Bones caminaba alegremente por aquellas fiesteras callejuelas de samba, envuelto en ese aire perpetuo de carnaval y alegría que parecía incrustado en cada rincón de la ciudad. Aquella noche, además, no era una cualquiera: se conmemoraba a un famoso músico local, motivo suficiente para que los locales permanecieran abiertos hasta las seis de la mañana, solo para volver a levantar sus puertas una hora y media después.
En medio de ese escenario vibrante avanzaba un peculiar médico brujo, tambaleándose con dignidad cuestionable tras haber visitado ya cinco tabernas. Silbaba una conocida canción de su pueblo mientras en su mano izquierda se balanceaba una botella de ron, de la que bebía sin pausa entre paso y paso. Fumaba sus característicos puros negros como alquitrán; el humo, espeso y dulzón, escapaba en volutas rojizas que parecían brillar bajo las luces nocturnas.
De pronto, Bones se detuvo. Frente a él, un letrero de neón iluminaba la fachada de un bar: una voluminosa sirena guiñaba un ojo, apenas cubierta por dos conchas marinas colocadas de forma sugerente.
Observó el cartel unos segundos, alzó una ceja y esbozó una sonrisa torcida.
—La Sirena Espumosa… heh, me gusta. Suena bastante pornográfico, así que entraré a ver unos cuantos culos.
Con varias copas de más y expectativas claramente equivocadas, empujó la puerta esperando encontrar bailarinas exóticas. En su lugar, descubrió un bar/karaoke donde la multitud cantaba a todo pulmón, completamente entregada al momento.
—Mierda, maldita publicidad falsa… —gruñó, aunque ya que estaba allí decidió aprovechar—. Una piscola, por favor…
El bartender lo miró como si le hubiese hablado en una lengua muerta.
—¿Piscola?
Bones resopló, irritado porque no le entendió.
—¡Un ron con coca, amigo, rápido!
Mientras esperaba su trago, dejó que la mirada recorriera el lugar. Entonces la vio: la chica que estaba cantando. Cabello avioletado, un parche cubriéndole un ojo y una cicatriz que, por obvias razones, permanecía oculta bajo la tela oscura mientras que su otro ojo dejaba ver esos bellos ojos azules. Interpretaba un clásico de marinos y piratas; varios clientes se sumaban al compás, coreando entre risas.
A Bones, completamente borracho, poco le importaba la música. Solo quería seguir bebiendo.
Cuando Yuuki terminó su canción, el anfitrión apareció en el escenario con energía renovada.
—¡Y ahora, un juego clásico de la "Sirena Espumante"! ¡Elegiremos a alguien del público para que participe en el torneo! ¡La luz del escenario caerá sobre cualquier cliente!
Las luces se apagaron de golpe. Un redoble de tambores tensó el ambiente mientras el reflector giraba errático sobre las cabezas expectantes… hasta detenerse bruscamente sobre Bones.
Justo en ese preciso instante él se estaba empinando el vaso, dándole un generoso trago. Al notar la luz sobre su rostro, se atragantó y tosió, dejando escapar una pequeña nube de alcohol que terminó por humillarlo aún más bajo la mirada colectiva.
—¡Pfff!
El silencio se volvió espeso. Todas las miradas estaban clavadas en él.
—H-hey, amigos… no quiero arruinar su diversión, yo solo venía para—
Un sujeto le plantó el micrófono en la mano. El sonido acoplado chirrió con un eco desagradable que pareció atravesarle el alma.
—Aaah… bueno..este… -eco-… gracias. Pues… —carraspeó— -eco-… yo no venía a participar, solo quería beber algo porque…
Las caras largas del público terminaron de convencerlo. Suspiró, resignado.
—Bien. Cantaré una canción.
El bar estalló en vítores. El anfitrión se acercó de inmediato.
—¡Qué buen deportista tenemos aquí, señores! ¿Así que usted se llama…?
Le acercó tanto el micrófono a la mejilla que se la aplastó.
—B… Bones. -eco-
—¡Entonces aquí los dejamos con Bones en el escenario!
Una melodía acudió a su mente. Habló brevemente con los músicos para cuadrar tiempos e instrumentos. Luego colocó el micrófono en el soporte.
—Hola… bueno. La canción que les canto me la enseñó un buen amigo en los pantanos de Centaurea… esto es "Do I Wanna Know".
[video=youtube]https://youtu.be/lPe5zInLju4?si=WWKuq384bPjS7SfM[/video]
La guitarra inició con ese suave y envolvente riff de rock que parecía reptar por el aire, llenando cada rincón del bar.
Y entonces ocurrió algo inesperado.
A pesar del alcohol corriendo por sus venas, el médico brujo cantó con la seguridad de alguien experimentado. Su voz, grave y controlada, encajaba perfectamente con el tono sensual de la canción. El blues de su tierra natal, Centaurea, parecía filtrarse en cada nota.
Mientras cantaba, cerrando los ojos y dejándose guiar por la música, notó una presencia frente a él.
La chica del parche.
Lo observaba fijamente.
Have you got color on your cheeks?
En medio de ese escenario vibrante avanzaba un peculiar médico brujo, tambaleándose con dignidad cuestionable tras haber visitado ya cinco tabernas. Silbaba una conocida canción de su pueblo mientras en su mano izquierda se balanceaba una botella de ron, de la que bebía sin pausa entre paso y paso. Fumaba sus característicos puros negros como alquitrán; el humo, espeso y dulzón, escapaba en volutas rojizas que parecían brillar bajo las luces nocturnas.
De pronto, Bones se detuvo. Frente a él, un letrero de neón iluminaba la fachada de un bar: una voluminosa sirena guiñaba un ojo, apenas cubierta por dos conchas marinas colocadas de forma sugerente.
Observó el cartel unos segundos, alzó una ceja y esbozó una sonrisa torcida.
—La Sirena Espumosa… heh, me gusta. Suena bastante pornográfico, así que entraré a ver unos cuantos culos.
Con varias copas de más y expectativas claramente equivocadas, empujó la puerta esperando encontrar bailarinas exóticas. En su lugar, descubrió un bar/karaoke donde la multitud cantaba a todo pulmón, completamente entregada al momento.
—Mierda, maldita publicidad falsa… —gruñó, aunque ya que estaba allí decidió aprovechar—. Una piscola, por favor…
El bartender lo miró como si le hubiese hablado en una lengua muerta.
—¿Piscola?
Bones resopló, irritado porque no le entendió.
—¡Un ron con coca, amigo, rápido!
Mientras esperaba su trago, dejó que la mirada recorriera el lugar. Entonces la vio: la chica que estaba cantando. Cabello avioletado, un parche cubriéndole un ojo y una cicatriz que, por obvias razones, permanecía oculta bajo la tela oscura mientras que su otro ojo dejaba ver esos bellos ojos azules. Interpretaba un clásico de marinos y piratas; varios clientes se sumaban al compás, coreando entre risas.
A Bones, completamente borracho, poco le importaba la música. Solo quería seguir bebiendo.
Cuando Yuuki terminó su canción, el anfitrión apareció en el escenario con energía renovada.
—¡Y ahora, un juego clásico de la "Sirena Espumante"! ¡Elegiremos a alguien del público para que participe en el torneo! ¡La luz del escenario caerá sobre cualquier cliente!
Las luces se apagaron de golpe. Un redoble de tambores tensó el ambiente mientras el reflector giraba errático sobre las cabezas expectantes… hasta detenerse bruscamente sobre Bones.
Justo en ese preciso instante él se estaba empinando el vaso, dándole un generoso trago. Al notar la luz sobre su rostro, se atragantó y tosió, dejando escapar una pequeña nube de alcohol que terminó por humillarlo aún más bajo la mirada colectiva.
—¡Pfff!
El silencio se volvió espeso. Todas las miradas estaban clavadas en él.
—H-hey, amigos… no quiero arruinar su diversión, yo solo venía para—
Un sujeto le plantó el micrófono en la mano. El sonido acoplado chirrió con un eco desagradable que pareció atravesarle el alma.
—Aaah… bueno..este… -eco-… gracias. Pues… —carraspeó— -eco-… yo no venía a participar, solo quería beber algo porque…
Las caras largas del público terminaron de convencerlo. Suspiró, resignado.
—Bien. Cantaré una canción.
El bar estalló en vítores. El anfitrión se acercó de inmediato.
—¡Qué buen deportista tenemos aquí, señores! ¿Así que usted se llama…?
Le acercó tanto el micrófono a la mejilla que se la aplastó.
—B… Bones. -eco-
—¡Entonces aquí los dejamos con Bones en el escenario!
Una melodía acudió a su mente. Habló brevemente con los músicos para cuadrar tiempos e instrumentos. Luego colocó el micrófono en el soporte.
—Hola… bueno. La canción que les canto me la enseñó un buen amigo en los pantanos de Centaurea… esto es "Do I Wanna Know".
[video=youtube]https://youtu.be/lPe5zInLju4?si=WWKuq384bPjS7SfM[/video]
La guitarra inició con ese suave y envolvente riff de rock que parecía reptar por el aire, llenando cada rincón del bar.
Y entonces ocurrió algo inesperado.
A pesar del alcohol corriendo por sus venas, el médico brujo cantó con la seguridad de alguien experimentado. Su voz, grave y controlada, encajaba perfectamente con el tono sensual de la canción. El blues de su tierra natal, Centaurea, parecía filtrarse en cada nota.
Mientras cantaba, cerrando los ojos y dejándose guiar por la música, notó una presencia frente a él.
La chica del parche.
Lo observaba fijamente.
Have you got color on your cheeks?
