Entre tormentas y baches (Llegada a Arabasta) // Sepultura // Presente Absoluto
#4
Una vez más, nuestro viaje no fue nada tranquilo.

Primero, uno niebla que lo cubría todo. Estaba seguro de que había traído más de un problema a nuestro navegante para poder mantener el rumbo. Aunque desde mi punto de vista, eso no era lo peor. Uker parecía un navegante experimentado, y seguro que entre su pericia y la guía del Log Pose se las había apañado para llevarnos por el camino correcto. Lo peor de aquella niebla, era esa extraña calma que siempre trae consigo. Calma, pues hasta el mar parece expectante. Sin embargo, esa falta de visibilidad me hizo sentir una gran incertidumbre. ¿Qué ocurriría si se nos acercaba un barco enemigo? Con tan poca visibilidad, estaba seguro de que podrían llegar a abordarnos sin apenas habernos dado cuenta. Además, estos mares no solo eran peligrosos por los enemigos. Innumerables leyendas hablaban de bestias, reyes marinos, que podían hacer naufragar un barco con tan solo un simple gesto.

Tras eso, llegó el calor. Una temperatura tan alta que no me permitía nada más que ir arrastrándome por cubierta en busca de una buena sombra en la que cobijarme. Por suerte, habíamos podido hacer acopio de provisiones en Drum, por lo que el agua no fue ningún problema. 

Pero el mar se tenía reservado lo peor para el final. Lluvia, vientos huracanados y rayos. Una tormenta marina. Mis peores miedos salieron a relucir, una vez más. Me había prometido no solo ser más fuerte, sino también parecerlo. No quería que nadie más me subestimase, pero aquello era algo que traía a mi mente momentos de mi vida que preferiría dejar atrás. Tan solo con oír el primero de los truenos, la sangre abandonó mi cabeza, rumbo a las piernas, como si mi cuerpo se preparase para huir en cualquier momento. Pero, ¿a dónde iba a escapar, si todo estaba rodeado de agua? Sin duda, la mente se vuelve de lo más irracional cuando nos enfrentamos a nuestros traumas. Aquella noche no pude hacer otra cosa más que correr de un lado para otro, con la disputa en mi mente de si debía esconderme en uno de los camarotes o mejor debía estar más cerca de los botes salvavidas que había preparado Eros. Unos botes, cuya forma me hacía dudar de si quería verme dentro.

Los días discurrieron. Los climas se intercalaron. Frío, calor. ¿Acaso aquel mar estaba loco? Había leído acerca de aquellos cambios de clima, pero nunca había imaginado que pudiese ser algo tan brusco, tan impactante. Una de las mañanas, me dirigí al comedor del Black Widow, dónde Uker ya nos esperaba a todos con el desayuno. El olor casi había guiado mis pasos hasta allí. También se encontraba allí Kiyoshi, que leía de manera celosa. Era algo habitual en él aquello de no prestarle a nadie el periódico hasta haber terminado con él, pero aquella mañana había algo diferente. Comenzó a hablar sobre las noticias que leía. Parecía que Eros era noticia. Y no solo él, pues también me nombraban a mi. O mejor dicho, a "La Epidemia". El pelaje de mi nuca se erizó nada más oírlo. ¿Acaso mi fama había alcanzado tal punto? Ahora era alguien con un sobrenombre, alguien destacado. Un criminal buscado. El orgullo me invadió al escuchar la opinión de mi capitán sobre mi.

—El honor es mío por pertenecer a los Sepultura, capitán —dije asintiendo mientras sujetaba el ala de mi sombrero—. Juntos llegaremos a lo más alto —fuese lo que fuese aquello.

Continué escuchando a Kiyoshi hablar sobre aquel temido carnicero que tenían todos en boca. Usé mi sombrero a modo de abanico mientras desabrochaba los dos primeros botones de mi camisa. El doctor nos mostró el cartel de recompensa por la cabeza de Sigurd Haakon, "El carnicero de Whisky Peak". Parecía un guerrero fiero, y su recompensa superaba con creces las nuestras. Debía de ser un hombre terrible. Sin embargo, mis compañeros no parecían asustados por encontrarnos en la misma ruta que él. Es más, se podía decir que estaban bastante confiados de poder derrotarlo. Solo pude pensar que no quería tener que encontrarnos con él.

Dejé mi chaqueta en el respaldo de la silla. El calor no se disipaba con ninguno de mis esfuerzos. Kiyoshi también resaltó lo curioso del clima, lanzándome una pregunta. 

—Debe tratarse de una de esas odiosas islas de verano. Y para más molestia, llegamos durante la estación más calurosa —di un trago de agua—. Deberíamos buscar algún método para protegernos del clima. Ropa suelta y fresca. Cabezas cubiertas y... Tal vez, llevar con nosotros un vaso de té helado nos ayude a deshacernos del efecto del calor.

Yo pensaba al igual que Kiyoshi en cuanto a tener que abandonar las buenas costumbres al vestir. Sin embargo, no soportaba el calor. En un clima como aquel, sentía como mis fuerzas me abandonaban aún más de lo que parecían abandonar al resto. El capitán nos lanzó una arenga final. Unas últimas instrucciones antes de llegar a Arabasta. La emoción me embargó de nuevo. ¿Qué podríamos encontrar allí? ¿Algunas ruinas antiguas que explorar? Quizá valiosos tesoros que saquear. Aunque el fondo de mi deseaba encontrar otra cosa.

Apreté mis puños, con decisión. Era hora de desembarcar en una nueva isla y estaba dispuesto a corresponder la confianza de mi capitán. Iba a mostrarle al mundo entero de qué se trataba una auténtica Epidemia.



INFO

Emme's Codes



Mensajes en este tema
RE: Entre tormentas y baches (Llegada a Arabasta) // Sepultura // Presente Absoluto - por Varoganchin - 24-02-2026, 06:40 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)