23-02-2026, 06:10 PM
Era difícil saber con exactitud si aquella reunión a la que se dirigía era un programa de venta de cursos de coaching personal, o si realmente cambiaría su futuro. Bueno, la idea real prometía lo mismo que aquellos peculiares estafadores que ofrecían cambiar tu vida por sólo darles un poco de tus jugosos berries. El caso es que, fuese como fuese, y habiendo olvidado incluso a quien lo había citado allí, Wyatt cruzó la plaza con la esperanza de poner su aporte en una causa mínimamente noble, y sobre todo, que lo sacase de Sorbet.
Siguiendo un par de indicaciones, dio algunas vueltas de más, pues ubicarse en la zona norte no era su especialidad. Cierto es que llevaba ya un tiempo instalado en la pintoresca ciudad, pero lejos estaba de ser su lugar en el mundo, y le costaba todavía identificar los edificios, que a sus ojos le parecían todos iguales. Sumado a ello, el dar tantas vueltas sin sentido y el ajetreo, la contaminación sonora y los olores de la urbanidad, le ponían los pelos de punta. No podía ocultarlo, y al paso que iba, terminaría todo arrugado a los 30 si seguía viviendo en la ciudad: su entrecejo estaba fruncido todo el tiempo, y la expresión de asco sólo se le quitaba si tenía que interactuar con alguien.
Finalmente llegó hasta una puerta que parecía ser igual a la descripta en la comunicación, y de paso, tras un par de segundos de búsqueda visual, dio con el nombre. Lo que sí le pareció extraño fue, que nada más dar unos pasos dentro, el lugar parecía estar casi vacío. ¿Habían elegido un antro tan lúgubre y de mala muerte? ¿Allí en Sorbet Norte? Bueno, no es que él fuese pretencioso, en absoluto, pero le llamaba un poco la atención. Pero enseguida descubrió que la desolación venía por otro lado —. Discúlpenos, pero el local está cerrado por una reservación especial. Vuelva mañana. — le comentó uno de los empleados del lugar nada más cruzó el umbral de la puerta. Al parecer la reunión ya iba empezada, y a las claras parecía que él era simplemente un cliente casual que venía a consumir.
— Ah, una reservación. Debe ser la reunión a la que vengo, sí. — asintió un par de veces, seguro de lo que parecía estar pasando. El hombre arqueó un poco la ceja pero enseguida lo condujo un poco hacia atrás, a las mesas de los comensales, donde señaló la única que estaba ocupada, por un trío un poco particular, o un cuarteto si contábamos al exótico animal —. ¡Bingo! Me costó encontrar el lugar, lo siento. Pero ya estoy aquí, espero no haberlos hecho esperar mucho. ¡Un placer a todos! — se acercó empezando a arrimar una silla antes de que, el mismo dependiente que lo recibió, se parase detrás de él y mirase al grupo con cara de duda —. No sé si esperaban a alguien más, pero dijo que venía a la reunión y lo dejé pasar.
El Goldstar se dio media vuelta mientras todavía tenía una silla entre brazos, antes de analizar al empleado de nuevo, achinando los ojos como si lo juzgase por estar dudando de su invitación tan especial. Y es que claro, probablemente la mirada de nadie de los presentes había resultado familiar para con el rubio, o bueno, era lo esperable —. Disculpen, antes de que me presente sin sentido... Fui citado a una reunión por un muchacho, este... — comenzó a suspirar, apoyando sus manos en el respaldo de la silla mientras la acomodaba frente a él, todavía de pie. Descolgó el bolso que llevaba en la espalda y lo dejó caer al suelo —. Yo... Estoy seguro que puedo recordarlo, era... Hmm... ¿Ray--... Tsk. — chasqueó la lengua, cansado, y se agachó hasta sus pertenencias.
Empezaron a volar hacia los costados vendas, bolsas de monedas bien ajustadas, cajas de balas, carne seca envasada, y cualquier trasto que uno pudiese imaginar que había en un bolso... Y un poco más, por qué no. Hasta que por fin, manchado y arrugado, un papel blanco que Wyatt sonrió al encontrar —. Bingo, aquí está. — exclamó extendiéndolo hacia el frente para mostrarle su inscripción a todos los presentes:
Siguiendo un par de indicaciones, dio algunas vueltas de más, pues ubicarse en la zona norte no era su especialidad. Cierto es que llevaba ya un tiempo instalado en la pintoresca ciudad, pero lejos estaba de ser su lugar en el mundo, y le costaba todavía identificar los edificios, que a sus ojos le parecían todos iguales. Sumado a ello, el dar tantas vueltas sin sentido y el ajetreo, la contaminación sonora y los olores de la urbanidad, le ponían los pelos de punta. No podía ocultarlo, y al paso que iba, terminaría todo arrugado a los 30 si seguía viviendo en la ciudad: su entrecejo estaba fruncido todo el tiempo, y la expresión de asco sólo se le quitaba si tenía que interactuar con alguien.
Finalmente llegó hasta una puerta que parecía ser igual a la descripta en la comunicación, y de paso, tras un par de segundos de búsqueda visual, dio con el nombre. Lo que sí le pareció extraño fue, que nada más dar unos pasos dentro, el lugar parecía estar casi vacío. ¿Habían elegido un antro tan lúgubre y de mala muerte? ¿Allí en Sorbet Norte? Bueno, no es que él fuese pretencioso, en absoluto, pero le llamaba un poco la atención. Pero enseguida descubrió que la desolación venía por otro lado —. Discúlpenos, pero el local está cerrado por una reservación especial. Vuelva mañana. — le comentó uno de los empleados del lugar nada más cruzó el umbral de la puerta. Al parecer la reunión ya iba empezada, y a las claras parecía que él era simplemente un cliente casual que venía a consumir.
— Ah, una reservación. Debe ser la reunión a la que vengo, sí. — asintió un par de veces, seguro de lo que parecía estar pasando. El hombre arqueó un poco la ceja pero enseguida lo condujo un poco hacia atrás, a las mesas de los comensales, donde señaló la única que estaba ocupada, por un trío un poco particular, o un cuarteto si contábamos al exótico animal —. ¡Bingo! Me costó encontrar el lugar, lo siento. Pero ya estoy aquí, espero no haberlos hecho esperar mucho. ¡Un placer a todos! — se acercó empezando a arrimar una silla antes de que, el mismo dependiente que lo recibió, se parase detrás de él y mirase al grupo con cara de duda —. No sé si esperaban a alguien más, pero dijo que venía a la reunión y lo dejé pasar.
El Goldstar se dio media vuelta mientras todavía tenía una silla entre brazos, antes de analizar al empleado de nuevo, achinando los ojos como si lo juzgase por estar dudando de su invitación tan especial. Y es que claro, probablemente la mirada de nadie de los presentes había resultado familiar para con el rubio, o bueno, era lo esperable —. Disculpen, antes de que me presente sin sentido... Fui citado a una reunión por un muchacho, este... — comenzó a suspirar, apoyando sus manos en el respaldo de la silla mientras la acomodaba frente a él, todavía de pie. Descolgó el bolso que llevaba en la espalda y lo dejó caer al suelo —. Yo... Estoy seguro que puedo recordarlo, era... Hmm... ¿Ray--... Tsk. — chasqueó la lengua, cansado, y se agachó hasta sus pertenencias.
Empezaron a volar hacia los costados vendas, bolsas de monedas bien ajustadas, cajas de balas, carne seca envasada, y cualquier trasto que uno pudiese imaginar que había en un bolso... Y un poco más, por qué no. Hasta que por fin, manchado y arrugado, un papel blanco que Wyatt sonrió al encontrar —. Bingo, aquí está. — exclamó extendiéndolo hacia el frente para mostrarle su inscripción a todos los presentes:
Ryota.
KARMAS
