22-02-2026, 06:55 AM
Sentí el tridente contra mi pecho, el tintineante sonido del metal frio y costoso contra el medallón en mi pecho ¿Atacarme con mi propia arma y con ese nervio? Por el mar, me iba lastimar accidentalmente. No retrocedí ¿Por qué lo haría? Si me terminaba clavando el tridente podría quitárselo con mucha más facilidad. — Mira, agradezco el halago: Ojalá mi padre fuera algún dios, aunque creo que soy el único de mi familia con tal bendición ¿me entiendes? — Suspiré, relajándome un poco más y entonces retrocediendo para poder apoyarme contra la pared: No era miedo ni nada parecido, la verdad solo estaba esperando que el brazo se le cansara para que pudiera tomar mi lanza. No parecía mala persona, solo estresada o tal vez es que ya me había acostumbrado a este tipo de compañía.
El ruido del exterior no era discreto ni lejano; era el tipo de estruendo que vibra en las paredes y se mete bajo la piel. Voces superpuestas, pasos apresurados, gritando con insistencia. No hacía falta ser particularmente perspicaz para atar cabos: con lo que había dicho la birkiniana, solo podía existir una conclusión razonable. Afuera no había curiosos ni vecinos alarmados. Era un grupo. Y no uno cualquiera. Sonaban furiosos.
Me quedé en silencio, afinando el oído, como si pudiera medir la intensidad de su rabia por el ritmo de los golpes. Si la chica alada decidía salir por esa puerta, lo más probable es que no durara ni un suspiro, pollo asado. Por lo que pensé, finalmente bajando el tridente con la mano. — Bien, bien, puedes quedarte hasta lo que sea que hiciste deje de perseguirte ¿me entiendes? No te haré nada y honestamente no tienes más opción que confiar en mi. Tezca ¿Cómo te llamas? Tal vez si te digo mi nombre te calmes que por favor, parece que no sabes lo que haces. —
El ruido del exterior no era discreto ni lejano; era el tipo de estruendo que vibra en las paredes y se mete bajo la piel. Voces superpuestas, pasos apresurados, gritando con insistencia. No hacía falta ser particularmente perspicaz para atar cabos: con lo que había dicho la birkiniana, solo podía existir una conclusión razonable. Afuera no había curiosos ni vecinos alarmados. Era un grupo. Y no uno cualquiera. Sonaban furiosos.
Me quedé en silencio, afinando el oído, como si pudiera medir la intensidad de su rabia por el ritmo de los golpes. Si la chica alada decidía salir por esa puerta, lo más probable es que no durara ni un suspiro, pollo asado. Por lo que pensé, finalmente bajando el tridente con la mano. — Bien, bien, puedes quedarte hasta lo que sea que hiciste deje de perseguirte ¿me entiendes? No te haré nada y honestamente no tienes más opción que confiar en mi. Tezca ¿Cómo te llamas? Tal vez si te digo mi nombre te calmes que por favor, parece que no sabes lo que haces. —

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