21-02-2026, 11:19 PM
Su mano en mi mentón me obligo a mirarla, me sostuvo el rostro y mis ojos celestes se detuvieron al ver los de ella y los suyos eran mucho más claros, más brillantes bajo la luz.
Quedé tímida, sorprendida cuando sentí el roce de sus dedos sobre mis labios y estos se entreabrieron, mostrando un poco de mis paletas en un gesto involuntario, como si quisiera respirar por la boca porque no bastara con solo respirar con los pulmones, me faltaba aire. Me delineaba el contorno de la boca con lentitud, dejé que lo hiciera y que se tomara su tiempo, yo solo seguía con mi respiración que estaba un poco alterada, pero mantuve la compostura, tranquila y sin apartarme.
—Estoy bien, bastante bien jisjisjis Es un bonito día, ¿será que estamos en el cielo?— Era de esperarse si me morí hoy, de tantas estupideces que me encantaba hacer y de todas las personas que conocía las provocaba como para causar algun tipo de pelea, pero ahora era un día distinto. Eché mis manos hacia atrás de la espalda, entrelazando cada uno de los dedos, acostumbrada a hacer eso porque me creía una chica buena, una niña aplicada que confiaba en la desconocida con grandes alas.
Y mientras la miraba esperaba que aquello si fuese el cielo, el paraíso o cualquier versión, necesitaba un poco de fantasia para dejar de lado el trabajo, la rutina y las tareas que la iglesia tanto me pedía. Necesitaba creer que por un momento no tenía que hacer nada más que pasarla bien, como siempre lo hacía.
Me quedé bastante rato sintiendo su tacto y mi pecho subía y bajaba con cada respiración, pero era mi abdomen el que delataba lo que me pasaba por dentro, los músculos se contraían y tiritaban por las cosquillas que me producía lo que ahora, cosquillas nerviosas, para nada incomodas. —Miau. me gusta cuando me tocas así— Le dije con las mejillas sonrojadas y los ojos casi achinados, tal vez ya me estaba convirtiendo en un animal. —No me han tocado tanto antes, no así, lo siento, no se siente lo mismo que cuando me cambian o me acomodan la ropa—.
—Nunca había visto a alguien como tú tan hermosa— mordí mi labio inferior, y aunque la palabra me supo grande no la retiré, porque sabia que después no la iba a recordar. Tenía muy mala memoria con las personas que conocía, los rostros, los nombres. Necesitaba asociarla a una sensación fuerte, creo que eso es algo que he estado haciendo inconscientemente.
Incliné un poco mi rostro, presionando más mi boca, mis labios blandos y rosados sobre su dedo, cerré los ojos y se lo besé, un beso pequeño, y el calor volvió a concentrar en mis mejillas y bajó hasta el pecho. Tras ese beso, mis manos que hasta entonces las había dejado escondidas detrás de mi espalda, salieron y las llevé a la suya, deslizándolas por su muñeca notando la diferencia de tamaño.
—Ven, siéntate conmigo, o acuéstate, lo que quieras, miau Jisjisjis— Reí bajito con una sonrisa juguetona, retrocediendo con pasos pequeños,, pero mi intención no era alejarme ni distanciarme ni romper el contacto, sino para darle un espacio al lado mio. Entonces me dejé caer despacio sobre el pasto que estaba un poco alto, la hierba se sintió suave bajo mis muslos, mis piernas que estaban dobladas hacia un lado.
Di un par de palmadas en el pasto marcando el lugar para ella y acomodé mi cabello rubio detrás de la oreja, aunque el viento no ayudaba.
Quedé tímida, sorprendida cuando sentí el roce de sus dedos sobre mis labios y estos se entreabrieron, mostrando un poco de mis paletas en un gesto involuntario, como si quisiera respirar por la boca porque no bastara con solo respirar con los pulmones, me faltaba aire. Me delineaba el contorno de la boca con lentitud, dejé que lo hiciera y que se tomara su tiempo, yo solo seguía con mi respiración que estaba un poco alterada, pero mantuve la compostura, tranquila y sin apartarme.
—Estoy bien, bastante bien jisjisjis Es un bonito día, ¿será que estamos en el cielo?— Era de esperarse si me morí hoy, de tantas estupideces que me encantaba hacer y de todas las personas que conocía las provocaba como para causar algun tipo de pelea, pero ahora era un día distinto. Eché mis manos hacia atrás de la espalda, entrelazando cada uno de los dedos, acostumbrada a hacer eso porque me creía una chica buena, una niña aplicada que confiaba en la desconocida con grandes alas.
Y mientras la miraba esperaba que aquello si fuese el cielo, el paraíso o cualquier versión, necesitaba un poco de fantasia para dejar de lado el trabajo, la rutina y las tareas que la iglesia tanto me pedía. Necesitaba creer que por un momento no tenía que hacer nada más que pasarla bien, como siempre lo hacía.
Me quedé bastante rato sintiendo su tacto y mi pecho subía y bajaba con cada respiración, pero era mi abdomen el que delataba lo que me pasaba por dentro, los músculos se contraían y tiritaban por las cosquillas que me producía lo que ahora, cosquillas nerviosas, para nada incomodas. —Miau. me gusta cuando me tocas así— Le dije con las mejillas sonrojadas y los ojos casi achinados, tal vez ya me estaba convirtiendo en un animal. —No me han tocado tanto antes, no así, lo siento, no se siente lo mismo que cuando me cambian o me acomodan la ropa—.
—Nunca había visto a alguien como tú tan hermosa— mordí mi labio inferior, y aunque la palabra me supo grande no la retiré, porque sabia que después no la iba a recordar. Tenía muy mala memoria con las personas que conocía, los rostros, los nombres. Necesitaba asociarla a una sensación fuerte, creo que eso es algo que he estado haciendo inconscientemente.
Incliné un poco mi rostro, presionando más mi boca, mis labios blandos y rosados sobre su dedo, cerré los ojos y se lo besé, un beso pequeño, y el calor volvió a concentrar en mis mejillas y bajó hasta el pecho. Tras ese beso, mis manos que hasta entonces las había dejado escondidas detrás de mi espalda, salieron y las llevé a la suya, deslizándolas por su muñeca notando la diferencia de tamaño.
—Ven, siéntate conmigo, o acuéstate, lo que quieras, miau Jisjisjis— Reí bajito con una sonrisa juguetona, retrocediendo con pasos pequeños,, pero mi intención no era alejarme ni distanciarme ni romper el contacto, sino para darle un espacio al lado mio. Entonces me dejé caer despacio sobre el pasto que estaba un poco alto, la hierba se sintió suave bajo mis muslos, mis piernas que estaban dobladas hacia un lado.
Di un par de palmadas en el pasto marcando el lugar para ella y acomodé mi cabello rubio detrás de la oreja, aunque el viento no ayudaba.
