Caminaron juntos, dejando atrás el bullicio de las pagodas y el humo de los puestos. Asherah, con su paso majestuoso, lo seguía mientras el terreno se volvía más hostil. Continuaron hablando, con Kibai sorpendriéndose de la cantidad de información que la Lunarian parecía saber. Desde luego, el ser una comerciante parecía ser casi una mejor manera de obtener datos que interrogando a sospechosos en el cuartel...
La palabra islas murió en su garganta cuando una oleada del perfume (si es que era perfume) lo asaltó de golpe. Asherah se había quitado la capa que cubría sus hombros, dejando la blanca tela de su blusa al descubierto. El mink tragó saliva mientras trataba de disimular su azoramiento.
— Espero que tu legendaria vista nocturna esté lista...
Kibai tuvo que hacer un serio esfuerzo por no sacar los colmillos mientras le clavaba la mirada a la joven.
— Puedes estar segura que no pienso perderme ni un solo detalle de esta noche. Un espectáculo así no se ve todos os días.
Finalmente, el sendero que ascendía hacia la cima de la montaña murió en un pequeño mirador, algo concurrido de otros habitantes de la isla. Desanimado por la afluencia de gente, Kibai observó la montaña sobre su cabeza. Maldita sea, había esperado que al haber celebraciones con música y comida en la ciudad, aquel lugar estaría más despejado. Pero la musica llegaba hasta allí, aunque lo sufcientemente atenuada para poder mantener una conversación sin problemas, y al parecer por lo que olía desde dónde se encontraba, los puestos de comida para llevar habían hecho un buen negocio aquella noche.
Sin embargo, el mink no pensaba rendirse tan facilmente. No en vano su instinto de explorador le decía que siempre había algo más que advertir. Además, ni el ni su acompañante eran humanos, y eso hacía que tuviesen la posibilidad de llegar allí dónde otros no podían...
Con las manos en los bolsillos, Kibai observó bien el mirador, con la cola agitándose ritmicamente a izquierda y derecha. Si bien el sendero terminaba allí, aquello no era la cima propiamente dicha. Ante él se alzaba una pared vertical de roca pura. Un acantilado de unos veinte metros donde árboles retorcidos nacían directamente de las grietas, desafiando a la gravedad.
Kibai se detuvo y observó la sobra de un arco tori construido en lo más alto, así como al menos un árbol que coronaba la cima. El instinto de leopardo en su sangre rugió de pura alegría ante el desafío físico. Se giró hacia Asherah con una sonrisa desafiante.
— Tú tienes alas, así que esto para ti es poco más que un paso de baile. Podría pedirte que me llevases, pero para mí... es una cuestión de orgullo.
Se llevó las manos al cuello y soltó los broches de su capa de la Marina, sacándosela de encima de los hombros con un amplio revuelo. La recogió con una lentitud casi ceremonial, doblándola con el respeto que se le debe a un símbolo antes de entregársela con ambas manos.
— ¿Me harías el favor? No querría que se manchara con el polvo de la pared o las astillas de alguna rama frágil.
Aprovechando el momento, sus dedos rozaron los de la Lunarian cuando dejó la capa en sus brazos, sin poder evitar un leve ronroneo cuando le sonrió con una mirada traviesa, dejando que su cola acariciase las plumas inferiores de su ala derecha.
— Te veo arriba. No tardes, o empezarán el espectáculo sin nosotros...
Acto seguido, le dio la espalda y desabrochó el cinturón de Raimei y se lo cruzó sobre uno de los hombros, asegurando la espada para que no estorbara su movimiento. Se crujió los nudillos, flexionó las potentes piernas de Mink y, con un estallido de energía, saltó hacia la piedra.
Lo que siguió fue un despliegue de agilidad depredadora. En su forma de leopardo, Kibai no se limitaba a escalar; fluía hacia arriba. Sus garras se anclaban en la roca con la precisión de un escalpelo. Usaba las grietas y los troncos de los árboles como trampolines, moviéndose a una velocidad que dejaría en ridículo a cualquier atleta humano. Era un borrón moteado ascendiendo por la vertical, una danza de músculos y reflejos que buscaba el cielo.
Llegó a la cima justo cuando el primer estallido de luz rompió la oscuridad. Un fuego artificial rojo iluminó su rostro mientras se ponía de pie en el pináculo, recuperando el aliento y extendiendo una mano para saludar a la Lunarian, que llegaba planeando a su lado. Kibai ni siquiera advirtió que dos de los botones de su camisa se habían soltado por el esfuerzo de la subida, el rocío de la noche había empapado algunas zonas de la tela, transparentando la musculatura que había debajo.
— Justo a tiempo, creo que mis servicios de guía a la altura... ¿no crees?
La caja de Pandora

![[Imagen: 9FYaD3A.jpeg]](https://i.imgur.com/9FYaD3A.jpeg)