23-02-2026, 03:57 AM
Mis palabras resuenan con una furia diferente, ecos de una ira enfocada en enaltecer a mí adversario, no en amedrentarlo. No es algo muy común en mí dar segundas oportunidades a mis enemigos, pero en este caso no me enfrento a un don nadie. Hablamos de un mano a mano con mi hermano de otra madre. Y si de esta pelea sale más fuerte que nunca, para mí ya es una victoria.
Las casas tiemblan con mi rugido, levantando polvo del suelo y quebrando los pocos vidrios que se mantienen en pie tras la destrucción expansiva de nuestros impactos. Los escasos y valientes curiosos que son testigos de la escena, observan atónitos lo que sucede en el campo de batalla. Pero todo eso me da igual. Lo importante es como reaccione Ubbe. Y como siempre, no decepciona.
Su mirada se vuelve la de un guerrero. La de alguien que entiende la grandeza del momento que está viviendo. Ya no hay una fanfarronería infantil ni alguien que se toma mis golpes como un juego. Ahora veo a un monstruo dispuesto a sacarme la cabeza del sitio si me descuido y a mandarme con los dioses en cada impacto. Que orgullo.
Lo veo prepararse. Veo como reposiciona sus pies en la tierra agrietada, como balancea el peso de sus piernas y controla su centro de gravedad para obtener más dinamismo a la hora de cargar el puño. Su diestra, tan fulminante como un cañón, cargando como un resorte mecánico a plena potencia. Y como este se dispara cuando llega al tope, descargando una fuerza descomunal capaz de partir el mundo en dos. Lo veo llegar.
Por poder, podría reaccionar de mil formas distintas. Me recuerda a mí cuando comencé este viaje. Pura fuerza bruta descontrolada. A las malas aprendí que hace falta técnica y destreza para que la destrucción se dé. Aún así... Creo que ya ha habido correctivo suficiente. Ha aprendido la lección, voy a dejarte disfrutar el momento. Cerca del momento del impacto, cierro los ojos y esbozo una sonrisa profunda, dispuesto a recibir el puñetazo nuclear que viene. No me da tiempo ni a extender los brazos, pero el golpe no tarda en superar mi guardia con los martillos y colapsa en mi pecho con un recto a máxima potencia.
Los nudillos buscan la boca de mi estomago. La onda de choque es colosal, destruyendo aún más el cráter que nos sostiene y terminando de romper las estructuras que nos rodean. Las telas que visto se desintegran con la fuerza del impacto, dejando el pecho al descubierto. Mis pies no soportan la presión y salgo despedido un puñado de metros a ras de suelo, teniendo que clavar con fuerza los talones para frenar el empuje, creando dos surcos paralelos ligeramente profundos.
Nada más frenar, siento como mi estomago genera un reflujo urgente que sube por mi garganta hasta obligarme a escupir un coágulo denso de sangre. La sensación de mareo y confusión perduran unos segundos, dejándome atónito por momentos. Pero no es momento de detenerme. No ahora. El combate no ha terminado y ni con esas va a tumbar al terror de la Gran Line.
Las casas tiemblan con mi rugido, levantando polvo del suelo y quebrando los pocos vidrios que se mantienen en pie tras la destrucción expansiva de nuestros impactos. Los escasos y valientes curiosos que son testigos de la escena, observan atónitos lo que sucede en el campo de batalla. Pero todo eso me da igual. Lo importante es como reaccione Ubbe. Y como siempre, no decepciona.
Su mirada se vuelve la de un guerrero. La de alguien que entiende la grandeza del momento que está viviendo. Ya no hay una fanfarronería infantil ni alguien que se toma mis golpes como un juego. Ahora veo a un monstruo dispuesto a sacarme la cabeza del sitio si me descuido y a mandarme con los dioses en cada impacto. Que orgullo.
Lo veo prepararse. Veo como reposiciona sus pies en la tierra agrietada, como balancea el peso de sus piernas y controla su centro de gravedad para obtener más dinamismo a la hora de cargar el puño. Su diestra, tan fulminante como un cañón, cargando como un resorte mecánico a plena potencia. Y como este se dispara cuando llega al tope, descargando una fuerza descomunal capaz de partir el mundo en dos. Lo veo llegar.
Por poder, podría reaccionar de mil formas distintas. Me recuerda a mí cuando comencé este viaje. Pura fuerza bruta descontrolada. A las malas aprendí que hace falta técnica y destreza para que la destrucción se dé. Aún así... Creo que ya ha habido correctivo suficiente. Ha aprendido la lección, voy a dejarte disfrutar el momento. Cerca del momento del impacto, cierro los ojos y esbozo una sonrisa profunda, dispuesto a recibir el puñetazo nuclear que viene. No me da tiempo ni a extender los brazos, pero el golpe no tarda en superar mi guardia con los martillos y colapsa en mi pecho con un recto a máxima potencia.
-Glorioso propósito...-
Los nudillos buscan la boca de mi estomago. La onda de choque es colosal, destruyendo aún más el cráter que nos sostiene y terminando de romper las estructuras que nos rodean. Las telas que visto se desintegran con la fuerza del impacto, dejando el pecho al descubierto. Mis pies no soportan la presión y salgo despedido un puñado de metros a ras de suelo, teniendo que clavar con fuerza los talones para frenar el empuje, creando dos surcos paralelos ligeramente profundos.
Nada más frenar, siento como mi estomago genera un reflujo urgente que sube por mi garganta hasta obligarme a escupir un coágulo denso de sangre. La sensación de mareo y confusión perduran unos segundos, dejándome atónito por momentos. Pero no es momento de detenerme. No ahora. El combate no ha terminado y ni con esas va a tumbar al terror de la Gran Line.
-¿Eso es todo? Mi abuela pegaba más fuerte que tú, comemierda ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!-
En efecto, cajita feliz
