Un prisionero justo [AV. T2] [Presente Abs.]
#36
Un grupo que sigue a una sola cabeza, que obedece sin cuestionar, que nunca se detiene a analizar las decisiones, los errores o incluso los demonios internos de su líder no es un equipo. Es una secta, porque en un equipo existe diálogo, existe discrepancia, existe la posibilidad de decir “estás equivocado”. En una secta, en cambio, la palabra del líder no se evalúa, se acepta, no se contrasta, se ejecuta, no se discute, se defiende.

Eso era exactamente lo que la División 107 parecía en ese momento. No eran cuatro soldados coordinándose en medio del caos. No eran compañeros cubriéndose mutuamente. Eran cuatro voluntades orbitando una sola figura, y esa era Douglas. Sus ideales no habían nacido de experiencias propias, sino de discursos repetidos. Sus convicciones no se habían templado en debate, sino en adoctrinamiento. Douglas no era solo su superior. Era su referencia moral. Su marco de interpretación del mundo. Su libro sagrado. Lo seguían como si fuera la única verdad escrita, como si cada palabra suya fuese un versículo incuestionable.

Y por eso, aunque ninguno lo sabía aún con certeza, algo ya había cambiado de forma irreversible en el campo de batalla. Si Douglas había escapado, si realmente se había desvanecido entre los árboles mientras ellos luchaban en su nombre, entonces, para la 107, el objetivo estaba cumplid, no importaba el costo, no importaba si Tamiel caía, no importaba si Etsuki sucumbía al veneno, no importaba si Megumi quedaba desarmado, no importaba si Takako perdía el control por completo, porque el propósito no era salir ilesos, era liberar al Maestro y si él estaba libre entonces ya habían ganado. Esa era la diferencia más peligrosa entre ambas divisiones. La 93 peleaba para capturar, para contener, para sobrevivir juntos. La 107 peleaba para asegurar una idea encarnada en un solo hombre. Si ese hombre escapaba, el sacrificio individual dejaba de importar. La captura personal no era derrota, era un martirio funcional.

Cada uno de ellos lo entendía, aunque no lo dijera en voz alta, si Douglas seguía respirando en libertad, entonces la justicia verdadera, la que ellos creían absoluta, también lo hacía y eso bastaba, no necesitaban salir victoriosos del enfrentamiento, solo necesitaban que su líder lo hiciera.



El segundo impacto de Enji no dejó espacio para resistencia, la sustancia viscosa se extendió por el torso de Tamiel como una marea oscura, filtrándose por la tela, impregnando su piel. Esta vez no hubo intercambio simultáneo, no hubo equilibrio, el golpe lo atravesó y su cuerpo perdió firmeza, sus rodillas cedieron y claro, luego el resto, cayó de lado sobre la tierra húmeda, el veneno extendiéndose como fuego líquido bajo su piel. Sus músculos se tensaron involuntariamente, su respiración se volvió irregular y cada intento de incorporarse terminaba en un espasmo que lo devolvía al suelo.

Estaba empapado, no solo por la sustancia, sino por el sudor frío que comenzaba a cubrirle la frente y aun así sonrió, con manos que apenas obedecían, metió los dedos en el bolsillo interior de su chaqueta. El movimiento fue torpe, pero decidido y de allí sacó un sobre arrugado, ligeramente manchado, y lo sostuvo frente a sí durante un segundo, como si contemplara una pieza clave de una partida ya decidida y luego lo arrojó, no lejos, apenas unos centímetros fuera del alcance inmediato de su cuerpo, lo suficiente para que no quedara debajo de él. —Esta es tu carta, novato —escupió, la voz rasgada por el dolor y el veneno, sus ojos buscaron a Enji y no había miedo en ellos, lo unico que había era satisfacción.

Aquella era la carta real, la que debía haber llegado a manos de la División 93 desde el inicio. La que describía la situación auténtica del prisionero, la que detallaba el traslado, los riesgos, las coordenadas verdaderas, la que nunca recibieron porque la División 107 se encargó de interceptarla. La falsificaron, redactaron otra, una diseñada para arrastrarlos al bosque, para alejarlos de cualquier punto estratégico real, para aislarlos en un terreno favorable, entonces el sobre en el suelo era la prueba, no de traición, sino de una manipulación calculada. Tamiel tosió, y una pequeña mancha roja salpicó la tierra junto a su mejilla. —Ustedes nunca estuvieron aquí por casualidad —murmuró con dificultad —Solo siguieron el guion equivocado.— La selva parecía observar en silencio, mientras el veneno avanzaba por su sistema, Tamiel no miraba a sus compañeros, no buscaba ayuda, no pedía auxilio, porque si Douglas estaba libre entonces, incluso desde el suelo, incluso envenenado, incluso capturado, habían cumplido su objetivo.

Notificación real


El ataque errático de Takako fue repelido con precisión impecable por las habilidades de Juan Sebastián. La trayectoria desordenada de su embestida, cargada más de furia que de técnica, chocó contra la defensa firme y calculada del combatiente, cuya postura apenas se alteró ante la violencia del impacto. El acero vibró en el aire, cortando el silencio del bosque con un sonido agudo que parecía marcar el final de aquella arremetida desesperada. Takako retrocedió apenas un paso, sus pupilas aún dilatadas, su respiración irregular, como si cada exhalación fuese una batalla distinta librándose en su interior.

Cuando la voz de Akira atravesó el campo de batalla. No fue un grito, no fue una orden cargada de autoridad marcial, fue apenas una frase que logró abrirse paso entre el caos. Probablemente, de todas las palabras pronunciadas, lo único que alcanzó verdaderamente a escuchar Takako fue aquel “A solas”. Esa breve expresión, tan ajena al estruendo metálico y a la violencia del momento, impactó en ella con una fuerza distinta, más profunda, más humana. De inmediato, el rojo comenzó a ascender por su rostro, no el rojo de la ira ni el del frenesí combativo que la había consumido instantes antes, sino el de la vergüenza, intenso y casi infantil. Sus ojos, que segundos atrás ardían con una determinación desquiciada, parpadearon confundidos, como si despertara de un sueño febril. La espada que sostenía descendió con una velocidad sorprendente, pero esta vez no para atacar, sino para envainarse con una técnica limpia, automática, aprendida a través de años de disciplina.

Sin pronunciar palabra, Takako cambió por completo su postura. Se dejó caer al suelo con una docilidad desconcertante, las rodillas primero, luego el resto del cuerpo, hasta quedar sentada sobre la tierra húmeda. Sus manos se alzaron lentamente, abiertas, los dedos extendidos hacia el cielo como una rendición silenciosa. No había desafío en su gesto, ni resistencia, ni siquiera orgullo herido. Solo una aceptación extraña, como si en ese instante hubiera decidido abandonar la lucha no solo contra sus enemigos, sino contra algo mucho más profundo que la consumía desde dentro.

Al final de cuentas, estaba totalmente loca, perdida de la razón a los ojos de cualquiera que observara la escena desde fuera. Su comportamiento carecía de coherencia lógica, oscilando entre la violencia desenfrenada y la sumisión absoluta en cuestión de segundos, pero quizás, en aquella fractura evidente de su mente, existía una forma de supervivencia. Aquella parecía ser su manera de escapar de su propia realidad, de silenciar las voces internas, de apagar el incendio que ardía tras sus pupilas, esperaba a ser esposada. No como una criminal desafiante, sino como alguien que necesitaba límites físicos para contener el caos mental que la dominaba. En el suelo, con las manos en alto y el rostro aún teñido de rojo, Takako no parecía una guerrera vencida, sino una persona rota buscando, tal vez sin saberlo, que alguien más tomara el control que ella ya no podía sostener.

Mientras el aire aún vibraba con los ecos recientes del enfrentamiento, el inconfundible chasquido húmedo del Den Den Mushi rompió la tensión. Desde el otro lado de la línea, tras un breve crujido estático que imitaba el carraspeo de una garganta humana, se escuchó una voz firme, clara, imposible de confundir con la de alguien inexperto. —Eleonor Camell, División 91, te copio. —La entonación era femenina, pero no delicada, estaba templada por la autoridad, afilada por años de mando, cada sílaba caía con precisión quirúrgica, como si incluso al hablar mantuviera formación marcial.


Hubo una pausa mínima, apenas el sonido del caracol acomodando su auricular natural, antes de que continuara —Se ordena la aprehensión inmediata de la División 107 y su traslado a la base con la mayor brevedad posible, ¿me copia, soldado? — No era una pregunta, era el protocolo, era la confirmación de que la cadena de mando seguía intacta pese al caos en el bosque. El tono de Eleonor Camell no necesitaba elevarse para imponer respeto, su autoridad no provenía del volumen, sino de la seguridad absoluta con la que pronunciaba cada orden. No había titubeo, no había espacio para interpretaciones personales, aquello no era una sugerencia estratégica, era una directriz oficial.

—Si no necesitan refuerzos, se les ordena abandonar de inmediato la escena y regresar. Se desplegarán marines por toda la isla en busca del Sargento. Repito, se ordena abandonar de inmediato la escena y regresar a la base. — El énfasis en la repetición no era casual, en situaciones críticas, las órdenes se duplican para que nadie pueda alegar confusión. La División 107 ya no era un objetivo secundario ni un asunto ambiguo, ahora era prioridad máxima y el Sargento Douglas se había convertido oficialmente en presa de una cacería a escala insular.

Akira quien sostenía el Den Den Mushi con firmeza, había sido él quien, en medio del enfrentamiento, había decidido establecer contacto con el cuartel general de la Marina. Su decisión fue rápida, casi instintiva, pero estratégica y la respuesta no tardó en llegar. La eficiencia de la División 91 demostraba que la situación ya había escalado más allá de un simple conflicto entre escuadrones. El pequeño caracol replicaba las expresiones de Eleonor con sorprendente fidelidad, su ceño fruncido, la severidad en los ojos, incluso la rectitud de sus labios al pronunciar cada orden. Era como si la presencia de la oficial se hubiera materializado en miniatura, observando el escenario a través de la criatura transmisora.

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RE: Un prisionero justo [AV. T2] [Presente Abs.] - por Tensui Marlin - 22-02-2026, 09:25 PM

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