23-02-2026, 04:54 PM
¿Teníamos algo más que hacer allí? Esa fue la pregunta que me asaltó tras las palabras de Eros. La isla nos había proporcionado más bien poco; un poco de rodaje como equipo, una aventura en el casino y frío, mucho frío. Por otro lado me daba la sensación de estar avanzando sin sacar mucho provecho a nuestras paradas. Tampoco avanzaba mi investigación sobre el paradero de mis padres. ¿Realmente estaba investigando? Por el momento me había limitado a huir de Samba y seguir siempre hacia adelante, sin mirar atrás. Apenas sabía nada de las civilizaciones que estudiaban mis padres, ni si quiera conocía sus nombres. A diario dudaba de si estaría siguiendo el camino correcto. Un camino marcado por aquella extraña brújula que decidía nuestro rumbo sin poder seguir ni un misero mapa
Rodé un barril de provisiones por la cubierta mientras seguía analizando mis pensamientos. Nuestra tripulación se preparaba para partir, una vez más. Me detuve un momento para observarlos mientras se preparaban. Había pasado ya algún tiempo desde que comencé mi viaje, pero era la primera vez que podía llamar a un lugar como mi casa. Eran gente peculiar, sin ninguna duda. Sin embargo, cada uno de ellos poseía algo que los hacía especiales. La determinación de Eros, la cocina de Uker... e incluso esa irritante manera de Kiyoshi de dirigirse hacia nosotros. Yo no dejaba de pensar que aquella era su manera de mostrarnos afecto, una manera un tanto odiosa, por otro lado.
Rodé un barril de provisiones por la cubierta mientras seguía analizando mis pensamientos. Nuestra tripulación se preparaba para partir, una vez más. Me detuve un momento para observarlos mientras se preparaban. Había pasado ya algún tiempo desde que comencé mi viaje, pero era la primera vez que podía llamar a un lugar como mi casa. Eran gente peculiar, sin ninguna duda. Sin embargo, cada uno de ellos poseía algo que los hacía especiales. La determinación de Eros, la cocina de Uker... e incluso esa irritante manera de Kiyoshi de dirigirse hacia nosotros. Yo no dejaba de pensar que aquella era su manera de mostrarnos afecto, una manera un tanto odiosa, por otro lado.
Asentí al oír las palabras del cocinero. Era cierto que no habíamos recibido muchas noticias de que algo estuviera sucediendo más allá de donde nos encontrábamos. Pero bien es cierto que sabíamos que alguien terrible avanzaba un par de islas por delante en esta misma ruta. «El carnicero de Whisky Peak». Tan solo con escuchar ese sobrenombre, sentí un escalofrío recorrer mi espalda. ¿Qué clase de bárbaro debía ser alguien para ganarse aquel apodo?
El temor en mi cuerpo se diluyó al escuchar a Kiyoshi. No me gustaba la idea de parecer un monstruo, pero esa fama ayudaría a alejar muchos problemas. Además, Uker se había convertido en el hombre más buscado del South Blue, debía ser fuerte, mucho más de lo que nos había mostrado. Solo un loco se atrevería a ir a por alguien con esa reputación.
—Doctor, tú tampoco te quedas nada atrás. Eres un gran tirador, el mejor que haya conocido —dije asintiendo mientras sujetaba el ala de mi sombrero—. Además, tenemos a nuestro capitán. Yo confío plenamente en él y se que él confía en nosotros. Juntos superaremos lo que se nos ponga por delante.
Sea lo que sea a lo que nos dirigíamos. La incertidumbre siempre me había molestado. Ahora avanzábamos sin saber siquiera que nos esperaba más adelante. En parte sentí desasosiego, por pensar que estaba avanzando a ciegas en la búsqueda de mis padre. En parte, emoción. Así era como se debían sentir los verdaderos exploradores al comenzar una de sus aventuras. Con grandes desafíos que afrontar y con la mejor de las compañías para hacerlo. Estaba convencido de estar en el mejor lugar posible.
Uker me dejó un trozo de manzana en la mano. Su afirmación sobre mi necesidad de alimentarme me resultó desconcertante. ¿Acaso parecería enfermizo? Tal vez solo era que, a ojos de un fuerte espadachín, yo parecía débil. Si era alguna de ellas, estaba dispuesto a demostrarle que se equivocaba sobre mi.
—¿Gracias? —pregunté con tono sarcástico. Mordí la manzana—. Los hurones somos carnívoros, ¿sabías? —miré la manzana medio mordida en mi mano y fui consciente de mi contradicción—. Me la como por que es algo sano, no porque sea débil. Además estaría feo desmerecer a nuestro cocinero.
Y allí me encontraba yo. Discutiendo con mis compañeros de viaje. Como dos hermanos que se desafían constantemente. No por odio, sino por fraternidad. Estaba seguro. Nuestro viaje como tripulación estaba dando sus primeros pasos, pero también daría mucho de qué hablar. Miré la nieve caer, ceñí mi sombrero y terminé de colocar las provisiones. Aquel sería nuestro viaje.
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