21-02-2026, 11:41 PM
Moja no apartó la mirada cuando ella lo observó con esa mezcla de duda y miedo que todavía no terminaba de desaparecer, y cuando su dedo presionó suavemente la punta de su nariz en aquel gesto casi infantil, sus orejas se movieron hacia adelante por puro reflejo felino, mientras una exhalación silenciosa escapaba de su pecho; no estaba acostumbrado a que lo tocaran así, sin cálculo, sin expectativa, como si su rostro fuera simplemente algo cercano y no una frontera que mantener.
La vio recomponerse, sacudirse la trenza, recuperar ese brillo en los ojos que parecía volver siempre como una marea obstinada, y por un instante pensó que aquella capacidad de regresar a la luz era más fuerte que cualquier caída cuesta abajo.
Cuando ella escribió con el dedo sobre su pecho, sintió el trazo tibio atravesar la tela hasta su piel, y bajó la vista lo suficiente para leer el gesto aunque no hubiera tinta.
*A veces es más divertido allí arriba.*
Moja pensó en eso más de lo que respondió. Pensó en alturas, en saltos sin red, en decisiones impulsivas que él jamás habría tomado; pensó en cómo él había elegido siempre el suelo firme, el camino más estable, incluso si eso significaba caminar solo. Y se preguntó, sin decirlo en voz alta, qué habría pasado si alguna vez hubiera elegido volar.
Cuando ella intentó cargarlo de improviso, el gesto fue tan inesperado que parpadeó una vez antes de comprender lo que estaba ocurriendo. La dejó intentarlo el tiempo suficiente para que ella misma entendiera que no iba a funcionar, y cuando infló las mejillas, tuvo que contener el impulso de sonreír abiertamente.
-Aprecio el intento- dijo con calma. -Pero soy más pesado de lo que parezco.-
Se dejó tomar del brazo, aunque notó enseguida que caminaban en dirección opuesta a la farmacia que había identificado horas antes. No la detuvo de inmediato; la observó unos pasos, midiendo su equilibrio, asegurándose de que el mareo no regresara.
-Es por aquí- dijo finalmente, girando con suavidad su trayecto al colocar una mano firme pero no dominante sobre su antebrazo, redirigiéndola con naturalidad. -Dos calles más abajo, junto a la tienda de redes de pesca.-
Cuando ella le ofreció el dulce, acercándolo a sus labios con esa sonrisa abierta, Moja la miró durante un segundo largo, evaluando no el gesto, sino lo que implicaba. Luego inclinó ligeramente la cabeza y aceptó, tomando el dulce directamente con los dientes para no rozar sus dedos más de lo necesario.
-Gracias- murmuró tras masticarlo, el sabor azucarado rompiendo la tensión residual en su mandíbula.
Mientras caminaban, pensó en lo extraño que resultaba todo aquello: hacía apenas unas horas estaba comiendo solo, de paso en una isla más, y ahora estaba guiando a una skypean impulsiva hacia una farmacia, preocupado por una herida leve como si fuera algo mucho mayor. No le desagradaba esa preocupación. Le resultaba… nueva. Llegaron a la pequeña farmacia sin dificultad. El local era estrecho, con frascos alineados en estanterías de madera clara y un aroma limpio a alcohol y hierbas secas. Moja se detuvo frente a la puerta y la miró.
-Espérame aquí- dijo con voz tranquila. -No tardaré.-
Entró solo. El intercambio fue breve y eficiente; pidió un antiséptico, gasas limpias y una venda ligera, pagando sin discusión ni regateo. Mientras esperaba el cambio, sus pensamientos regresaron a la imagen de ella rodando por la pendiente, al instante en que su cuerpo se tensó cuando él la tocó, y a las cicatrices que había visto de reojo sin comentarlas. No preguntes ahora, se dijo. Salió del local con la bolsa pequeña en la mano y volvió hacia ella. El cielo se estaba tiñendo de tonos más oscuros, las primeras luces del festival comenzaban a encenderse a lo lejos, y el murmullo de la gente aumentando daba al ambiente una energía expectante. Moja se colocó frente a ella, levantando ligeramente la bolsa.
-Tengo lo necesario.-
Sus ojos dorados buscaron los suyos, no para imponer, sino para pedir.
-¿Puedo ponértelo?-
La pregunta no era retórica. Había en su tono una seriedad distinta, una que dejaba claro que no daría un paso más sin su consentimiento.
-Si prefieres hacerlo tú, te explico cómo- añadió con calma. -Pero si me dejas… seré cuidadoso.-
No extendió la mano aún. Esperó. Porque esta vez, más que curar una raspadura, entendía que estaba tocando algo que requería más que desinfectante y gasas.
La vio recomponerse, sacudirse la trenza, recuperar ese brillo en los ojos que parecía volver siempre como una marea obstinada, y por un instante pensó que aquella capacidad de regresar a la luz era más fuerte que cualquier caída cuesta abajo.
Cuando ella escribió con el dedo sobre su pecho, sintió el trazo tibio atravesar la tela hasta su piel, y bajó la vista lo suficiente para leer el gesto aunque no hubiera tinta.
*A veces es más divertido allí arriba.*
Moja pensó en eso más de lo que respondió. Pensó en alturas, en saltos sin red, en decisiones impulsivas que él jamás habría tomado; pensó en cómo él había elegido siempre el suelo firme, el camino más estable, incluso si eso significaba caminar solo. Y se preguntó, sin decirlo en voz alta, qué habría pasado si alguna vez hubiera elegido volar.
Cuando ella intentó cargarlo de improviso, el gesto fue tan inesperado que parpadeó una vez antes de comprender lo que estaba ocurriendo. La dejó intentarlo el tiempo suficiente para que ella misma entendiera que no iba a funcionar, y cuando infló las mejillas, tuvo que contener el impulso de sonreír abiertamente.
-Aprecio el intento- dijo con calma. -Pero soy más pesado de lo que parezco.-
Se dejó tomar del brazo, aunque notó enseguida que caminaban en dirección opuesta a la farmacia que había identificado horas antes. No la detuvo de inmediato; la observó unos pasos, midiendo su equilibrio, asegurándose de que el mareo no regresara.
-Es por aquí- dijo finalmente, girando con suavidad su trayecto al colocar una mano firme pero no dominante sobre su antebrazo, redirigiéndola con naturalidad. -Dos calles más abajo, junto a la tienda de redes de pesca.-
Cuando ella le ofreció el dulce, acercándolo a sus labios con esa sonrisa abierta, Moja la miró durante un segundo largo, evaluando no el gesto, sino lo que implicaba. Luego inclinó ligeramente la cabeza y aceptó, tomando el dulce directamente con los dientes para no rozar sus dedos más de lo necesario.
-Gracias- murmuró tras masticarlo, el sabor azucarado rompiendo la tensión residual en su mandíbula.
Mientras caminaban, pensó en lo extraño que resultaba todo aquello: hacía apenas unas horas estaba comiendo solo, de paso en una isla más, y ahora estaba guiando a una skypean impulsiva hacia una farmacia, preocupado por una herida leve como si fuera algo mucho mayor. No le desagradaba esa preocupación. Le resultaba… nueva. Llegaron a la pequeña farmacia sin dificultad. El local era estrecho, con frascos alineados en estanterías de madera clara y un aroma limpio a alcohol y hierbas secas. Moja se detuvo frente a la puerta y la miró.
-Espérame aquí- dijo con voz tranquila. -No tardaré.-
Entró solo. El intercambio fue breve y eficiente; pidió un antiséptico, gasas limpias y una venda ligera, pagando sin discusión ni regateo. Mientras esperaba el cambio, sus pensamientos regresaron a la imagen de ella rodando por la pendiente, al instante en que su cuerpo se tensó cuando él la tocó, y a las cicatrices que había visto de reojo sin comentarlas. No preguntes ahora, se dijo. Salió del local con la bolsa pequeña en la mano y volvió hacia ella. El cielo se estaba tiñendo de tonos más oscuros, las primeras luces del festival comenzaban a encenderse a lo lejos, y el murmullo de la gente aumentando daba al ambiente una energía expectante. Moja se colocó frente a ella, levantando ligeramente la bolsa.
-Tengo lo necesario.-
Sus ojos dorados buscaron los suyos, no para imponer, sino para pedir.
-¿Puedo ponértelo?-
La pregunta no era retórica. Había en su tono una seriedad distinta, una que dejaba claro que no daría un paso más sin su consentimiento.
-Si prefieres hacerlo tú, te explico cómo- añadió con calma. -Pero si me dejas… seré cuidadoso.-
No extendió la mano aún. Esperó. Porque esta vez, más que curar una raspadura, entendía que estaba tocando algo que requería más que desinfectante y gasas.
*Pienso* -Hablo- Narro
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