23-02-2026, 04:26 PM
(Última modificación: 23-02-2026, 08:59 PM por Miyori Hoshino.)
De alguna manera, sentí alivio al saber que mi torpeza no había escalado a algo más serio. Incluso le dediqué una sonrisa tenue mientras le escuchaba hablar de garabatos sin importancia. Entonces, cuando comenzó a contarme sobre la persona que había tocado la gaita antes de mi llega, una desastrosa presentación, y lo mal que fue recibida por el público, no pude evitar reír suavemente junto a él. La escena, reconstruida en mi mente, resultaba entrañablemente cómica. —- Gracias, supongo que tuve algo de suerte. — Respondí al final, con un dejo de modestia sincera. Aún no me considero una experta músical, apenas alguien que intenta, nota tras nota, encontrar su propio lugar entre los sonidos.
En ese momento anunciaron la llegada de una banda nueva, y el leve eco del micrófono captó de inmediato mi atención. Sobre el escenario ya se distinguían las siluetas de un bajo, una guitarra eléctrica y una batería perfectamente dispuesta a hacerse presencia. En mi pecho se encendió esa chispa inquieta que siempre despierta la música en mí. La amaba en todas sus formas, sin excepción, la música era mi mundo. ¿Qué clase de sonido traerían los Alleyway Kids?
Entonces comenzó el repertorio. La primera oleada fue una mezcla precisa de rock con tintes de blues. No era ruido estridente ni desordenado, si no, una corriente totalmente envolvente, que generaba un ambiente tranquilo pero a su vez animado. El público volvió a perderse en esa atmósfera vibrante que aquellos chicos sabían construir con tanta naturalidad… e inevitablemente yo también quedé inmersa en ellos.
Mi mente empezó a correr más rápido que mis propios sentidos.
¿Era un compás rítmico constante o una estructura progresiva que mutaba sobre la marcha?
¿Cuántas notas sutiles habrían deslizado al inicio antes de afirmarse en la melodía principal?
¿Sobre qué nota sostenían ahora la tensión sonata?
¿Hasta qué punto los amplificadores modulaban la vibración de la guitarra eléctrica para lograr ese matiz tan particular?
Cada acorde abría una nueva pregunta, cada golpe de batería desataba otra hipótesis. No solo quería escucharlo, quería adueñarme de la verdad, comprenderlo en su arquitectura interna, quería algún día emplearla por mi misma y transformarla en algo propio de mis manos.
Pero entonces volví a escuchar la voz del joven de aura sombría, y mi atención descendió hasta encontrarse con su mirada. Había en él una una elegancia oscura, casi arcana, vestía de negro como si la noche misma lo hubiese elegido como su mensajero, y su presencia tenía algo de hechicero silencioso. Él tenía razón, había llegado solo a tocar el violín que se me olvidó presentarme, aunque eso era lo de menos, no suelo ponerle rostro a mis acciones, a veces, dejo que hablen por mí mientras yo permanezco en la hermosa realidad músical.
—-Mi nombre es Miyori Hoshino, ¿Y el tuyo? — Dije al fin, regalándole una sonrisa suave y completamente dulce. Amaba conocer personas en cualquier sitio al que fuera.
— Muchas gracias por la limonada… – Le expresé al dueño del bar que apareció con la limonada de fresas que pedí antes, y lo tomé entre mis manos para después dar pequeños sorbos a través de la pajilla. — Lo acabo de conocer de hecho. — Mencioné respecto a su curiosidad de mi relación con el joven.
Mi mirada nuevamente se desvió a la banda, y otra vez, me quedé sumergida en las millones de preguntas que me dejaban intrigada. — Son geniales, Si.
Luego mi atención fue de nuevo hacia el joven galante de ropa oscura. Y por primera vez, creo que ví magia. Aunque de cierta manera esto me recordaba un poco a Yuuki en Baquella, de su trucos con cartas. Mis ojos estaban puestos en sus manos, siguiendo cada movimiento con una fascinación difícil de disimular. Sin darme cuenta, me incliné hacia adelante, lo suficiente como apoyar una de mis manos sobre la mesa, casi acortando la distancia entre los dos, entonces alcé el rostro y encaré su mirada rojiza, regalándole una sonrisa amplia, luminosa, como si acabara de descubrir un secreto que ansiaba comprender.
—- ¡¿Eres mago?!
En ese momento anunciaron la llegada de una banda nueva, y el leve eco del micrófono captó de inmediato mi atención. Sobre el escenario ya se distinguían las siluetas de un bajo, una guitarra eléctrica y una batería perfectamente dispuesta a hacerse presencia. En mi pecho se encendió esa chispa inquieta que siempre despierta la música en mí. La amaba en todas sus formas, sin excepción, la música era mi mundo. ¿Qué clase de sonido traerían los Alleyway Kids?
Entonces comenzó el repertorio. La primera oleada fue una mezcla precisa de rock con tintes de blues. No era ruido estridente ni desordenado, si no, una corriente totalmente envolvente, que generaba un ambiente tranquilo pero a su vez animado. El público volvió a perderse en esa atmósfera vibrante que aquellos chicos sabían construir con tanta naturalidad… e inevitablemente yo también quedé inmersa en ellos.
Mi mente empezó a correr más rápido que mis propios sentidos.
¿Era un compás rítmico constante o una estructura progresiva que mutaba sobre la marcha?
¿Cuántas notas sutiles habrían deslizado al inicio antes de afirmarse en la melodía principal?
¿Sobre qué nota sostenían ahora la tensión sonata?
¿Hasta qué punto los amplificadores modulaban la vibración de la guitarra eléctrica para lograr ese matiz tan particular?
Cada acorde abría una nueva pregunta, cada golpe de batería desataba otra hipótesis. No solo quería escucharlo, quería adueñarme de la verdad, comprenderlo en su arquitectura interna, quería algún día emplearla por mi misma y transformarla en algo propio de mis manos.
Pero entonces volví a escuchar la voz del joven de aura sombría, y mi atención descendió hasta encontrarse con su mirada. Había en él una una elegancia oscura, casi arcana, vestía de negro como si la noche misma lo hubiese elegido como su mensajero, y su presencia tenía algo de hechicero silencioso. Él tenía razón, había llegado solo a tocar el violín que se me olvidó presentarme, aunque eso era lo de menos, no suelo ponerle rostro a mis acciones, a veces, dejo que hablen por mí mientras yo permanezco en la hermosa realidad músical.
—-Mi nombre es Miyori Hoshino, ¿Y el tuyo? — Dije al fin, regalándole una sonrisa suave y completamente dulce. Amaba conocer personas en cualquier sitio al que fuera.
— Muchas gracias por la limonada… – Le expresé al dueño del bar que apareció con la limonada de fresas que pedí antes, y lo tomé entre mis manos para después dar pequeños sorbos a través de la pajilla. — Lo acabo de conocer de hecho. — Mencioné respecto a su curiosidad de mi relación con el joven.
Mi mirada nuevamente se desvió a la banda, y otra vez, me quedé sumergida en las millones de preguntas que me dejaban intrigada. — Son geniales, Si.
Luego mi atención fue de nuevo hacia el joven galante de ropa oscura. Y por primera vez, creo que ví magia. Aunque de cierta manera esto me recordaba un poco a Yuuki en Baquella, de su trucos con cartas. Mis ojos estaban puestos en sus manos, siguiendo cada movimiento con una fascinación difícil de disimular. Sin darme cuenta, me incliné hacia adelante, lo suficiente como apoyar una de mis manos sobre la mesa, casi acortando la distancia entre los dos, entonces alcé el rostro y encaré su mirada rojiza, regalándole una sonrisa amplia, luminosa, como si acabara de descubrir un secreto que ansiaba comprender.
—- ¡¿Eres mago?!
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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