24-02-2026, 06:54 AM
El suave roce de la piel ajena contra la propia provoca ligeras curvaturas en las comisuras de los labios de la fémina. La tibieza del agua, mezclada con el calor corporal, disipa hasta el último vestigio de tensión o agobio; incluso podría cerrar los ojos y dormitar entre los dulces brazos que la sostienen. Mas no lo hace: su egoísmo no tiende a surcar por ese tipo de mares. Al contrario, la atención se centra en la siempre reconocible voz que acaricia su oído; exponiendo transparencia e inquietud.
“La verdad es que soy mucho más fuerte cuando lo hago”
Emite, y la amazona no puede sino asentir con apremiante lentitud. Sin ánimo de juzgar, guarda silencio durante un par de segundos: escucha, siente, se permite disfrutar de la delicadeza de aquellos labios posados sobre su hombro, una diáfana caricia convertida en un beso cargado de afecto. Runin entiende el pensamiento que habita en la mente del castaño. ¿No es exactamente lo que ella hizo al dejar de lado su arco y flechas para dedicarse a aprender un arte más crudo y frontal?
Las bromas gratamente se abren paso entre ellos, reafirmando la seguridad que experimentan el uno junto al otro. —Fufufufu. En ocasiones pides cosas imposibles, cariño. —Le gustaría decir que se contendrá cuando se trate de él, pero sabe perfectamente que no hace falta. —No, ahí practican ballet y danza tradicional. —El sarcasmo invade sus vocablos, aunque cierto tono jocoso hace mella en la fémina. —Obvio entrenaban artes marciales ¿No percibías el olor a sudor? Ugh. —Frunce la nariz en evidente fastidio; incluso saca la lengua en un gesto infantil mientras sus hombros se estremecen como si de la peor experiencia se tratase.
¿Está escuchando bien?
¿Ryota Miyamoto interesado en artes marciales?
¿En sobrepasar sus propios límites para obtener resultados rápidos?
¿Ryota Miyamoto interesado en artes marciales?
¿En sobrepasar sus propios límites para obtener resultados rápidos?
La infantilidad queda atrás cuando los voluminosos labios se entreabren en una expresión anonadada, al menos hasta escuchar el matiz caprichoso en la voz del castaño. La fémina lanza una pequeña risa antes de deshacerse en un suspiro. La suavidad del rostro ajeno contra el propio impulsa a que la amazona restriegue suavemente su mejilla; agradece que Ryota no lleve barba, el tacto se siente más grácil e íntimo.
Repentinamente la cadencia en la voz del hombre se atenúa. Incluso alguien tan poco perceptiva como ella puede darse cuenta del cúmulo de intrigas que seguramente azotan a su compañero, su capitán, su confidente. —Lo creo. —No existe vacilación. —Esto es lo que querías, ¿No es así? Libertad. —Presiona con ligereza su cabeza contra la de él, acompañándolo.

—Incluso la libertad demanda esfuerzo, cariño.
La pausa es ínfima antes de que los recuerdos se abran paso en sus memorias. —Te esforzaste al dejar todo atrás para ir en la búsqueda de tus deseos, aunque me hayas dejado en el proceso. —Frunce los labios antes de volver a sonreír. —Unimos fuerzas para derrotar a un problemático oso; ahí sudaste, manchaste tus manos de grasa y de hollín. —La siempre estridente voz se vuelve apacible a momentos, como si estuviera contando secretos.
—Hoy incluso luchaste, te transformaste a pesar de tus miedos; y aunque no salimos airosos como quisiéramos, sé que no te has rendido, Ryota. —Gira ligeramente su torso hacia la derecha, lo suficiente para poder observarlo, para levantar su izquierda y acariciar el rostro del más alto. —Creo que vale la pena, creo que no quieres regresar a Baterilla a continuar pescando y que sellen tu destino. —Su frente se deposita contra la del castaño, cerrando los ojos se permite sentir su hálito durante unos segundos.
—Además, no me gustan los hombres débiles, sabes que me dan grima los cobardes, fufu. —El rostro se inclina apenas un instante, tiempo justo para que sus labios rocen los ajenos en un arrullo entrañable. Al separarse, permanece a escasos centímetros, mirándolo con franqueza. No intenta adornar sus palabras, lo ve como una realidad a la que debe prestar atención.

—¿Hacemos una apuesta? Si te vuelves más fuerte haré una sola cosa que quieras; hasta darte la mitad de mis berries, o todo. —Sonríe. —Si pierdes entonces ese favor me lo cobraré yo. —Guiñando acaricia uno de los brazos del ajeno, no queriendo deshacer el abrazo que une sus cuerpos.
