podía ponerles palabras concretas. —Es demasiado obvio tu pánico. Deberías aprender a confiar en ella. — Del mismo modo que él también lo hacía con aquella persona que dejó atrás. —Cuando dejes de tener ese pánico y preocupación y aprendas a confiar en ella, dejarás de ser tan débil y vulnerable. — Elevó su mano, acomodando la moneda en la ranura. La máquina volvió a hacer funcionar el carrusel, haciéndolo girar. En su caso solo observaba los giros sin mucho interés. —Si no haces que valga por sí misma, nada de esto merecerá la pena. No solo perderás tu vida de forma inútil, también ella la perderá. Si algo sé... Es que las relaciones reales se inician y terminan en base a la confianza total y absoluta. — Algo que comprobó en primera persona, existiendo una sinceridad real desde el inicio. No hubo adornos, no hubo mentiras, desde el inicio se dejó claro quién era, a qué se dedicaba y qué hacía, además de los riesgos e, incluso así, había sido aceptado sin reproches. Bajó la palanca, momento en que los giros comenzaban, una vez más a disminuir en velocidad. Un limón. Dos... Y tres. Nuevo premio, esta vez más pequeño, con muchas menos monedas cayendo bajo sus pies.
Cruzó sus piernas, tomando una moneda, ahora sin mucho interés. Ahora estaba prestando más atención a su entorno, dividiéndose entre conversar, jugar y percibir al mismo tiempo. —Habría sido fácil matarte, pero ahora también es mucho más fácil usarte, Owen. Tienes un punto débil muy claro. Sigues poniendo tu vida por delante de la de Gwendolyn. Me resulta irrelevante, sinceramente, pero parece que no aprendiste nada de lo que le pasó a Moria. — Mujer que, obviamente, había sido su cliente en secreto y, de hecho, lo seguía siendo por el momento. Aunque irónicamente su ejemplo se estaba repitiendo en su propio hijo. —Dices de cambiar el mundo con ella, pero ni siquiera mencionas qué capacidades tiene, además de su Akuma. Solo está obsesionada con una fe, encerrada en un idealismo que ni existe. ¿Qué te hace pensar a ti que ella tiene en sus manos ese poder para cambiar el mundo cuando ni siquiera es capaz de controlarse ella misma? Los dos lo sabemos, esas locuras que le dan no son casualidad. Así que dime, ¿Qué es lo que crees que puede cambiar ella sola?
Tercera moneda que introducía de nuevo, ahora sin mucha atención. Había ganado demasiadas veces, debía intentar tener alguna otra derrota para no seguir llamando tanto la atención de su alrededor. —Esa misma fuerza de la que presumes... — Hizo una pausa, recordando una vez más ciertos eventos que le hicieron creer en el peligro uno de quienes le importaban. Recordó la lluvia, el terror, la sangre, la bala que pudo haberlo matado si no fuera por... Bajó la palanca, con tres dibujos totalmente distintos ahora en el carrusel.
Él mismo se había vuelto tan ciego como él, solo recordaba apuñalar a alguien sin cesar, sin control, cegado, todo rojo. Estaba seguro de que esa era la sensación. —Por mucho que hubiera pasado eso con los Marines, seguramente no estaban lo suficientemente preparados. No digo no comprender a lo que te refieres, comprende que seguir así solo te llevará al suicidio. Si hubiera sido algo más preparado, planeado, ¿cómo habría terminado todo? Esa fortaleza de la que hablas se llama adrenalina que, cuando termina, solo te agota más. La misma que usaste cuando viste a Sohem ir a por Gwendolyn y te provocó eso en el brazo. — Porque sabía que la sensación fue la misma. Vio su cigarrillo terminar de consumirse, y lo apagó, dejándolo caer en el suelo y pisándolo despreocupadamente. Sentía que poco a poco se acercaba más a ese entrenamiento. Pronto podrían conseguirlo. No sabía cuánto tiempo llevaban allí, quizás horas, quizás minutos, pero el tiempo seguía corriendo.
Ahora sí, podía sentirlo más. Sensaciones, vibras... Sus ojos cerrados solo lo agudizaban más. Destellos muy leves de formas distintas de forma leve, casi imperceprible. El de Owen era el más notable, teniendo no solo en cuenta el color, sino también su cercanía. Algunos tenían formas más complejas, como si el viento fuera el que moviera aquel tono azulado, algo comparado con el soplido del aire, otros más electrizantes, en tonos y colores distintos. Podía sentir incluso su propia aura antes de abrir los ojos de nuevo y ver que, otra vez, todo se veía total y completamente normal. Quizás fuera el ambiente que lograba agudizar más sus sentidos, o quizás el hecho de que Owen tratara de sacarle información hubiera hecho más de lo que creía. Respiró pronfundamente, ahora con una nueva moneda sobre la ranura que introdujo de nuevo. La música del aparato, el sonido de la maquinaria interior lo hizo prestar más atención a su alrededor.
Su oído seguía afilado, preparado para lo que fuera. No lo veía, pero sí percibía que aquellas presencias se hacían más y más destacado. Era como si aquello que parecía ver con sus ojos cerrados latiera dependiendo de la emoción de su entorno. Probablemente el motivo era haber ganado el foco por su gran racha de victorias. Algunos estaban expectantes, otros con envidia. La diferencia es que podía percibirlo de una forma que no sabía explicar del todo bien. El carrusel, una vez más, diminuía su velocidad, un siete. Dos. Triple siete, de nuevo, con una victoria que lo llevó a ganar más Berries, una nueva montaña de ellos que cayeron bajo sus pies. A este paso no sabría cómo mover tantas monedas. Las sensaciones a su alrededor se intensificaron.
Quiso probar de nuevo, cerrando los ojos. Las auras se veían difusas, pero más perceptibles, como si ganaran fuerza cuanto más fuerte era una presencia. Era curioso que al cerrar los ojos los “viera” y al abrirlo, pareciera no haber nada. ¿También debería ser así? ¿O con los ojos abiertos también debería ser capaz de percibirlo? La voz de Owen le hizo abrir los ojos, terminando de acomodar la montaña de monedas. Elevó la mirada, reacomodándose de nuevo hacia el joven, arqueando una ceja de forma claramente incomprensible.

—Si he cambiado, será para mejor, desde luego.
Ciertamente hubo muchos cambios desde que conoció al rubio, él mismo había adoptado actitudes, en privado, que no recordaba habérselas brindado a nadie, descubriendo emociones que ni comprendía todavía, pero sabía que existían. No podía ponerles palabras concretas. —Es demasiado obvio tu pánico. Deberías aprender a confiar en ella. — Del mismo modo que él también lo hacía con aquella persona que dejó atrás. —Cuando dejes de tener ese pánico y preocupación y aprendas a confiar en ella, dejarás de ser tan débil y vulnerable. — Elevó su mano, acomodando la moneda en la ranura. La máquina volvió a hacer funcionar el carrusel, haciéndolo girar. En su caso solo observaba los giros sin mucho interés. —Si no haces que valga por sí misma, nada de esto merecerá la pena. No solo perderás tu vida de forma inútil, también ella la perderá. Si algo sé... Es que las relaciones reales se inician y terminan en base a la confianza total y absoluta. — Algo que comprobó en primera persona, existiendo una sinceridad real desde el inicio. No hubo adornos, no hubo mentiras, desde el inicio se dejó claro quién era, a qué se dedicaba y qué hacía, además de los riesgos e, incluso así, había sido aceptado sin reproches. Bajó la palanca, momento en que los giros comenzaban, una vez más a disminuir en velocidad. Un limón. Dos... Y tres. Nuevo premio, esta vez más pequeño, con muchas menos monedas cayendo bajo sus pies.

—De nada te sirve ese amor que sientes por ella si no sabes gestionarlo.
Cruzó sus piernas, tomando una moneda, ahora sin mucho interés. Ahora estaba prestando más atención a su entorno, dividiéndose entre conversar, jugar y percibir al mismo tiempo. —Habría sido fácil matarte, pero ahora también es mucho más fácil usarte, Owen. Tienes un punto débil muy claro. Sigues poniendo tu vida por delante de la de Gwendolyn. Me resulta irrelevante, sinceramente, pero parece que no aprendiste nada de lo que le pasó a Moria. — Mujer que, obviamente, había sido su cliente en secreto y, de hecho, lo seguía siendo por el momento. Aunque irónicamente su ejemplo se estaba repitiendo en su propio hijo. —Dices de cambiar el mundo con ella, pero ni siquiera mencionas qué capacidades tiene, además de su Akuma. Solo está obsesionada con una fe, encerrada en un idealismo que ni existe. ¿Qué te hace pensar a ti que ella tiene en sus manos ese poder para cambiar el mundo cuando ni siquiera es capaz de controlarse ella misma? Los dos lo sabemos, esas locuras que le dan no son casualidad. Así que dime, ¿Qué es lo que crees que puede cambiar ella sola?
Tercera moneda que introducía de nuevo, ahora sin mucha atención. Había ganado demasiadas veces, debía intentar tener alguna otra derrota para no seguir llamando tanto la atención de su alrededor. —Esa misma fuerza de la que presumes... — Hizo una pausa, recordando una vez más ciertos eventos que le hicieron creer en el peligro uno de quienes le importaban. Recordó la lluvia, el terror, la sangre, la bala que pudo haberlo matado si no fuera por... Bajó la palanca, con tres dibujos totalmente distintos ahora en el carrusel.

—Es una que puede matarte.
Él mismo se había vuelto tan ciego como él, solo recordaba apuñalar a alguien sin cesar, sin control, cegado, todo rojo. Estaba seguro de que esa era la sensación. —Por mucho que hubiera pasado eso con los Marines, seguramente no estaban lo suficientemente preparados. No digo no comprender a lo que te refieres, comprende que seguir así solo te llevará al suicidio. Si hubiera sido algo más preparado, planeado, ¿cómo habría terminado todo? Esa fortaleza de la que hablas se llama adrenalina que, cuando termina, solo te agota más. La misma que usaste cuando viste a Sohem ir a por Gwendolyn y te provocó eso en el brazo. — Porque sabía que la sensación fue la misma. Vio su cigarrillo terminar de consumirse, y lo apagó, dejándolo caer en el suelo y pisándolo despreocupadamente. Sentía que poco a poco se acercaba más a ese entrenamiento. Pronto podrían conseguirlo. No sabía cuánto tiempo llevaban allí, quizás horas, quizás minutos, pero el tiempo seguía corriendo.
Cajita de Tabaco
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
