El Día que el Umami Salvó el Saborrrr de un Horrible Pato Dientón :: Pasado :: Priv.
#5
Narrador / María Merlot



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En algún lugar del Pueblo de Whisky Peak.
Tienda de víveres.

Basta. ¿Creo que sería mejor que siguiésemos hablando en humano, no te parece?

Ahí estaba, ahora más cerca, aquella voz baritona que ella podía jurar que tenia un fondo ronroneante, su imaginación le ganaba siempre. La mano, o mejor dicho, pata del mink gatuno se posó sobre su cabeza, lo que hizo que se quedará quieta como cuando tocan la trompa de un tiburón. La sutil fuerza aplicada para que ella lo mirara, no se sintió invasiva, más bien como una guía cordial. Los ojos ámbar se fijaron en los amarillos felinos; a diferencia de él, los de ella brillaban con emoción, la emoción nacida de ver un peluche frente a frente… de poder interactuar con alguien que le recordaba a sus queridos amigos Helena y Paavo, y más allá de eso, no iba a mentir, le gustaban los animales… felpuditos.

— ¡Oh! — musito formando una perfecta “O” con sus labios rosados. Entendía las palabras del gato, entonces asintio en el proceso para confirmarle que recibió las instrucciones — ¡Qué sabio eres, Peluche! — su voz salió llena de admiración por el bondadoso corazón, María tampoco quería hacer sentir desplazado de la conversación al buen vendedor que se encontraba detrás del aparador — Solo humano, solo humano. Lo tengo — hablo con una sonrisa amable. Esta vez si se movió, levemente de un lado a otro como un barco siendo mecido por las olas. ¿Qué hizo? Simple, autoacariciarse con la pata acolchadita del gato… ¡Tenía que tocar esos mulliditos cojincitos en sus palmas! Por ahora, se conformaría con que su cabeza lo hiciera.

Pues, de hecho, amigo, si tengo algo más que hacer…

Las palabras del mink la hicieron ladear su cabeza, y hacerla parpadear tres veces mientras procesaba qué había pasado. Ella con su muy buen desarrollado ojo de comerciante pudo percatarse que los productos ofrecidos no eran de la mejor calidad, pero tampoco para semejante afirmación del minino. La joven llevo la diestra a su propio mentón mientras giraba la cabeza de un lado a otro viendo los anaqueles. No, los consumibles eran aceptables… ¿Qué no estaba viendo? Su mirada se frunció, analizando la causa raíz de la sentencia mientras a su espalda un “Pam Zass” la hizo voltear hacia los dos masculinos. Esta vez el gato estaba hablando con un tono… difícil de descifrar. Cuando su mirada ámbar fue hacia el vendedor, la cara pálida (a pesar del pañuelo en su nariz) la hizo pensar que podía estar descompensándose. ¿Sería medico el gatito?

De modo que, ya que la señorita necesita ir hasta allí, me cuadra de camino.

La preocupación que pudo haber sentido se esfumo cuando el gato bípedo pronuncio esas palabras, y más aún se olvido de la cara de terror del hombre cuando le enseñaron las garras — ¡Siiii! — comento a nadie en particular juntando sus manos en forma de aplauso y sonriendo con felicidad, ajena intercambio entrelineas de ambos sujetos. La decepción que sintió cuando pensó que tenia que separarse tan pronto de él, fue reemplazada por euforia y grandes expectativas sobre su aventura felina… después de todo, los gatos y los peces eran amigos ¿no?

Y está sangrando demasiado por esa nariz, y tengo que confesar que la sangre me pone... nervioso. ¿Así que será mejor que nos marchemos ya, no cree?

¿Rugido o ronroneo? No lo sabía, y aunque intento mirar por encima del hombro del gato, sus hombros y altura eran mayores que los de ella; así que fue, cuando se dio la media vuelta invitándola silenciosamente a seguirlo que sus ojos se percataron del aruño sobre la madera, y de la expresión de miedo del hombre… ¿Será que era más de perros? Posible… pero fue su culpa, por sangrar. ¡Lo puso nervioso! Pobre peluche — Puedes quedártelo… te lo regalo — comento pensando que ese pañuelo no lo quería de nuevo, y menos si su nuevo peluche tenia malestar con la sangre.

— Gr…gracias. Lo… lo sien-to — balbuceo detrás de la tela, sosteniéndola con una mano mientras con la otra sacaba una bolsa de papel con asas y metía todo lo de la cesta ofreciéndoselo a María — Llevatelo, son grátis — insistió cuando la chica lo miro con extrañeza, luego le sonrió con su particular encanto tomando la pequeña compra y deseándole una recuperación pronta.

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En algún lugar del Pueblo de Whisky Peak.
Calles.

Cuando María salió del recinto el sol la recibió mientras el tilíiiiiiiin se perdía en el espacio. Entrecerró sus ojos, y llevo la diestra a la altura de los ojos para usarla como visera. El cielo estaba tan hermoso como lo había dejado, el día resplandecía al igual que su sonrisa cuando se encontró con el gato esperándola.

Has dicho que buscabas ajimoto? No es muy complicado de encontrar si sabes dónde buscar. Podría echarte una mano con eso.

— O una patita… — le comento sonriéndole, porque de lo que dijo eso fue lo que más llamo su atención, realmente todo él, pero no por algo sexual o romántico, nada más alejado de la realidad. Le llamaba la atención porque era un lindo peluche que hablaba de tamaño real — Ajinomoto. Si eso busco, pero allá adentro ninguna de las especias se identifica con esa en particular, y esperar a que se reproduzcan y tengan hijos llevara como mínimo nueve meses y algunos días… ¿Cuánto es el tiempo de gestación de las especias? — comento perdiéndose en el tejido absurdo de sus pensamientos, luego se calló asimilando la amabilidad del gato — Gracias Gracias… eres Miatastico ¡Tan dulce que moriré de una sobredosis de miauzúcar! — le comento sin vergüenza llevando sus manos a las mejillas, a pesar de la bolsa de papel que cargaba, mientras movía la cabeza de un lado a otro en éxtasis de peluchinidad. Sin contar que combinaba las palabras con el “miau” característico de los gatos, sin ninguna malicia, simplemente ella era así.

Tengo buen olfato para esas cosas. Estoy seguro que lo encontraremos en un periquete.

Por suerte para ambos, especialmente para el mink, María seguía con los ojos cerrados perdida en su euforia cuando hablo de nuevo, porque si lo hubiera visto tocar su nariz, ella no fuese podido soportar la tentación de saltar sobre él y hacer lo mismo — … Por supuesto que lo tienes, eres un peluche gatuno. Tengo buenos ojos también, miralooooos — fue su turno de inclinarse hacia él y abrir hasta mas no poder los parpados, con el reflejo del sol sus ojos ámbar seguro se verían tan claros como un buen whisky.

Y mis disculpas, ni siquiera me he presentado. Me llamo Kibai, es un placer.

¡El Peluche tenía buenos modales! ¿No era lo que había dicho el pelirrojo? "Es de buena educación presentarse", y partiendo de esa premisa, fue que Bertram le dijo su nombre, ese que estuvo intentado adivinar desde el foso y que nunca, jamás, se le habría ocurrido. Si su esposo de mentiras le dio el ejemplo, ella no podía ser menos — … El placer es miau — inclino la cabeza con respeto, haciendo que por la acción la larga cabellera azulada se fuera de lado — … Me llamo María, aunque todos me dicen MM. Puedes decirme así también — le comento dedicándole la misma sonrisa amable que él le dio, aunque la de ella no buscaba dulcificar la expresión, simplemente era risueña por naturaleza.

Sin más, comenzaron el camino hacia el mercadillo. La joven semi sirena, tan dispersa como sus pensamientos mismos no iba en línea recta, ni al mismo ritmo que su compañero. Ella flotaba de aquí para allá, en líneas aleatorias. Algunas veces se quedaba rezagada, otras se distraía con las tiendas y estructuras, pero eso si, nunca dejaba de hablarle a Kibai.

Esa casa se vería mejor de verde…
El suelo intenta evitar que mis pies se tropiecen…
¿No te da calor ese blazer?
Entonces el médico quiso obligarme a beber aquel brebaje pero Helena se lo impidió.
¿Puedo tocar tus bigotes? Yo no tengo... ¿Cómo me vería si tuviera?
¿Para que sirve el caldo de gnomo que querías comprar?
Crees que de no encontrar ajinomoto… si coloco arena en un frasco ¿Se daría cuenta alguien?

Mientras ella parloteaba sin sentido, con su suave y encantadora voz sirenezca, la imagen de ambos caminando juntos llamaba mucho la atención: Un mink leopardo con el pecho al descubierto, y una hermosa mujer de larga cabellera celeste. Claro, todos terminaban en la mestiza, cuyo toque divino era difícil de ignorar; la fémina simplemente estaba tan acostumbrada que solo sonreía y saludaba a quien duraba mas de un segundo manteniéndole la mirada.

— … WoW ¿Serás algún día así de grande, Pipi? — se dejo escuchar la voz de una niña pequeña sosteniendo a un gato manchado entre sus brazos mientras veía a Kibai con la admiración juvenil de un infante; seguro esa misma expresión fue la que tuvo María la primera vez que lo vio. La celeste cambio la trayectoria, un par de pasos para detenerse frente a la muchachita mientras se agachaba para quedar a su altura, llamando así la atención de esta.

— … Si Pipi come todos sus vegetales, crecerá grande y fuerte. Y no debe olvidar peinar su pelaje, todas las noches antes de dormir... ¿Verdad, Peluche? — le comento asumiendo que “Pipi” era el pequeño gatito que ahorcaba entre sus bracitos. María le regalo una de las manzanas de la bolsa de papel. La niña le sonrió con alegría, y asintió, siendo ahora la semi sirena el objeto de su admiración con una afirmación que se perdió cuando la chica se levanto para regresar al lado de su colega de aventura: ¡Qué bonita!

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En algún lugar del Pueblo de Whisky Peak.
Mercadillo, Muelle Gris.

Al final la joven termino tatareando y perdiéndose en sus acciones aleatorias. A los minutos llegaron a una loma que dejaba ver el muelle gris a los lados de este varios botes artesanales estaban anclados, los mismos servían como puestos ambulantes flotantes a los compradores de Whisky Peak. Para María, por su afinidad hacia el comercio, aquel sitio era simplemente idílico y maravilloso, tan colorido, oloroso y dinámico que supo de inmediato que iba a perderse todo el día entre sus historias da dar y recibir.

— … ¡Es perfecto, Goldie! — comento la chica con una nota de expectativa en su voz y utilizando el apodo que tanto pensó para el peluche. ¡Goldie encajaba con él! Sobre todo, por su pelaje, que, a la luz del sol, resplandecía ante sus ojos como oro.

Cuando ella se quedó tranquila, o más bien, cuando cambio las palabras por el tatareo, estuvo pensando en otro peluche, uno indefenso cuyo wanted estaba colgado en una de las paredes de su recamara. Al ver a Kibai, se pregunto si todos los mink eran así de… indefensos, lo que su cabeza, y quizás el postraumático del foso, le respondió que SI. Además, cuando su mirada bajo a las patas del hombre, su corazón se estrujo: ¡Iba descalzo! Claro, ella podía identificar la calidad del pantalón y del blazer pero… quizás no eran de él, tal vez consiguió esa ropa en la parte trasera de alguna tiendita de Whisky Peak. Además, iba casi desnudo en la parte superior, era evidente que no se trataba de su talla. ¡Pobre gatito callejero! ¿Cómo se resguardaría en las frías noches?

¡No podía permitir que sufriera!
¡Lo ayudaría!

La chica detuvo su andar, y busco con su mirada una solución… uno de los stands que estaban sobre tierra, tenía justo lo que necesitaba — … vamos primero por aquí, Goldie — lo llamo señalando el stand, y comenzando a caminar hacia este. Se trataba de un sitio humilde, con ropa tejida dónde destacaban los ponchos de muchos colores — Señora ¿Tiene ese dorado en talla como para mí, pero más grande y hacia arriba y los lados? Que sea muy abrigador por las noches, y fresco por el día — pregunto haciendo las gesticulaciones correspondientes a cada vocablo.

La viejita que atendía el puesto sonrió ante los gestos, y busco lo que pidió la mestiza, dándoselo en las manos para que evaluara. No era la misma calidad de la ropa de Kibai, pero había arte y corazón en esa prenda. María pago a la anciana dejándole otra de las manzanas, luego volteo con la prenda entre los brazos — … Goldie, no sé cómo decírtelo… aquí se acaba tu desnudez de callejero… — lo dijo sin tapujos soltando un suspiro mientras su mirada destellaba preocupación genuina por la integridad del gato  — … por favor, acepta este poncho y cúbrete. Aunque no es de la calidad de tus prendas, es perfecto para este tipo de clima, y lo artesanal siempre tiene un valor único y especial. Te servira de noche y día, y además cubrirá tu pancita. Confía en mi ojo tasador, durara muchos años — comento la chica con alegría explicando las ventajas del poncho, él debía taparse con algo de su talla, luego resolverían lo de los zapatos. Esperaba que le alcanzaran los berrys para también llevar el ajinomoto. Claro, sus nakamas entendería que ayudar a un gato callejero era más importante que esa especia... es más... ¿debería adoptarlo y llevarlo al Flush Royal?

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RE: El Día que el Umami Salvó el Saborrrr de un Horrible Pato Dientón :: Pasado :: Priv. - por Maria Merlot - 25-02-2026, 04:47 AM

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