24-02-2026, 12:45 PM
Desafortunadamente, el hombre de cabellos dorados tenía razón. No tenía otra opción más que confiar en él. Y tener tan pocas opciones era desesperante. Para Yuuki, quien estaba acostumbrada a tener todo bajo su control, o al menos de estar siempre por encima de todo, esa situación no hacía más que desesperarla y darle ganas de gritar y afrontar cualquiera que fuera el destino que le pudiera esperar por enfrentar a la turba ella sola. Y seguramente iban a apalearla hasta que todos sus huesos quedaran rotos, pero sería algo que ella había elegido.
Pero luego de sacudir la cabeza un poco, entró en razón. ¿Qué clase de idiota iba a lanzarse así a una muerte ridícula? Esa no era la forma de irse, no para ella. Ella quería morir de vieja. Lejos de cualquier autoridad que no fuera la suya, y con el estómago lleno de comida y licor. Así es como planeaba dejar el mundo Yuuki.
Así pues, bajó el tridente finalmente y lo giró con algo de torpeza para que el hombre aquél lo tomara en sus manos. Y al hacerlo, recordó que, quizás, podía jugar una carta más.
Por supuesto, era arriesgado. El hombre quizás podría ver a través de lo que ella iba a intentar y entonces las cosas se le podrían poner más complicadas a Yuuki. Pero ya entrada en gastos, poder usar todo su repertorio no era algo que no pudiera hacer y si había oportunidad de recuperar tan siquiera algo del control de toda esa situación, lo haría sin dudarlo. Así era ella.
Sonrió con su cara de niña bonita y miró a los ojos al hombre aquél, esperando aún que tomara el tridente de sus manos mientras ella se le acercaba y se quedaba al alcance de las manos del sujeto de cabellos dorados. Y ahora que lo pensaba, también tenía una voz llamativa. Si lo pensaba bien, hasta era del tipo de hombres guapos que le gustaban... y el oro en sus cabellos lo hacía ser más destacable de lo que podría pensar originalmente.
—Aquí esta tu tridente... eh... como sea que te llames. —Dijo de manera coqueta—. Y supongo que, ciertamente, tienes razón...
El tic que tenía en las manos se pudo ver, mientras los dedos tamborileaban, buscando una superificie para hacerlo. Los nervios seguían teniéndola al borde de un ataque ansioso.
—Y con esto. Estoy completamente a tu merced. Me llamo Yuuki, por cierto. ¿Y ahora qué?
Se meció un poco sobre su propio cuerpo, llevando las caderas de un lado a otro de forma sutil y dejando que las curvas de su cuerpo hicieran un poco su trabajo de hacer que el tipo bajara la guardia. Si era de aquellos que simplemente respondía ante unas cuantas palabras bonitas y algo de cuerpo, pues iba a tenerlo muy sencillo. Pero claro, todo era una apuesta. Podía que esa jugada le saliera, incluso, peor que si no hubiera intentado hacer nada.
Pero luego de sacudir la cabeza un poco, entró en razón. ¿Qué clase de idiota iba a lanzarse así a una muerte ridícula? Esa no era la forma de irse, no para ella. Ella quería morir de vieja. Lejos de cualquier autoridad que no fuera la suya, y con el estómago lleno de comida y licor. Así es como planeaba dejar el mundo Yuuki.
Así pues, bajó el tridente finalmente y lo giró con algo de torpeza para que el hombre aquél lo tomara en sus manos. Y al hacerlo, recordó que, quizás, podía jugar una carta más.
Por supuesto, era arriesgado. El hombre quizás podría ver a través de lo que ella iba a intentar y entonces las cosas se le podrían poner más complicadas a Yuuki. Pero ya entrada en gastos, poder usar todo su repertorio no era algo que no pudiera hacer y si había oportunidad de recuperar tan siquiera algo del control de toda esa situación, lo haría sin dudarlo. Así era ella.
Sonrió con su cara de niña bonita y miró a los ojos al hombre aquél, esperando aún que tomara el tridente de sus manos mientras ella se le acercaba y se quedaba al alcance de las manos del sujeto de cabellos dorados. Y ahora que lo pensaba, también tenía una voz llamativa. Si lo pensaba bien, hasta era del tipo de hombres guapos que le gustaban... y el oro en sus cabellos lo hacía ser más destacable de lo que podría pensar originalmente.
—Aquí esta tu tridente... eh... como sea que te llames. —Dijo de manera coqueta—. Y supongo que, ciertamente, tienes razón...
El tic que tenía en las manos se pudo ver, mientras los dedos tamborileaban, buscando una superificie para hacerlo. Los nervios seguían teniéndola al borde de un ataque ansioso.
—Y con esto. Estoy completamente a tu merced. Me llamo Yuuki, por cierto. ¿Y ahora qué?
Se meció un poco sobre su propio cuerpo, llevando las caderas de un lado a otro de forma sutil y dejando que las curvas de su cuerpo hicieran un poco su trabajo de hacer que el tipo bajara la guardia. Si era de aquellos que simplemente respondía ante unas cuantas palabras bonitas y algo de cuerpo, pues iba a tenerlo muy sencillo. Pero claro, todo era una apuesta. Podía que esa jugada le saliera, incluso, peor que si no hubiera intentado hacer nada.

![[Imagen: o32YH2T.png]](https://i.imgur.com/o32YH2T.png)