23-02-2026, 10:35 PM
(Última modificación: 23-02-2026, 10:40 PM por Seraphine Soyer.)
No esperó que el hombre fuese por esa ruta, ni que ella fuese tan transparente y llevó su mano libre, a su rostro, masajeando el puente de la nariz, no pudiendo evitar lanzarse un par de maldiciones para sí misma en su interior, hoy era su décimo día siendo libre, era normal que tuviese sus nervios a flor de piel, pero no le gustaba lo que implicaba aquellas palabras, era ser vulnerable y la mujer combatía aún con aquel sentimiento, por otro lado, al escuchar sus siguientes palabras, alzó un poco el mentón, mirándolo directo a los ojos, sin saber que decir hasta ahora.
Le sonaron vacías.
No es que no creyera en la convicción del hombre, eran más por sus propios temores, incluso sus propias creencias de justicia le parecían fácil de pisotear, los recuerdos de aquellas manos apretando alrededor de su cuello todavía eran demasiado frescas, el estar ahogándose con su sangre era una sensación que le golpeaba con fuerza cuando tocaba la cicatriz en su cuello y la oscuridad de aquella celda la envolvía aquellas cerraba sus ojos, todavía le quedaba un largo camino para sanar, ni siquiera estando segura si quería hacerlo, volviéndose una enorme tentación el irse por el mal y quemar todo.
Se mordió el labio inferior quedándose más callada de lo que le gustaría y decidió no contestarle, no tenía intención de romper el ambiente festivo, al menos no aún. Y estiró su mano hacia él, colocándola en el mentón, subiendo con cuidado y suavidad hasta subir a la mejilla, dando un paso hacia adelante, decidiendo volver a ser injusta otra vez, mandando a la mierda cualquier instinto que le gritase utilizar la lógica, siendo aquellos recuerdos traumáticos que le recordaron lo mucho que quería vivir y lo hambrienta que estaba por alguna clase de conexión, que la motivó a darle un pequeño beso en la frente.
La textura era extraña, pero no le incomodó y cerró sus ojos, apartando aquellas manos invisibles que sintió reptar por su cintura. —Mejor así— Sonrió, echando para atrás, soltando la mano de Moja. —Me gustas más libre que condenado— Pensó irse de allí, con intención de ocultarse debajo de su cama por el resto de los años de vida que le quedaban, pero aquello sería dejarlo ganar, sus labios formaron un pequeño “o”, frotando con suavidad la cola entre sus dedos y la soltó. —¿Dolió?— Ladeó la cabeza, su expresión era de preocupación.
Alzó una ceja y lo señaló.
—No, no, no, no es un objetivo, no una misión, bailar es divertirse, no busques la perfección— Escribió sobre su libreta de una forma más marcada, notándose la importancia para ella de aquellas palabras. Mientras más hablaba, más fuerza hacía en su puño, aquellas palabras implican demasiado y agitaban las sospechas de Seraphine, algo militar había allí, reduciendo sus opciones de empleo. —¿Te resignaste a morir por tu trabajo?— Lo miró directo a los ojos, atenta por su reacción.
Parpadeó, no esperó que continuase a describirse así mismo. —Moja— Contó hasta diez, con cuidado, colocó sus rodillas contra el suelo, buscando quedarse un poco más cerca de él. —A mí no me tienes que demostrar nada— Le dio otro bop a su nariz. —Te habré llamado robot, pero no creo que eso es lo que eres, creo que eres una persona que representa posibilidades, estás aquí, haciendo cosas conmigo que tienen un poco… tenso, sin embargo, lo estás haciendo, deberías de estar orgulloso de eso— Estuvo a punto de reprochar respecto a la manzana. —¿Eres consciente que no va a ser muy justo para ti con los enormes mordiscos que voy a dar?— Era enorme comparado con él y colocó algunos mechones contra su oreja, inclinando un poco su cabeza, mordió la manzana.
Masticó con cuidado, ganando un poco de tiempo para ordenar sus palabras.
—A veces… Cuando bailo, algunos se van de las manos— Tragó el pedazo de la manzana, no mintió, solo ocultó información. —Aunque, no lo veo como un trabajo, es más un…
Se quedó callada, sin saber como ponerlo en palabras.
Le sonaron vacías.
No es que no creyera en la convicción del hombre, eran más por sus propios temores, incluso sus propias creencias de justicia le parecían fácil de pisotear, los recuerdos de aquellas manos apretando alrededor de su cuello todavía eran demasiado frescas, el estar ahogándose con su sangre era una sensación que le golpeaba con fuerza cuando tocaba la cicatriz en su cuello y la oscuridad de aquella celda la envolvía aquellas cerraba sus ojos, todavía le quedaba un largo camino para sanar, ni siquiera estando segura si quería hacerlo, volviéndose una enorme tentación el irse por el mal y quemar todo.
Se mordió el labio inferior quedándose más callada de lo que le gustaría y decidió no contestarle, no tenía intención de romper el ambiente festivo, al menos no aún. Y estiró su mano hacia él, colocándola en el mentón, subiendo con cuidado y suavidad hasta subir a la mejilla, dando un paso hacia adelante, decidiendo volver a ser injusta otra vez, mandando a la mierda cualquier instinto que le gritase utilizar la lógica, siendo aquellos recuerdos traumáticos que le recordaron lo mucho que quería vivir y lo hambrienta que estaba por alguna clase de conexión, que la motivó a darle un pequeño beso en la frente.
La textura era extraña, pero no le incomodó y cerró sus ojos, apartando aquellas manos invisibles que sintió reptar por su cintura. —Mejor así— Sonrió, echando para atrás, soltando la mano de Moja. —Me gustas más libre que condenado— Pensó irse de allí, con intención de ocultarse debajo de su cama por el resto de los años de vida que le quedaban, pero aquello sería dejarlo ganar, sus labios formaron un pequeño “o”, frotando con suavidad la cola entre sus dedos y la soltó. —¿Dolió?— Ladeó la cabeza, su expresión era de preocupación.
Alzó una ceja y lo señaló.
—No, no, no, no es un objetivo, no una misión, bailar es divertirse, no busques la perfección— Escribió sobre su libreta de una forma más marcada, notándose la importancia para ella de aquellas palabras. Mientras más hablaba, más fuerza hacía en su puño, aquellas palabras implican demasiado y agitaban las sospechas de Seraphine, algo militar había allí, reduciendo sus opciones de empleo. —¿Te resignaste a morir por tu trabajo?— Lo miró directo a los ojos, atenta por su reacción.
Parpadeó, no esperó que continuase a describirse así mismo. —Moja— Contó hasta diez, con cuidado, colocó sus rodillas contra el suelo, buscando quedarse un poco más cerca de él. —A mí no me tienes que demostrar nada— Le dio otro bop a su nariz. —Te habré llamado robot, pero no creo que eso es lo que eres, creo que eres una persona que representa posibilidades, estás aquí, haciendo cosas conmigo que tienen un poco… tenso, sin embargo, lo estás haciendo, deberías de estar orgulloso de eso— Estuvo a punto de reprochar respecto a la manzana. —¿Eres consciente que no va a ser muy justo para ti con los enormes mordiscos que voy a dar?— Era enorme comparado con él y colocó algunos mechones contra su oreja, inclinando un poco su cabeza, mordió la manzana.
Masticó con cuidado, ganando un poco de tiempo para ordenar sus palabras.
—A veces… Cuando bailo, algunos se van de las manos— Tragó el pedazo de la manzana, no mintió, solo ocultó información. —Aunque, no lo veo como un trabajo, es más un…
Se quedó callada, sin saber como ponerlo en palabras.
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