22-02-2026, 09:44 PM
Moja leyó con atención cada palabra que ella escribía, siguiendo el movimiento del lápiz casi con la misma concentración con la que seguía el filo de una espada en combate. Cuando terminó de leer su descripción, esponjoso, suave, peludo… pero firme, su mirada descendió un instante hacia su propio brazo, como si evaluara algo que nunca antes se había planteado en esos términos. No se avergonzó. Pero tampoco estaba acostumbrado a que lo observaran así.
-La firmeza…- repitió en voz baja, meditando la palabra como si tuviera peso propio. -Es entrenamiento. Y disciplina.-
Alzó la vista hacia ella.
-Es la fuerza que necesito para defender la justicia. No es solo músculo… es decisión.-
No lo dijo con grandilocuencia, ni con orgullo exagerado. Lo dijo como quien explica un hecho estructural de su vida. Su cuerpo no era adorno, ni atractivo, ni símbolo; era herramienta. Era responsabilidad. Sin embargo, al verla escribir que esa firmeza la hacía sentirse segura, algo cambió sutilmente en su expresión. No era una emoción visible para cualquiera, pero sí un leve ajuste en la mirada, una comprensión nueva de que quizá su presencia podía significar algo más que autoridad o control.
Cuando ella habló de perderse hasta acabar en el infierno si intentaba ir al lugar más frío del planeta, Moja soltó una exhalación breve que casi fue risa.
-Entonces me aseguraré de que no camines sola hacia el infierno- respondió con calma. -No parece un destino recomendable para ir sola.-
Sus pasos se ajustaron al ritmo acelerado de ella, aunque sin permitir que la herida la forzara demasiado. Pero fue cuando ella le tomó de las muñecas y exigió que bailara también cuando el equilibrio interno de Moja tambaleó ligeramente. Se quedó rígido por un segundo, no por rechazo sino por pura vergüenza. Sus orejas descendieron apenas hacia los lados, y desvió la mirada un instante hacia la multitud que comenzaba a reunirse bajo las luces del festival, consciente de que no estaban solos, consciente de cada posible espectador.
-Yo…- comenzó, algo poco habitual en él -no se bailar.-
No era una excusa estratégica. Era una confesión real. El baile implicaba soltarse. Implicaba no medir cada movimiento. Implicaba exponerse al ridículo, al error, a la mirada ajena sin control. Y él era alguien que controlaba. Sus ojos volvieron a los de ella, que lo observaban con desafío juguetón.
-Eso no es justo- murmuró, pero la rigidez en su postura empezaba a ceder.
Miró sus manos aún sujetando sus muñecas. Miró sus pies moviéndose como una liebre impaciente. Y pensó, brevemente, que quizá no siempre debía reaccionar desde la estructura.
-Si bailo...- dijo finalmente, con un leve suspiro, -no te rías.-
Había una honestidad casi vulnerable en esa condición. Su agarre cambió entonces, soltando una muñeca para entrelazar sus dedos con los de ella de forma más natural. Sus movimientos al principio fueron torpes, contenidos, como si cada paso pasara por un filtro interno antes de ejecutarse. No levantaba demasiado los pies. No exageraba gestos. Pero estaba allí, bailando. Aunque fuera apenas.
Cuando ella agradeció que curara su brazo y preguntó si lo hacía a menudo, su expresión recuperó una parte de su seriedad habitual.
-Lo suficiente- respondió. -Mi trabajo no siempre es tranquilo.-
No añadió detalles. No era el momento de hablar de heridas más profundas que un raspón.
Mientras avanzaban hacia el corazón del festival, Moja sintió algo extraño: el calor de la multitud, la música vibrando en el suelo bajo sus botas, la mano de Seraphine en la suya, y esa ligera incomodidad dulce de estar haciendo algo fuera de su rutina. Se sentía expuesto. Y, aun así, no retrocedía. Por primera vez en mucho tiempo, no estaba actuando por deber, ni por misión, ni por estructura. Estaba allí porque quería estar. Y eso lo descolocaba más que cualquier combate.
-La firmeza…- repitió en voz baja, meditando la palabra como si tuviera peso propio. -Es entrenamiento. Y disciplina.-
Alzó la vista hacia ella.
-Es la fuerza que necesito para defender la justicia. No es solo músculo… es decisión.-
No lo dijo con grandilocuencia, ni con orgullo exagerado. Lo dijo como quien explica un hecho estructural de su vida. Su cuerpo no era adorno, ni atractivo, ni símbolo; era herramienta. Era responsabilidad. Sin embargo, al verla escribir que esa firmeza la hacía sentirse segura, algo cambió sutilmente en su expresión. No era una emoción visible para cualquiera, pero sí un leve ajuste en la mirada, una comprensión nueva de que quizá su presencia podía significar algo más que autoridad o control.
Cuando ella habló de perderse hasta acabar en el infierno si intentaba ir al lugar más frío del planeta, Moja soltó una exhalación breve que casi fue risa.
-Entonces me aseguraré de que no camines sola hacia el infierno- respondió con calma. -No parece un destino recomendable para ir sola.-
Sus pasos se ajustaron al ritmo acelerado de ella, aunque sin permitir que la herida la forzara demasiado. Pero fue cuando ella le tomó de las muñecas y exigió que bailara también cuando el equilibrio interno de Moja tambaleó ligeramente. Se quedó rígido por un segundo, no por rechazo sino por pura vergüenza. Sus orejas descendieron apenas hacia los lados, y desvió la mirada un instante hacia la multitud que comenzaba a reunirse bajo las luces del festival, consciente de que no estaban solos, consciente de cada posible espectador.
-Yo…- comenzó, algo poco habitual en él -no se bailar.-
No era una excusa estratégica. Era una confesión real. El baile implicaba soltarse. Implicaba no medir cada movimiento. Implicaba exponerse al ridículo, al error, a la mirada ajena sin control. Y él era alguien que controlaba. Sus ojos volvieron a los de ella, que lo observaban con desafío juguetón.
-Eso no es justo- murmuró, pero la rigidez en su postura empezaba a ceder.
Miró sus manos aún sujetando sus muñecas. Miró sus pies moviéndose como una liebre impaciente. Y pensó, brevemente, que quizá no siempre debía reaccionar desde la estructura.
-Si bailo...- dijo finalmente, con un leve suspiro, -no te rías.-
Había una honestidad casi vulnerable en esa condición. Su agarre cambió entonces, soltando una muñeca para entrelazar sus dedos con los de ella de forma más natural. Sus movimientos al principio fueron torpes, contenidos, como si cada paso pasara por un filtro interno antes de ejecutarse. No levantaba demasiado los pies. No exageraba gestos. Pero estaba allí, bailando. Aunque fuera apenas.
Cuando ella agradeció que curara su brazo y preguntó si lo hacía a menudo, su expresión recuperó una parte de su seriedad habitual.
-Lo suficiente- respondió. -Mi trabajo no siempre es tranquilo.-
No añadió detalles. No era el momento de hablar de heridas más profundas que un raspón.
Mientras avanzaban hacia el corazón del festival, Moja sintió algo extraño: el calor de la multitud, la música vibrando en el suelo bajo sus botas, la mano de Seraphine en la suya, y esa ligera incomodidad dulce de estar haciendo algo fuera de su rutina. Se sentía expuesto. Y, aun así, no retrocedía. Por primera vez en mucho tiempo, no estaba actuando por deber, ni por misión, ni por estructura. Estaba allí porque quería estar. Y eso lo descolocaba más que cualquier combate.
*Pienso* -Hablo- Narro
![[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]](https://i.imgur.com/5IZMHzN.jpeg)
