23-02-2026, 11:03 PM
(Última modificación: 23-02-2026, 11:54 PM por Kibai.
Razón: Correcciones ortográficas menores
)
Kibai tuvo que hacer un esfuerzo sincero por no desenvainar a Raimei en cuanto escuchó como alguien se refería a él como peluche.
No obstante, al ver que la que lo había dicho era la misma joven que había estado jugando con dos botes de especies como si fuesen muñecos, su mano se relajó mientras estudiaba a su interlocutora. La joven era bonita, de eso no cabía duda, vestida con un colorido conjunto de top y falda larga, completado con una melena de color azul celeste que le llegaba por debajo de las rodillas. Mediría unos cuatro dedos menos que él, cuatro de los suyos al menos, y su figura era más delicada que voluptuosa. Sin embargo, Kibai ya se había acostumbrado a no depender de sus ojos para todo, y aquella chica, aunque olía en parte a humano, no lo era del todo. Al igual que la chica mono que había luchado a su lado en los Cabos Gemelos, aquella joven tenía algo más, no sabía exactamente el qué...
La respuesta le llegó a los pocos segundos, mientras la joven daba vueltas a su alrededor sin dejar de parlotear incesantemente en una conversación totalmente sin sentido. A su espalda, un llamativo conjunto de escamas azul celeste, de un tono brillante como zafiros pulidos cubría su piel. Sin duda aquella chica tenía parte de gyojin. O más probablemente, dada su belleza, de sirena.
Aún así, fuese cual fuese su origen, estaba claro que algo no andaba muy bien detro de su cabeza. Cuando directamente comenzó a maullarle, a Kibai se le acabó la paciencia. Alzando una mano, apoyó su palma en la parte superior de la cabeza a la joven, haciendole levantar levemente la mirada para hacerla coincidir con la suya, tratando de no usa un tono demasiado brusco.
Aún así, fuese cual fuese su origen, estaba claro que algo no andaba muy bien detro de su cabeza. Cuando directamente comenzó a maullarle, a Kibai se le acabó la paciencia. Alzando una mano, apoyó su palma en la parte superior de la cabeza a la joven, haciendole levantar levemente la mirada para hacerla coincidir con la suya, tratando de no usa un tono demasiado brusco.
— Basta. Creo que sería mejor que siguiesemos hablando en humano, no te parece? Al fin y al cabo, hay uno aquí. Es de mala educación hablar en un idioma que otro no entiende.
En ese instante, el olor de la sangre invadió las fosas nasales de Kibai, que se giró rapidamente hacia el mostrador. El hombre había comenzado a sangrar levemente de la nariz, pero su mirada no abandonaba a la joven de cabello azul. Una mirada que, cuando ella se inclinó sobre el mostrador para ofrecerle un pañuelo, descendió hacia el surco que formaba su busto al alargar su cuerpo por encima del mostrador. El mink había visto esa misma mirada demasiadas veces, y la mano que seguía descansando sobre el pomo de Raimei se crispó ligeramente, dejando salir las garras de manera casi inconsciente.
— … si quieres puedo llevarte, seguro nuestro amigo mink tiene otras cosas que hacer…
Aquello ya fue el colmo.
Respirando tres veces para no saltar por encima del mostrador y darle su merecido a aquel malnacido, Kibai optó por la "diplomacia".
— Pues de hecho, amigo, si tengo algo más que hacer. Verá, por lo poco que he visto, su tienda tiene una calidad de producto bastante por debajo de lo que buscaba. Así que tendré que hacer mi compra en otra parte. Ese mercado portuario suena bastante bien...
Kibai plantó su mano encima del mostrador, con la fuerza suficiente para que sus garras dejasen cinco pequeñas marcas en la madera.
— De modo que ya que la señorita necesita ir hasta allí, me cuadra de camino. Además, no quisiera que tuviese que cerrar su negocio en medio de la jornada.
Kibai sonrió malevolamente, enseñando los colmillos aguzados.
— Y está sangrando demasiado por esa nariz, y tengo que confesar que la sangre me pone... nervioso. Así que será mejor que nos marchemos ya, no cree?
El hombre lo fulminó con la mirada y abrió la boca para protestar, pero un quedo rugido de Kibai, de estos que reservaba cuando tenía que lidiar con rufianes de poca monta en Roshwan pareció amedrentarle lo sufciciente, unido seguramente a que cuando bajó la mirada vio las cinco muescas en la madera del mostrador. Con un leve asentimiento, volvió a taparse la nariz sangrante con el pañuelo. Girándose de nuevo hacia la joven, el mink procuró dulcificar su expresión todo lo que pudo, aunque una chispa de la fiereza seguía anidando en sus ojos.
— Has dicho que buscabas ajimoto? No es muy complicado de encontrar si sabes dónde buscar. Podría echarte una mano con eso. — esbozando una sonrisa se dio un leve toque en la nariz. — Tengo buen olfato para esas cosas. Estoy seguro que lo encontraremos en un periquete.
Recordando sus modales, el mink se enderezó, hinchando levemente el pecho debajo de la nueva vestimenta proporcionada por Amancius Ortiga.
— Y mis disculpas, ni siquiera me he presentado. Me llamo Kibai, es un placer.
La Caja de Pandora
