[P.Relativo|Belico]Cuando el acero encuentra la marea
#12
Supo que el ataque acertó al presenciar la mirada perdida del gigante, su forma de volver a reposicionarse tras breves segundos, situación que ya se había convertido en la tónica del combate. Por dentro, Hasegawa creía que las cosas se podrían haber resuelto de otro modo comprendiendo que existía un fuerte nivel de empatía hacia él, pero al mismo tiempo lo creía alguien peligroso, a quien era mejor apresar antes que se tome alguna vida por este mismo tipo de desentendimientos.

Lo cierto es que prefería evitar matarlo, y abogaría por una rendición fortuita, su completo desarme y un control de sus acciones y temperamento que permitan la correcta guía de semejante bestia física hasta la base en Baterilla. El problema es que no parecía ser el caso, pues tan pronto como aquel wotan recuperó el espíritu de lucha tras el shock de haber sido atacado nuevamente sin opción a réplica, se movilizó hacia la orilla.

En principio, el albino no distinguió si se trataba de puro instinto, impulsos nacidos desde el vértigo a perder la vida o una estrategia desesperada, pero Kazan volvió a emerger, haciendo honor al modo en que él mismo se llamó, pues tras elevarse en el aire, ensombreciendo todo lo que en ese instante Shin era capaz de percibir, decidió atacar.

Aquel momento se suspendió en el tiempo, creyó haberlo visto en cámara lenta pues cada músculo del gigante trazaba una trayectoria que se volvía predecible, aunque dicho detalle no era suficiente para reducir ni un poco lo imponente del acto. De por sí, observar a Kazan ya era ser testigo de una proeza natural en el amplio abanico de razas que contiene el mundo que habitan, y aún con semejante variedad era incapaz de acostumbrarse. Durante ese breve lapso, donde los ojos cerúleos del marine mostraron sorpresa, incluso olvidó que lo estaba venciendo.

Ese hecho también había sido ensombrecido durante fugaces milésimas de segundos.

Pero el mundo rápidamente volvió a la normalidad, recordó su condición, la misión y el por qué estaban luchando, justo en el momento exacto para verse envuelto nuevamente del brillo característico que le otorgaba su fruta del diablo, reaccionando inmediatamente al swing que emergió desde el brazo de Kazan y mirando durante un segundo casi que imperceptible hacia atrás antes de retroceder de manera instantánea y a una velocidad que el wotan seguiría sin comprender.

Shin, en ese mismo lapso volvió a generar una esfera de 2 metros frente a él, justo en el mismo instante que se alejó 7 para quedar a 15, fuera del rango de su oponente, pues la extensión de su cuerpo sumada a Kurogane no alcanzaba a cubrir toda la distancia necesaria entre su posición y la orilla, esquivándolo exitosamente mientras el kanaboo golpeaba el aire. Todo sucedió casi que de manera inmediata para la afamada Marea Azul, ya que ahora de espaldas y descendiendo por inercia al mar, sentiría automáticamente un nuevo impacto sobre su cuerpo.

—¡Ōgon Kyōmei!

Sólo alcanzó a escucharse esa exclamación antes de que los metros fueran recorridos en un lapso de segundos y velocidad irreconocibles para mentes y capacidades físicas poco entrenadas, llegando hasta la posición del wotan y explotando en un diámetro de 10 metros adicionales, imposibilitando que escape del rango de su técnica y volviendo a generar una fisura en sus defensas con otra ofensiva entrante.

Los ojos del marine brillaban, envueltos en un velo dorado que proyectaba aún más su aura de completo dominio del combate, y no tardó en reconocer tras el fallo del amplio ataque que aquel gigante estaba optando por la retirada en terrenos donde difícilmente podría perseguirlo. Lo vio ensangrentado, herido y juraba que llegaba a distinguir algo de amargura en su accionar, y nada de eso evitó que de manera inmediata se acercara hasta la orilla a la misma velocidad que se alejó, nuevamente, mirando al mar con la esperanza de hacerse escuchar en los últimos segundos donde quizás lo tendría a la vista, hasta quién sabe cuando.

—¡Hey, Kazan! —exclamó, con una expresión totalmente segura, casi que sonriendo. —No te hundas tan rápido, todavía no terminé contigo. —la curva en sus labios se amplia —¡Mi nombre es Shin Hasegawa, recuérdalo bien! —volvió a apuntar, como al principio, pero esta vez al mar, si es que el gigante no había emergido en la distancia para escucharlo —¡Recuérdalo cuando vuelvas con tu gente y hablen de marines! ¡Cuando crean que pueden cambiar el mundo rompiéndolo! ¡Porque hoy fuiste vencido por mi voluntad! —entonces, elevó el brazo al cielo.

—¡Vive con el orgullo de haberme enfrentado! ¡Vive sabiendo quién es el hombre que te derrotó! ¡Y que un día volverás a saber de mí! —con esa misma extremidad, la diestra, se señaló —¡Voy a rehacer esta sociedad para que personas como tú ya no tengan que nacer en jaulas! ¡Así que asegúrate de recordarme! —tras aquello, un profundo suspiro, donde sólo quedaba la presencia de Shin frente al mar, su silueta dibujada en el reflejo del agua, acompañando el gesto tranquilo y tenue hacia el final del pequeño discurso, con palabras aún en sus labios, listas para ser exhaladas en un suave susurro que estaba destinado a ser sólo audible para él mismo.

—Así como yo pretendo recordarte a ti.

Hasegawa se mantuvo en una postura solemne, atestiguando que la retirada del wotan sea genuina y no una estrategia para seguir peleando. No podría alcanzarlo allí, incluso aunque quisiera, entrar al agua representaría meterse en el terreno de su enemigo y abriría una puerta a morir de muchísimas formas diferentes.

Por ello, esperaba quedarse en la mente de Kazan, que su mensaje llegase a los revolucionarios. Para que sepan que incluso entre algunos enemigos...

...existían los mismos deseos por el bien común de las personas.

Off
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RE: [P.Relativo|Belico]Cuando el acero encuentra la marea - por Hasegawa Shin - 24-02-2026, 07:16 PM

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