Mirada de hielo [Priv. Jin] [Pasado]
#7
No pudo dar un paso hacia atrás para prevenir que las manos del pelirrojo terminaran apretando sus mejillas como si se tratara de un niño, algo que hizo que el ardor en su piel no tardara en aparecer y, finalmente, para cuando el otro hombre se separó, podía sentir, sin lugar a duda, un dejo de calor provocado por la fricción del repentino movimiento. —Pero… ¿Qué…? —Sus manos subieron hasta sus mejillas y acariciaron la zona con suavidad mientras miraba, con extrañeza, al chico. No estaba enojado, para nada, simplemente, desde hace muchos años, no recibía muestras tan espontáneas de afecto, de hecho, esa impulsividad le recordó a alguien que fue su compañero de tripulación hace muchos años…alguien a quien no podía borrar de su memoria.

Pero entonces, antes de poder perderse en los recovecos oscuros de su mente, sus pensamientos fueron interrumpidos de golpe por la voz fría del pelinegro. El pelirrosa dejó de acariciar sus propias mejillas y se giró apenas para poder encarar al hombre y, ahí se encontró, de nuevo, con esa mirada cortante, una que le hizo dejar atrás su expresión de “inocencia” para dar paso a una de más seriedad, aunque no le respondió, simplemente se limitó a sostenerle la mirada por unos segundos mientras el anciano hablaba y daba toda aquella explicación sobre su memoria…una historia que le arrancó más de una reacción al pelirrosa y, por la reacción del pelinegro y la sorpresa en la cara del pelirrojo, también arrancaría un par de reacciones a ellos.

El médico suspiró y, cuando el señor Percival estuvo lejos, movió la cabeza de lado a lado… ¿Por qué tenía que contarles a dos “extraños” sobre su pequeño problema de memoria? Más aún, a un cliente…Eso podía afectar su trabajo, aunque…al analizar la reacción de los otros dos hombres, no había un rechazo latente o, al menos, él no lo percibía del todo.

—No, no me ofendes…eh…—Hace solo un momento le había dicho su nombre, pero se le escapó de la memoria como agua de las manos, así que improvisó. Miró el cabello del chico y lo sumó a la personalidad, aparentemente, juguetona que tenía…así se le ocurrió un apodo. —…Chili —. Sencillo, fácil de recordar. —Estoy acostumbrado a que me hagan preguntas cuando se enteran de mi…Jmmm…condición. Además, te entiendo, normalmente, la gente suele asociar la falta de memoria a los más viejos, supongo que es el estándar y yo…estoy fuera de este, para mal —. Se encogió de hombros, no se autocompadecía, solo aceptaba su realidad.

—Y no se preocupe, señor Inuzuka —Quizá lo había pronunciado mal, pero hacía lo que podía. —, a diferencia de los rostros, nombres y acontecimientos, mi memoria funciona bastante bien cuando se trata de medicina y botánica…pero entiendo que ahora sienta más curiosidad por querer comprobarlo, debe comer ansias porque llegue el día de la cita —. Sonrío con confianza, dejando claro que estaba más que seguro de sus habilidades. —Le puedo asegurar que no va a decepcionarse… ¿O desconfía de quien sea que me haya recomendado? —Su sonrisa se amplió un poco más, mientras que su cuerpo se relajaba ahora que la situación volvía a un nivel que era capaz de controlar.

Aunque, lo que no se esperaba de todo eso, es que el pelirrojo terminara balbuceando y sonrojándose por culpa de sus palabras y las de su propio jefe, menos aun se esperó a que se fuera de la escena, nervioso, casi tenso… ¿O era su imaginación? Sea como sea, la reacción provocó que el médico soltara una leve risita.

—¡Oh! Y parece que he asustado a Chili…una lástima, me estaba cayendo bien, parece bastante alegre, casi me recuerda a alguien que conocí hace mucho…aunque solo en actitud y…estoy seguro de que ese alguien no se habría asustado por mis palabras, se habría unido al tema —. Habló en voz alta, no es que quisiera revelar esa información al azar, pero era una manía que no podía evitar, de hecho, si se observaba bien, era fácil darse cuenta de su pequeña “introspección” en voz alta, pues sus ojos miraban el techo como si intentara encontrar ahí los secretos del universo y, solo bajaron a “tierra”, cuando la voz del pelinegro volvió a llamar su atención y los pasos de “Chili” se alejaron de la escena.

—¿Jmmm? ¿Tan bueno le pareció, Señor Inuzuka? —Dejó que sostuviera su mentón y, nuevamente, le sostuvo la mirada, pero ya no con la seriedad de antes, si no, siguiendo el juego de picardía que parecía haber empezado desde que hizo la pregunta sobre aquella noche. —Pues a mi no me molestaría hacerlo…ya sabe…para que me ayude a recordar.

Sus ojos se iluminaron con cierta malicia, una que se acrecentó con las luces blancas de la farmacia; sin embargo, sabía bien que, en ese sitio, debía medir sus acciones e, incluso, sus palabras…no quería quedar mal con una de las pocas personas que sí tenía productos de calidad en aquella zona de la ciudad, aunque…tampoco iba a rechazar el juego tan fácilmente, podían seguir mientras estuvieran solos.

—¿Ah sí? Cherry nunca ha sido un apodo exclusivo, lo tengo gracias a…un amigo… ¡Ah! Casualmente ese amigo me recuerda a Chili —. Claro, no diría que ese “amigo” terminó en Impel Down por su culpa, pues, aunque no le importó con el resto de la tripulación, con ese en específico tenía una relación más cercana…mucho más cercana. Estaba seguro de que debía odiarlo…pero ¿Qué más daba? Prefería recordar lo bueno, después de todo… ¿Qué posibilidad hay de que alguien escape de Impel Down? —, pero…usted puede ingeniárselas y buscarme otro sobrenombre si le molesta llamarme como me llama el resto.

No hizo nada para evitar que el otro hombre se apartara, de hecho, cuando lo hizo, no prestó exactamente a sus palabras, si no a su cuerpo. El médico frunció el ceño…sabía que el mojarse con la lluvia no causa resfriado, pero el enfriamiento repentino del cuerpo genera una serie de malestares difíciles de ignorar.

—¿Importa en verdad si recuerdo o no? Lo disfrutó y yo estoy dispuesto a que me ayude a recordar lo que pasó…nunca he tenido problema con eso, pero…creo que hay algo de lo que debemos ocuparnos antes de hablar de memorias o de citas del trabajo —El médico miró al hombre de arriba a abajo y lo señaló con su dedo índice antes de seguir hablando. —: De su ropa. Si sigue con esa ropa mojada va a seguir expuesto al frío. Tal vez no sea lo adecuado, pero debería quitarse la camisa y terminar la bebida caliente que trajo el señor Percival…lo ayudará más de lo que cree.

Justo en ese momento, el anciano dueño de la boticaria apareció de nuevo por la puerta, llevaba consigo una toalla bastante gruesa. No dudó en extendérsela a Jin, con ese dejo paternal con el que los había tratado desde que llegaron.

—Dejé al otro chico arriba, tomará un baño con agua tibia, además le entregué algo de ropa seca para evitar un resfrío…vamos, vamos…es su turno luego de que el salga del baño, jovencito —. Dio una palmadita en la espalda de Jin, como si con eso pudiera motivarlo a moverse hacia la habitación de atrás.

—Hyak, tu también, debes venir…puede que no estes empapado por la lluvia, pero lo estarás si regresas a tu casa con este clima —. Al escuchar al anciano, el médico, más confiado que cuando rechazó la bebida que le ofreció antes de que el par de visitantes llegara, avanzó sin vergüenza por el pasillo que lo llevaba a la habitación de atrás y, de ahí, a una escalera que se extendía a un segundo piso en el que no había estado antes.

—Parece que es su día de suerte, señor Inuzuka…si yo no hubiera estado aquí, la botica estaría cerrada y quien sabe…tal vez no habría encontrado sitio cercano en el cual refugiarse…Parece que he sido su salvador indirecto —. Hyak bromeó, mucho más relajado que antes, todo mientras subía las escaleras al segundo piso, dejando atrás el olor a farmacia de la entrada y llegando a un sitio que lucía y se sentía mucho más…acogedor.
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RE: Mirada de hielo [Priv. Jin] [Pasado] - por Hyákinthos - 24-02-2026, 08:30 AM

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